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Corrupción para todos
Una dictadura hecha régimen, como fue el Franquismo, tuvo un absoluto control de los medios de comunicación, de forma que cualquier información que pudiera afectarle y perjudicarle era hurtada a los ciudadanos o súbditos, quedándose en el mejor de los casos circunscrita al rumor entre los más enterados.
Los casos de corrupción que salieron a la luz pública fueron una operación medida, para dar un pequeño escarmiento y dar a entender a la opinión pública silenciada que el régimen no toleraba determinadas conductas que realmente eran características en el Franquismo.
El Franquismo toleraba todo tipo de corruptelas en todos los escalafones, para tener a todo el mundo cogido y que las grandes corrupciones que enriquecieron a las altas jerarquías no pudieran ni ser denunciadas y es más pudieran ser comprendidas como un ejercicio de lo mismo pero en el grado correspondiente a un grado superior. Existían constantes enchufes, “oposiciones” restringidas, la condescendencia con el mercado negro, tratos de favor, remuneraciones bajas y discrecionales, absoluta capacidad de litigiosidad y demás desviaciones.
La tolerancia con las corruptelas de todos, con las debilidades de cada uno de los que formaban parte del engranaje del régimen, para que el miedo por las faltas propias enervase toda tentación y deseo de enmendar las faltas ajenas. Esa corrupción se ha mantenido en el rumor, en el comentario o en la constatación de lo rápido que crecían determinados patrimonios en un país depauperado, quedando pendiente la investigación seria sobre este asunto.
Los inductores (autores intelectuales) no son necesarios
¿Todo crimen necesita de un inductor, de un autor intelectual en la jerga de los ignorantes que las quieren dar de entendidos? La respuesta es sencilla, no. Los miles de delitos que lamentablemente se cometen todos los días normalmente solamente tienen autor material y no inductor, ni cooperador necesario.
Internet fue una creación de origen militar, que buscaba solucionar el problema que generaban los sistemas informáticos rígidos y piramidales, en los que la supresión del servidor central hacía caer toda la red. La primigenia Internet, y la actual, es un sistema en el que ningún servidor es central, de forma que la caída de uno de ellos lo único que provocará es que la información busque un nuevo camino en la tela de araña que es Internet.
¿Por qué he contado esto? Porque metafóricamente en este mismo sentido se han desarrollado las organización y las redes terroristas. Las organizaciones clásicas, como ETA, son piramidales, de manera que la detención de un grupo de alto rango, suprime la organización o buena parte de ella. Las organizaciones terroristas del siglo XXI realmente no son organizaciones, sino que son redes, en la que las conexiones son dispersas y en las que cada componente se encuentra en un rango equivalente, pudiendo actuar autónomamente, sin necesidad de órdenes o comunicaciones, y en las que la supresión de una de sus unidades sólo permite que caiga esa unidad, ya que cada componente de la red existe, se financia y actúa independientemente del resto de la red, con la que mantiene relaciones líquidas, llegando a desconocer la existencia de buena parte de la red a la que pertenece.
El terrorismo del siglo XXI no precisa de autores intelectuales, de personas que den la orden, porque son los autores materiales quiénes gozan de la capacidad y autonomía para planear y realizar los criminales atentados, ya que ellos se financian también autónomamente. El terrorismo del siglo XXI es más peligroso porque no es que haya una gran organización, ni “Al-Qaeda” lo es, sino una red difusa en sus intenciones y absolutamente autónoma en las acciones de cada uno de sus componentes, por ello cuando se acaba con un elemento de la red hay que ir al siguiente, porque de uno no iremos a otro, sencillamente porque los unos ignoran la existencia de los otros y solamente tienen vínculos endebles con algunos enlaces, que conocen únicamente a una parte mínima de la red.
De película de Almodovar
Después que determinados acontecimientos de la última semana merecieron el calificativo de “almodovariano”. Almodovar ha hecho en nuestro tiempo lo que Valle-Inclán propuso para el teatro: hacer del esperpento el hilo fundamental de la descripción de la sociedad española.
Muchas veces las escenas que aparecen en las películas de Almodóvar nos parecen exagerado, lo marginal dotado de normalidad. Pero el hecho de que continuamente muchos vivimos escenas que encajarían en las películas de Almodovar y que así lo reconozcamos en nuestras conversaciones cotidianas, demuestra que Almodovar no describe lo marginal dotado de normalidad, sino la normalidad que pensamos que es marginal pero que nunca logramos ocultar del todo. El cine de Almodovar es realismo, puro realismo.
Reich sagrado
Richard Steigmann-Gall, El Reich sagrado. Concepciones nazis sobre el cristianismo, 1919-1945. Akal. Madrid. 2007. 350 páginas (Recensión).
Lo primero que me sorprende de este libro es lo primero que me irrita de él. Como es habitual es las publicaciones que son fruto de una tesis doctoral, en las primeras páginas se hace un recorrido sobre el decurso del investigador, sus referentes y a las diversas personas e instituciones que han hecho posible que el autor lleve a cabo su tesis por medio de las ayudas económicas y becas más variadas. Leída esta obra a uno solamente le queda la salida de admitir que hay personas con suerte y otras con menos, independientemente de los merecimientos intelectuales.
El libro quiere explorar, como dice el subtítulo, las concepciones nazis sobre el Cristianismo, pero esa pretensión empieza a deshacerse conforme las decisiones del autor no son las correctas, al optar por una exposición diacrónica, en vez de sincrónica de cada postura.
Y es en este punto donde el autor patina, tanto por el desconocimiento profundo de cuestiones teológicas, necesarias para conocer la “Lucha de la Iglesia”. Habla alegremente de la Teología liberal sin conocer la aventura histórico-crítica que le precede, habla de la “teología de los órdenes de la creación” cuando la historiografía protestante la ignoran, no entra en la complejidad de los planteamientos de Althus o von Harnack
El autor habla de Cristianismo y de sus relaciones, más diversas con el Nazismo, pero deja de lado dos cuestiones fundamentales. La más famosa, que es la “Lucha de la Iglesia” y el nacimiento de la Iglesia Confesante, que es algo que no tiene claro, ya que habla de “confesantes” en 1932, cuando no podemos hablar de “confesantes” hasta la celebración del Sínodo de Barmen, en mayo de1934.
Cuando uno cree que se va a tratar el Cristianismo, al menos la Iglesia Evangélica y la Iglesia Católica, de repente el autor se desvía a un estudio prácticamente centrado en la Iglesia Evangélica, dejando de un lado a la “Lucha de la Iglesia” dentro del Catolicismo, que si bien fue menos teológica, fue incluso más sufrida si nos atenemos a la desproporción entre sacerdotes católicos internados en campos de concentración y pastores protestantes. El hecho de que fuera la Iglesia Católica la que parase las prácticas eugenésicas y eutanásicas involuntarias en centros asistenciales y hospitales no merece ni un párrafo para el autor.
Es notable que una persona que ha estado hurgando en los archivos alemanes haya encontrado tan poco material novedoso. Pero es sobresaliente y penoso que los autores anglosajones se centren fundamentalmente en fuentes anglosajonas (excesivamente en la obra de Conway), pocas germánicas y de lenguas romances la ignorancia absoluta, como la también tesis doctoral de Héctor Valls.
Comenzaba diciendo lo afortunado que fue el autor de tener tantas ayudas para su tesis y los desafortunados que son otros. No lo digo porque esté resentido por el hecho de no haber tenido ayuda doctoral, porque nunca he solicitado, sino porque un trabajo parecido realicé yo mismo, en cuatro meses, sin viajes y estrujando libros que iba recolectando por una decena de bibliotecas universitarias madrileñas. Espero que se lo haya pasado bien conociendo Alemania, porque el tema lo deja deshilvanado y en ocasiones de forma contradictoria (cuestión del cristianismo positivo, la Iglesia Confesante, el devenir del Protestantismo, las cuestiones de fondo del debate teológico y poca comprensión del desorden orgánico que fue el monstruoso régimen nazi).
El Conservadurismo y Karl Rahner
Unas noches atrás hice algunas búsquedas aleatorias por Internet, que es algo que de vez en cuando da sorpresitas llamativas. Metí en el buscador universal “Karl Rahner”, que es un celebérrimo teólogo alemán del siglo XX y descubrí una soterrada batalla en torno a este especialista en el pensamiento y la doctrina del Catolicismo.
Cientos de páginas de exaltación del teólogo, otras que ofrecen una información suficientemente imparcial sobre su pensamiento y obras, y las que se atacan desaforadamente, llamándole desde “hereje” a “delincuente” y que son webs de los movimientos más ultraconservadores del Catolicismo. Hablemos de estas últimas que son las interesantes.
El Conservadurismo siempre necesita de un enemigo que atacar, una batalla sin cuartel que librar o una “cruzada”, término más adecuado si hablamos de Teología. Al enemigo se le imputa la responsabilidad de todos los males o de todo lo que los conservadores consideran males. Estando clara la necesidad de un enemigo, hay que proceder a elegirlo y para ello los conservadores no se andan con reparos, cogen a una figura de primera fila de entre sus oponentes, independientemente de que lo entiendan o no.
El enemigo de los conservadores no únicamente un enemigo, es lo peor que una mujer ha podido traer al mundo, por lo que el segundo paso del procedimiento, tras la elección, es la satanización. Se inspecciona su vida y se enjuicia desde una rigidez que no cabe exigirle ni al más santo de los seres humanos y en el dudoso caso de que no se encuentre se lanzan medias verdades o directamente se inventa lo que sea.
Al tercer paso llegan pocos, los conservadores listos e intelectuales, que es el examen de la obra del pensador. Pocos o casi ninguno son los que se meten en un análisis profundo, en el caso de Karl Rahner y mi buceo internáutico ninguno lo hizo. La técnica empleada, por personas con poca capacitación intelectual, consiste en extractar frases, no sacadas de contesto, sino cortadas convenientemente para decir cualquier barbaridad y así intentar desacreditar plenamente al enemigo.
En el caso de Karl Rahner la cuestión tiene especial culpa, cuando ya la forma expresiva de este teólogo es compleja (la claridad literaria no es precisamente una de sus virtudes) y es necesario un profundo conocimiento tanto de la Filosofía Medieval y Contemporánea, así como de la Teología Católica y en especial de los documentos dogmáticos de toda la Historia del Cristianismo. Eso requiere una formación intensa, profunda, dura, que incluye el manejo de numerosos idiomas, tanto modernos como antiguos. Si se quiere rebatir a alguien, a Karl Rahner en este caso, hay que entrar en su terreno, estar a su nivel y conocer totalmente su obra (que son una buena cantidad de grandes volúmenes).
He leído muchas obras de Karl Rahner, aunque no todas. No encuentro ningún motivo para que sea vilipendiado de esa manera si no es la idiocia de estos conservadores. Precisamente son los que toman lo particular por lo universal, los que creen que la Teología es el catecismo de su primera comunión, los que se permiten enunciar juicios desmedidos e insultantes. La ignorancia es temeraria y el Conservadurismo lo es más, ignorante y temerario.
Lula 3
Muchas constituciones establecen una limitación de mandatos para determinados cargos. Entre los cargos sometidos normalmente a limitación de mandato es el de Presidente cuando el régimen es presidencialista, es decir, es Jefe del Estado y reúne un considerable poder. La finalidad y la consecución de los objetivos perseguidos por estas limitaciones es objeto de un constante debate dentro de las Ciencias Políticas.
Brasil limita a dos mandatos consecutivos las posibilidades de reelección de sus Presidentes. Lula está en el segundo mandato y queda relativamente poco tiempo para que lo finalice. Lula tiene una popularidad por las nubes, superior al 80% de los brasileños aprueban su gestión, y es el único que puede mantener unida a la coalición izquierdista que hace posible cierta estabilidad parlamentaria, que el Partido de los Trabajadores no posee por sí mismo.
La incertidumbre política se cierne entre los dirigentes del PT y en la sociedad brasileña, porque ahora la limitación de mandatos se ve como un terrible obstáculo para que una política exitosa de crecimiento económico, redistribución de la renta y fortalecimiento tanto del Estado y de la sociedad pueda verse truncada. No quiere decirse que los profundos problemas de Brasil se hayan solucionado mágicamente, pero sí es admisible pensar que se está saliendo del túnel, a pesar que haya sectores que apoyan a Lula que consideran que las reformas van demasiado lentas y que el “Socialismo” no llega nunca, ni al menos un resplandor de su amanecer. Ya hay quienes piensan en reforma la Constitución directa o indirectamente, para conseguir que Lula pueda tener un tercer mandato.
El programa político del Partido de los Trabajadores y los partidos que lo apoyan se han centrado en el carisma personal de Lula, en la confianza que los más de cien millones de brasileños tienen en él y en su honradez, por más que haya habido casos de corrupción entre sus filas. Lula es el único capital político que tiene el PT y Brasil para su futuro y por ello se ha lanzado una campaña poco discreta con el lema “Lula 3”.
Con independencia del mérito personal que podamos atribuir a este obrero llegado a Presidente, hay que señalar un demérito que ha permitido que se llegue a esta situación de “callejón sin salida”. En la cultura latinoamericana (y española también) hay un notable incapacidad para crear una segunda generación de dirigentes, porque se tiene la idea de que la ausencia de “herederos” da estabilidad al gobierno presente; puede que esto sea cierto al corto plazo, pero inestabiliza el futuro.
El político, siguiendo la línea de Max Weber, debe tener ante todo una ética de la responsabilidad, esto es, unos criterios de actuación en el que el futuro sea tan relevante como el presente. Hay que tener cuenta algo que todo el mundo sabe pero que se olvida en el día a día: los programas de transformación social no pueden llevarse a cabo en uno ni dos mandatos, necesitan plazos más amplios, con nuevos dirigentes que le den impulso, evitando las inercias y pérdidas de perspectiva que el mantenimiento en el poder provocan.
Propiciar el futuro es algo más que cambiar la sociedad, propiciar el futuro es dar paso a nuevos líderes que en los tiempos venideros puedan continuar con las transformaciones. Sin personas de futuro, no hay nada.
Justicia en el Chad
Chad, un país al sur de Libia, pobre, con guerras endémicas y en el que lo peor de la existencia política de los seres humanos adquiere carta de normalidad, ha sido uno de los protagonistas informativos en España a causa de la detención de siete españoles, miembros de una tripulación aérea, acusados de secuestro de menores. Ya que los siete españoles están de vuelta en nuestro país, quiero permitirme algunas reflexiones.
1. La detención de los españoles y los franceses no se ha debido a una formalidad administrativa o a un capricho de un dirigente político con ganas de protagonismo internacional, sino a una gravísima acusación penal, tráfico de menores, que no era además un mero capricho, sino que estaba sostenida por sólidas pruebas, como han podido comprobar los medios de comunicación destacados en Chad. Tenemos la tendencia a considerar que nuestros ciudadanos son angelitos que cuando salen al extranjero no hacen nada malo, pero sabemos que no es así, y si en España los españoles cometen delitos, también pueden cometerlo fuera de España. La lógica desconfianza para con la Justicia chadiana y su sistema penitenciario ha hecho que se pase por alto que el asunto de fondo era de extrema gravedad y ahora debe ser retomado, porque el tráfico internacional de niños existe y lo que aquí se ha descubierto es una de sus acciones.
2. Es una obligación de los Estados proteger a sus ciudadanos y más si están en peligro sus derechos fundamentales en terceros Estados (la tradicional institución de la “protección consular”), incluso si esta violación se da solamente como una seria probabilidad (sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Soering contra el Reino Unido de 7 de julio de 1989). Pero aquí en el proceso de los ciudadanos españoles y franceses, Francia y España han ejercido de potencias coloniales y han entrado en el juego que se da en ese lugar del mundo: comprar voluntades y amenazar en el caso que la transacción no sea aceptada.
3. No debe haber crimen sin castigo. Si verdaderamente ha habido un intento de tráfico de menores, hay que realizar una investigación y ver la forma en la que los responsables, en el caso de haber indicios racionales de la comisión del delito, pueden ser llevados antes un tribunal para ser juzgados. La nacionalidad del presunto autor y el país de la presunta comisión no pueden ser causa de impunidad para nadie.
John Edwards for Presidente
La carrera hacia la nominación a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata parece tener un solo nombre: Hillary Clinton. Era la favorita entre los demócratas cuando anunció su candidatura para la Casa Blanca y lo sigue siendo, con el apoyo monolítico de Comité Nacional Demócrata, los medios de comunicación y abundantes donaciones para una campaña tan costosa, comos es la campaña presidencia en los Estados Unidos.
Bill Richardson (gobernador de Nuevo México), Barack Obama (senador por Illinois) y John Edwards (candidato a la Vicepresidencia en 2004) presentaron también su candidatura a la nominación demócrata contra la clarísima candidata, ex primera dama y senadora. A día de hoy las cosas siguen favorables para Hillary, ya que está por delante de sus oponentes demócratas en todas las encuestas, uniéndose a ello que Obama, candidato de nuevo perfil, se ha estancado y no encuentra la forma de quitarle el predominio a Clinton.
Otra pequeña variación sí se ha dado y ésta puede tener una trascendencia. John Edwards ha ido consolidando sus posiciones, buscando los pilares tradicionales del Partido Demócrata y subiendo lo justo en las encuestas como para aspirar a ser la verdadera alternativa a Clinton.
Si Obama no consigue apoyos suficientes y Edwards logra superarle varias de las primeras primarias, podríamos ver la retirada de Obama con el consiguiente apoyo a Edwards, a cambio de la promesa de formar parte del “ticket” demócrata. Es posible que alguno piense que la retirada y las ofertas deberían darse en sentido contrario, pero difiero de esta apreciación por dos motivos: Edwards es un verdadero genio en recaudar fondos incluso si las cosas no van muy bien y no es lo mismo ascender que descender, como lo sucede a Obama.
Los demócratas hace tiempo que andan muy despistados por la fuerza del Conservadurismo para conseguir que los estadounidense voten incluso contra sus intereses. Edwards no tiene complejos en defender la política tradicional del Partido Demócrata, que emana de Franklin D. Roosevelt, y con una capacidad envidiable de comunicación consigue hacer que la gente piensen en valores de igualdad y de derechos para todos en vez de en valores protectores de las clases dominantes.
El hecho de que los norteamericanos comienzan a dar síntomas de hartazgo respecto de la “revolución conservadora” y de sus efectos, así como circunstancias tales como la mayoría demócrata en las dos cámaras del Congreso, nos permite pensar que ya haya llegado el momento de este “new dealer”.
Es posible que la conjunción de estos y otros factores haya hecho que Murdoch y buena parte de la derecha no religiosa se hayan agrupado en torno a Giuliani para conseguir su nominación por el Partido Republicano precisamente porque es el menos conservador o más liberal de entre los candidatos republicanos. Todo ello plantea un dilema entre los jerarcas republicanos, ya que si el candidato no es del gusto de la derecha cristiana ya hay voces que amenazan con presentar un candidato independiente, lo que daría las elecciones a los demócratas.
Edwards es un liberal del tipo Lyndon Johnson (en el sentido estadounidense de “liberal”), con base en los sindicatos y los sectores menos favorecidos de la población, sureño (como los tres últimos presidentes demócratas) y sin la fama de estar comprometido con los grupos de interés como Clinton. Es liberal pero sin elementos repelentes para los conservadores moderados, justo lo contrario que le pasa a Clinton. No es extraño que sea Edwards el único demócrata que le ganaba a todos los candidatos republicanos, según unas encuestas de hace meses.
¿Por qué en España no hay indemnizaciones millonarias?
La farmacéutica norteamericana Merck ha legado a un gran acuerdo extrajudicial con los representantes de más de 27000 demandantes por los daños provocados por el medicamento Vioxx. Se ha comprometido a pagar 3300 millones de dólares. Pero este acuerdo está limitado a los litigantes en los Estados Unidos ¿por qué?
En Estados Unidos existe una cosa que se llama Derecho de Daños. Es un sistema de responsabilidad civil que ha venido poniendo coto a los desmanes de las grandes empresas contra los consumidores gracias a millonarias indemnizaciones, que quitan las ganas a las corporaciones de sacar productos defectuosos o, si esto pasa, de seguir manteniéndolos en el mercado.
El Derecho de Daños en España es prácticamente inexistente y recibe el nombre de responsabilidad civil extracontractual. Ello lleva a que las empresas no teman indemnizaciones millonarias por sus posibles imprudencias y que cuando están se den, se saldan con ridículas indemnizaciones como fue en el caso del “síndrome tóxico” y eso que era un procedimiento penal.
Los republicanos de los Estados Unidos, aliados con las grandes empresas, intentan limitar por todos los medios las indemnizaciones para que hagan como en España, lo que les dé la gana y si hay problemas, puedan resolver los casos con cuatro duros. El Derecho de Daños es un medio privilegiado para la calidad en los productos y sirve de contención a las prácticas legales de estas empresas, consistentes en alargar los procesos hasta el infinito, porque se toca lo único que les importa: el dinero.
Es hora que en España y también en toda la Unión Europea se tome conciencia de que la protección del consumidor, del usuario y del paciente para por dotarle de acciones judiciales con consecuencias efectivas y temibles para empresas para las que una indemnización de 15000 euros no es nada. Es hora que los poderes públicos se impliquen en la defensa efectiva de los damnificados y no solamente en la protección de los intereses de las corporaciones.
España y la Unión Europea son el paraíso de la irresponsabilidad civil y eso debe terminar. El hecho de que Merck si se haya molestado en un acuerdo con los damnificados por el Vioxx fuera de las fronteras de los Estados Unidos lo demuestra.
El pueblo ignorante
El Conservadurismo considera que no todos los seres humanos son iguales, que en definitiva hay una jerarquía interna entre los seres humanos, en la “naturalmente” a unos les corresponde el dominio y a la mayoría ser dominado, en virtud de alguna tara que no explican nunca realmente bien pero que dan evidente.
La lógica consecuencia es que el Conservadurismo no termina nunca de fiarse de los procedimientos democráticos y únicamente le encuentra sentido cuando los resultados electorales les son favorables a sus tesis, partidos o candidatos. Los problemas con la democracia surgen en el caso contrario, cuando los votantes rechazan las tesis conservadoras.
Entonces se dice que el pueblo es ignorante, que vota lo que vota porque no tiene los conocimientos suficientes y se deja llevar por sus más bajos instintos, como decía Platón hace dos mil quinientos años a propósito de la democracia ateniense.
Si como ellos dicen el pueblo es ignorante, tiene que serlo siempre, por lo que la elección de dos gobiernos conservadores también debió ser fruto de la ignorancia de los españoles, que según ellos somos el arquetipo de ignorancia política. Ante esta afirmación se cierne el más terrible de los silencios, de una terribilidad que hace sonoro el silencio.
Los Países Bajos
El pasado verano estuve en los Países Bajos, país conocido normalmente con el nombre de una de sus provincias, Holanda. Lo normal es ir a Ámsterdam pero mi caso fue diferente, me dediqué a conocer buena parte del país, que tampoco es que sea inmenso.
No voy a dar la lata con mi viaje y contar lo que más me gustó, lo que menos y alguna anécdota, sino a realizar una reflexión sobre los Países Bajos. Sin duda es un país occidental, democrático y de economía liberal moderada, pero todo rezuma una tendencia a la igualdad que ha calado en la sociedad. Hay monumentos que rememora sus figuras históricas, para nada grandilocuente, sino pequeñas señas de reconocimiento público, que no pueden alimentar los delirios de grandeza de sus ciudadanos.
Los Países Bajos tendrán problemas sin dudas, pero por sus callen hay un sereno orden, una sencilla limpieza y la sensación de tranquilidad en sus ciudadanos, de culturas y etnias heterogéneas. Uno comprende porqué los Países Bajos eran el lugar de refugio de intelectuales y científicos que en los demás sitios de Europa o eran discriminados o eran juzgados. Se percibe la tolerancia y uno piensa que sería un lugar fantástico para refugiarse llegado el caso.
Corrupción funcionarial
La noticia del día ha sido una operación de la Guardia Civil contra la corrupción de un grupo de funcionarios del Ayuntamiento de Madrid. Era una red estable que se dedicaba a cobrar por agilizar procedimientos de concesión de licencias y o por diferir hasta la caducidad los procedimientos sancionadores. El asunto ha sido espectacular porque varias sedes municipales han sido registradas por los guardias civiles. Los dirigentes políticos del Ayuntamiento de la capital están tranquilos y aseguran que no hay ningún cargo político involucrado y paralelamente desde el Ministerio del Interior se asegura que hay sospechosos que no son funcionarios municipales, como algunos abogados.
Esto es solamente una muestra de lo que es común en tantas administraciones y que paralizan a nuestras administraciones, destrozando las garantías legales y ganando un dinero que no les corresponde. Lo malo de todo esto es que habría síntomas sobrados de que hay una serie de funcionarios que mantienen un nivel de vida que no se corresponde con sus ingresos, que son conocidos y determinados.
También las prácticas irregulares son controlables, con un poco de esfuerzo. Actualmente la informatización de la Administración es casi plena, por lo que se puede seguir qué procedimientos tienen un plazo de resolución exageradamente reducidos según la media, cuáles se demoran y sin excusa habría que examinar de oficio qué ha pasado para que un procedimiento sancionador caiga en caducidad.
Hay cosas que “todo el mundo sabe” pero que nadie investiga. Existen despachos y gestoras con una eficacia que poco tienen que ver con el trabajo. Algunos funcionarios que indican a los ciudadanos lo conveniente que le sería acudir a esos despachos o gestoras para que sus trámites vayan por el cauce conveniente. Determinados familiares de algunos funcionarios se especializan sospechosamente también en la misma rama que su familiar empleado público que alcanza un puesto directivo, aunque hasta entonces les haya sido ajena. Después está la corrupción aceptada en forma de regalos de todo tipo que muchas empresas y empresarios entregan a los funcionarios en fechas tan señalas como las fiestas navideñas que se avecinan (van desde el calendario, un juego de bolígrafos más interesante hasta extremos que todos hemos oído como viajes).
Nuestro sistema de Función Pública quiere garantizar la permanencia, la profesionalidad y la neutralidad de la Administración para que no dependa de las variaciones políticas, es decir, que unas elecciones no provoquen un cambio radical en todos los niveles del Estado, de una Comunidad Autónoma o de una Corporación Local y que haya que empezar de nuevo cada cuatro años, perdiendo toda la experiencia administrativa que únicamente el trabajo a lo largo del tiempo proporciona.
La corrupción política es como la mancha de tomate: escandalosa y que siempre llama la atención. En cambio la corrupción funcionarial se esconde en el fondo de nuestra Administración y lo patológico se confunde con lo correcto, quedándose para pudrir todo de forma discreta y efectiva.
Don Jaime vuelve a ser Jaime
La infanta Elena se ha separado de su marido, Jaime de Marichalar. Esperemos que gracias a esta separación podamos evitar ver a este individuo más en los informativos durante los actos de Estado. Espero que caiga en las garras de los paparazzis y que le alteren definitivamente su altanera existencia. Lo mejor de todo es que dejaremos de oír aquello de “Don Jaime”.
Corrupción Funcionarial (II)
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, empieza a intentar reaccionar frente al escándalo de la trama de corrupción de funcionarios municipales en el Ayuntamiento de Madrid. Esperaba yo, ingenuamente, el anuncio de una profunda inspección no sólo de los servicios en afectados por la red descubierta esta semana, sino también de otros, porque nadie puede asegurar que no existan otras tramas.
No, Gallardón en vez de curar los miembros enfermos y prevenir que otros se contagien, ha decidido cortar por lo sano, en un sentido literal, es decir, ha anunciado su plan de que los procedimientos de tramitación de las licencias en el Ayuntamiento de Madrid serán entregados a “empresas privadas certificadoras” con una supervisión final de los técnicos municipales.
Además de los problemas legales que pueda plantear este nuevo invento de los liberales de lo superficial que dirigen el PP de Madrid, lo primero que debe analizarse es un utilidad. Si los trámites hubieran sido llevados por empresas privadas certificadoras y visados por técnicos municipales la trama hubiera podido campar a sus anchas, bien viviendo en las empresas privadas en mano de unos pocos, en los técnicos encargados de visar o en ambas orillas.
Los problemas se solucionan dejando a la Justicia intervenir y poniendo todos los medios para que no se creen las condiciones de que los comportamientos ilegales tengan lugar e impunidad. Y para que no haya impunidad, hay que tomarse en serio las denuncias procedan de quien procedan, investigarlas independientemente y actuar en consecuencia.
Los 16000 euros de Rajoy son menos de 916 euros al mes
Hay por ahí un señor que dice ser el candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular. Él mismo no debe estar seguro porque creo que lo han programado candidato una docena de veces y otras tantas que le quedan hasta final de año.
En la enésima proclamación de su candidatura tenida este fin de semana, ha dicho que si el Partido Popular gobierna después de las elecciones de marzo las personas que ganen menos de dieciséis mil euros al año quedarán exentos del pago del IRPF. El anuncio es bueno hablando en términos de publicidad y comunicación política: un domingo en el que no hay liga y los medios de comunicación buscando con qué rellenar el espacio dejado por los espacios deportivos, una cifra concreta y una promesa de fácil contrastación.
Como todo lo que normalmente hace el Partido Popular queda estupendamente para dar titulares pero a nada que se piensa, la cosa se queda en eso, mera publicidad. El archiproclamado candidato habló de ganar 16000 euros al mes pero no indicó si ese ingreso era neto o bruto, porque si es bruto la cifra de los beneficiados iba a ser mucho menos.
Vamos a hacer algunos números aproximados. 16000 euros brutos al año lo ganan aproximadamente lo que ahora perciben 12800 anuales, unos 915 euros al menos en catorce pagas, si descontamos la retención actual de 3200 euros y unos aproximados 960 euros en Seguridad Social. La consecuencia es simple: si cobras 916 euros al mes, pagas impuestos con la propuesta de Rajoy.
El candidato popular debe explicar porqué su partido se opone sistemáticamente a la subida del Salario Mínimo Interprofesional, que sí es un incremento de la renta, ya que se utiliza para establecer el salario en numerosos convenios. El candidato del partido popular debe explicar porqué se ha opuesto a la subida de las pensiones más bajas y ahora hablar de darle una migaja en IRPF a muchos de los que ya están exentos fiscalmente. Todo ello sin entrar en cuestiones tales como la disminución del gasto o el empleo del déficit, que hasta ahora se ha dedicado al fondo de reserva de la Seguridad Social.
Es evidente que los españoles queremos ganar más dinero. Pero hay una mejor forma de que los españoles ganemos más dinero: aumentar los salarios de verdad, lo cual se traducirá también en ganancias para las arcas públicas y pagar cosas tan poco importantes como los hospitales o las carreteras, sólo perdiendo un poco las enormes ganancias de las empresas que explotan a los mileuristas. El aumento de las percepciones salariales deben pagarlas quienes explotan a los jóvenes trabajadores de nuestro país, y no el conjunto de los españoles, para que ellos sigan con sus beneficios indecentes pertinentemente defraudados a Hacienda.
Error de salto
En uno de los portales de blogs de izquierda encontré una entrada en la que el autor se mostraba perplejo por la reacción de la izquierda ante la propuesta del PP para excluir de la tributación IRPF para personas que ingresasen menos de 16000 euros al año, manifestándose más de acuerdo con esta medida que con las ayudas lineales, como la del nacimiento de un hijo para toda familia aprobada recientemente por el Gobierno de España.
El autor reproduce la viaje idea de que las ayudas, como la tributación debe ser progresiva, pero estableciendo una límite en el que no se puede percibir ninguna ayuda. Es evidente que las ayudas lineales pueden cometer algunas injusticias, pero el gasto de tiempo y dinero que implican su corrección es mejor emplearlo en hacer mayores la ayudas.
Hay una cosa que me obsesiona desde hace mucho tiempo y es un concepto tributario que me empeño en hacerlo también un concepto presupuestario: el error de salto. En el Derecho Tributario se considera que hay un error de salto cuando un incremento en la base imponible supone una subida en la cuota líquida superior al aumento en la base imponible.
En lo tributario ha quedado claro desde hace tiempo y de hecho se ha incorporado a los textos legales (Ley de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados). En lo presupuestario, es decir, en las normas reguladores de las transferencias públicas a los ciudadanos y empresas aún no se ha contemplado. El error del salto en el ámbito presupuestario consiste en que un incremento mínimo en la renta implica un descenso de los derechos a percibir transferencias públicas mayores al incremento de la renta.
La consecuencia es que hay muchas personas y familias que con rentas bajas no pueden percibir determinadas ayudas por tener solamente una renta un poco superior a los muy exigentes umbrales que la Administración suele requerir. Por el contrario, una renta solamente un poco inferior da la posibilidad de percibir numerosas transferencias. El resultado que la suma de rentas y transferencias hacen que los ingresos de la familia o personas únicamente un poco menos favorecida sea bastante superior a los ingresos de la otra, lo cual es una manifiesta injusticia.
No creo que los umbrales deban de ser tan exigentes y mantengo que la mayoría de los ciudadanos deberían tener derecho a recibir alguna transferencia directa, condicionada a su renta. Vivimos en el país del “error de salto” y desde luego las ayudas lineales no son una solución mágica, pero da a unos lo que le hace falta, a otros un respiro importante sin papaleo, sin dejar lugar a los fraudes corrientes (como los falsos divorcios) y permite que la inmensa mayoría, que son trabajadores, se sienta beneficiado directamente por el sistema al que aporta una buena cantidad de sus ingresos.
Elecciones ajustadas
Los problemas que tiene nuestro sistema electoral siempre han tenido el apellido “D’Hontd”. No hay nada como un nombre extranjero y un sistema de asignación de escaños que siempre necesita de un papel para ser explicado para que todo el mundo crea que ese el único problema. La Constitución estable que la circunscripción electoral para el Congreso de los Diputados es la provincia (art. 68.2), indicando que la Ley atribuirá un mínimo a cada provincia que se incrementará proporcionalmente según la población.
La Constitución no impide que el mínimo de diputados a elegir en cada provincia sea de uno, pero la Ley del Régimen Electoral General optó por atribuir un mínimo inicial de dos diputados a cada provincia, con la excepción de las ciudades de Ceuta y Melilla que tienen un solo diputado (art. 162.2). Esto consagró una desproporción favorable a las provincias menos pobladas y normalmente más conservadoras.
Ésta fue una exigencia de la derecha política para alcanzar el mítico “consenso”, palabra que ha sido utilizada para imponer los intereses de la derecha con el pretexto de que democracia significa unanimidad y no mayoría y la amenaza de iniciar el viaje de regreso a las cavernas. El resultado es que la derecha se garantiza al menos los dos primeros escaños de estas circunscripciones, los iniciales, a un precio muy bajo, impidiendo que se elijan en circunscripciones más grandes donde el número de votos por diputado es elevadísimo.
La consolidación de los caladeros electorales también ha producido que por estrechas diferencias se decida el escaño final en numerosas circunscripciones. Los que nos interesamos por leer las enormes tablas de resultados de las elecciones, provincia por provincia, ya nos habíamos dado cuenta de esto, al igual que los estrategas electorales de los principales partidos. Ganar un diputado al principal oponente electoral es en realidad ganarle dos, el que uno gana y el otro pierde, obligándole a obtener tres más para superar esa victoria.
Es por ello por lo que el PSOE está colocando en la cabecera de lista de determinadas provincias ajustadas a personas de especial conocimiento de los ciudadanos, lo cual se reduce prácticamente a los ministros, con la idea de que estos candidatos arrastren la cantidad suficiente de votos necesarios para llevarse el último diputado, que sumado a otros puede ser decisivo a la hora de formar una mayoría parlamentaria.
No creo que sea el momento de insistir en el debate eterno de la necesidad de renovar nuestro sistema de elección proporcional, aunque sea precisa una reforma constitucional, básicamente porque la posibilidad siempre será abortada por la derecha (y los nacionalistas), ya que no quieren que la izquierda esté debidamente representada según los votos que obtiene y que muchos votos a los partidos de izquierda quedan perdidos (a uno más que a otro).
El descubrimiento de la cueva de Rómulo y Remo
Los medios de comunicación se han lanzado a informar que arqueólogos italianos han descubierto la cueva en la loba amamantó a los fundadores míticos de Roma, los hermanos Rómulo y Remo. Algunos advierten que no es conveniente confundir la realidad con la leyenda e incluso, en una indudable “ida de olla”, se lían a hablar de Mussolini (procedente de la misma crónica de agencia, ya que los textos de “El País” y “El Mundo” son parecidísimas) y sus fanfarrias de imperialista romano.
Evidentemente lo que se ha descubierto no puede ser la cueva de amamantamiento de los fundadores de Roma porque tanto este hecho como los propios fundadores son legendarios. Lo que sí se ha descubierto muy probablemente es la cueva que los antiguos romanos consideraban como el lugar de la crianza de sus fundadores. La fiesta más señaladas eran las “lupercalias”, en la que el momento central era una procesión encabezada de jóvenes vestidos de lobos acompañados por la respectiva corporación o hermandad que cuidaba del lugar sagrado del Palatino.
Los que vivimos enamorados de la Historia de Roma desde niños, sentimos con esta noticia la misma emoción que los aficionados a Egipto pudieron experimentar con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon. Es el centro del mundo romano, la materialización de todo un imaginario político y cultural. Es tocar la historia directamente, una historia que aún no sabemos el tiempo que ha permanecido oculta.
En la página del Ministerio de Bienes Culturales de Italia podéis encontrar la nota de prensa, fotos y un video.
Manuel Chaves en "Tengo una pregunta para usted"
El Presidente de Andalucía compareció anoche (me parece el término más adecuado) antes sesenta ciudadanos andaluces. Preguntaron veintiochos, pocos, pero los que lo hicieron se tomaron su tiempo, llevaban las preguntas preparadas e incluían algunos datos. Se perdía frescura.
Chaves estuvo aburridísimo. El hombre no tiene ningún carisma y sus esfuerzos por sonreír y ser atento con los ciudadanos, no bastó para animar el asunto. Todo muy plano. Chaves no se cortó ni un pelo en no contestar directamente a las preguntas, recurrió al avance de Andalucía en los últimos veinte años y no anunció nada ni transmitió el mínimo entusiasmo. Chaves y el PSOE de Andalucía traspiran institucionalismo, pura identificación con la Administración autonómica que creó y gobiernan desde entonces, sin revisión de los errores y apuestas por cambios necesarios en muchas ocasiones.
Las preguntas fueron de lo más sosas y excesivamente orientadas al qué hay de lo mío. Que un político diga que algo no es competencia suya suena a excusa barata, pero hay ocasiones que ello es cierto, sobre todo si le preguntan por la duración de las obras en una calle concreta de un municipio determinados.
Los ciudadanos españoles y, en consecuencia, los andaluces poseen la tendencia innata al caudillismo, de forma que un responsable político tiene el poder de hacer y la responsabilidad de lo no hecho que esté dentro de su territorio.
Me dolían los oídos de escuchar que se pidiera tanta intervención en la economía. No soy un liberal acérrimo en lo económico, soy más socialdemócrata que otra cosa, pero tengo la impresión de que muchos de nuestros ciudadanos aún no se han enterado que las intervenciones en el mercado, especialmente las ayudas directas, son mecanismos de corrección de determinadas tendencias del mercado, pero que cuando cumplen con su objetivo, la corrección, deben retirarse. Los problemas de los agricultores de olivos o la diferencia entre el precio de compra a los agricultores y el precio final se resuelve mediante la creación de empresas, por estos agricultores, para ser ellos mismos los distribuidores y comercializadores de sus productos.
Uno una pregunta que me tocó las narices, he de reconocerlo, fue la de un taxista malagueño. Para pedir que le pagasen el GPS de su taxi arguyendo la inseguridad, se dedicó a comparar una inversión en Sevilla, el tranvía (del que no soy devoto) para contraponerlo con el supuesto abandono de Málaga por parte de los socialistas. Se nota que el victimismo funciona y que la fragmentación de Andalucía en guerra de campanarios es un arma rentable a corto plazo para el Partido Popular.
Para acabar sólo quiero indicar la escasísima repercusión que he encontrado en esta entrevista en los principales medios de comunicación andaluces con presencia en Internet. En Diario de Sevilla, ABC de Sevilla, Diario Sur de Málaga, Diario de Cádiz o Ideal de Granada se hace referencia al tema de su pobre cuenta corriente, a si habrán otras elecciones para él después de las del 2008 y poco más, cuando este programa merecería un poco más análisis por los opinadores políticos que lamentablemente escasean en Andalucía. A los medios les interesó menos que a los ciudadanos, que le dieron un 18.2% de audiencia al programa.
El centro no gana elecciones
Estas dos últimas semanas, entre los varios libros que alterno, me he liquidado apasionadamente las memorias de Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno entre 1982 y 1991.
En sus memorias hacía un comentario, no recuerdo la página, en el consideraba falso uno de los dogmas electorales de nuestra democracia: el centro político es el que da el poder en España a uno de los dos principales partidos políticos. Decía que el triunfo electoral no depende del centro, sino de la abstención, de que los votantes de izquierda vayan o no a votar.
César Molinas publicó en “El País” (11 de este mes) un interesantísimo artículo para exponer en el que analiza este fenómeno y le da un nombre: la izquierda volátil. De todas las elecciones generales desde 1977 los españoles han votado mayoritariamente a candidaturas de izquierda, excepto en un caso, por lo que el tópico de que los españoles somos de izquierda, además de tópico resulta ser verdadero.
No voy a contar la demostración de Molinas, que utiliza los datos oficiales publicados por el Ministerio del Interior. A él remito. Yo quiero hablar de los votantes de izquierda, diciendo algún tópico que también es verdad.
El votante de izquierda es un espécimen curioso, su nivel de exigencia hacia sus candidatos no es que sea alto, es irritante. Un votante de izquierda oye diez enunciados de un político también de izquierda y si hay uno solo de los enunciados que no comparte, decide no votar esa candidatura. Generalmente esto le pasa con el PSOE y con Izquierda Unida, de mayor empatía sentimental, lo que le sucede es que no acaba de fiarse.
La consecuencia de todo esto es que los votantes de izquierda con su purismo, sus pruritos y sus manías posibilitan continuamente gobiernos de derecha, donde no hay ninguna volatilidad ni fragmentación política. Luego se quejan amargamente de que la derecha, socialmente minoritaria, tenga la mayoría política, pero es que la democracia es así, si lo social no se transforma en político mediante la introducción de un voto en un día determinado, la mayoría social es minoría política o no tiene relevancia ninguna.
La fragmentación jurídica y el Derecho Natural
Uno de los logros del Racionalismo Jurídico fue la unificar los diversos ordenamientos jurídicos en uno solo, con matices. En la Edad Media había tantos ordenamientos jurídicos como grupos sociales, ya que el ámbito objetivo de las normas se regía normalmente a través del “status personal”, aunque hubo intentos de unificación. No había ni una autoridad normativa única, ni una jurisdicción única, ni mucho menos una norma superior, constitucional, que estableciese unos límites a las autoridades, reconociese generalmente unos derechos subjetivos y garantizase tanto una cosa como otra.
El expediente jurídico al que se recurrió era la idea romana del Derecho Natural (“Ius Naturale”), pero dándole cobertura teológica para reforzar su obligatoriedad. Fue un inteligente intento de poner límites a las autoridades en un mundo jurídico y judicial muy fragmentado. El contenido del Derecho Natural nunca ha sido ni plenamente establecido ni aceptado por todos lo que se ha dicho que formaba parte de éste, pero se iba a construyendo caso a caso, determinándose según las circunstancias (con lo que esto permite hacer una utilización interesada y de parte de la idea de “Derecho Natural”).
El Racionalismo Jurídico no era formalmente contrario al Derecho Natural, ya que pensaba de las leyes naturales era deducibles racionalmente. Estas leyes cognoscibles racionalmente debían incorporarse al Derecho Positivo al menos como principios. Esto fue el primer paso del nacimiento de la idea de una regulación positiva que expusiese los límites del ejercicio del poder, los principios morales que rigen la convivencia y los derechos de las personas, que finalmente quedaría materializada en las constituciones.
La consecuencia de la positivización de estos tres elementos en textos constitucionales ha hecho que el expediente de control que fue el Derecho Natural perdiese sentido, relevancia y eficacia.
El Derecho Internacional era poco a poco el único ámbito en el que no se había producido la positivización. La Segunda Guerra Mundial rompió este estado de cosas, incentivando la positivización por medio de una comisión de codificación (CDI o Comisión de Derecho Internacional) en el seno de la ONU, el impuso a la jurisdiccional internacional (Corte Internacional de Justicia o Tribunal Penal Internacional, entre otros) o la proclamación de los derechos humanos y su defensa. Puede que sea por el escaso avance tanto institucional como normativo, siga habiendo una nutrida representación entre los internacionalistas, que es casi inexistente entre los especialistas en el Derecho Interno de cada Estado.
Las medias verdades de la campaña de financiación de la Iglesia Católica
Estaba viendo la tele. De repente me sorprende un anuncio de la Conferencia Episcopal en el que anima a sus fieles y al público en general a hacer sus aportaciones económicas para el sostenimiento financiero de la Iglesia Católica en España. No es que nada tenga que objetar a esta campaña, sino que además me parece estupendo que el Catolicismo busque medios propios para su financiación.
Lo que sí me llama la atención es que la Conferencia Episcopal incluye en el anuncio asuntos que nada tiene que ver con la financiación por la vía de la casilla del IRPF para la Iglesia, y sí en la casilla de fines sociales.
La obra social de la Iglesia, incuestionable e importante, no se financia a través de lo recibido directamente por el IRPF (que paga al clero y a la gestión eclesiástica según lo consignado en los presupuestos de Conferencia y las diócesis), sino por la otra casilla, junto a partidas sociales de los presupuestos públicos.
Prácticamente toda la asistencia social de la Iglesia está financiada con dinero público, con lo que en nada le afecta la casilla del IRPF o las donaciones directas a la Conferencia Episcopal, porque es el Estado el que paga.
¿Qué narices es el fracaso escolar?
El fracaso escolar es una de las cosas de las que mucho se habla pero pocos dicen qué es, porque dependiendo del concepto que se tenga, así variarán las cifras y estadísticas que políticos, poco interesados en la Educación, usan como ariete o como parapeto. Tampoco en el plano de esa pseudociencia llamada Pedagogía hay un acuerdo. Lo recomendable sería que normativamente se estableciera ese concepto, no porque así sea acertado, sino porque habría una misma medida para todos y sobre todo para medir la evolución de los datos.
Hay conceptos que dispararían las cifras como medir el fracaso en términos de asignaturas suspendidas, otros más medianos como sería considerar fracaso escolar en términos de repetición de curso y finalmente otros generosos, tan queridos para las Administraciones educativas, como los que considera que hay fracaso cuando no hay titulación o no se continúan estudios posteriores a los obligatorios.
Elijan uno, pero en mi humilde opinión, no debe ser un criterio que solamente se aplicase a la totalidad de la educación obligatoria, que tal manera que el dato de fracaso solamente fuera aplicable a la educación obligatoria como un todo. Lo deseable es que el criterio o la suma de variables sean aplicables a cada curso, lo cual ayudará a que sea un instrumento de diagnóstico y no sólo de productos finales.
Así no se hace una constitución
Voy a contradecirme con lo que dije hace unos días (véase "Elecciones ajustadas", pero creo que realmente no es una contradicción y que así lo valoraréis si consigo explicarme bien. Estoy en contrato el consenso político, pero a favor del consenso constitucional. ¿Qué quiero decir con ello?
Hay normas que son las normas constitucionales que tienen una vocación de duración en el tiempo y por lo tanto deben ser lo suficientemente apoyadas por las diferentes sensibilidades políticas de una sociedad como para convertirse en un instrumento válido pasados unos pocos años. Evidentemente una constitución perfectamente equilibrada con los planteamientos e intereses de todos los grupos sociales, será inevitablemente una constitución conservadora, porque tenderá a reflejar en su texto el “status quo” social y más cuando la experiencia nos dicta que los grupos a los que les atemoriza cualquier cambio social a través de la constitución son normalmente los más fuertes e influyentes.
Se debe encontrar el difícil desequilibrio de hacer una constitución que sea un instrumento jurídico de transformación social y que sea aceptable para los todos o casi todos los sectores de la sociedad a la que pretende dar forma y cambiar. A esto es lo que yo llamo “consenso constitucional”.
El escaso margen por el que la nueva constitución de Bolivia va a ser aprobada (136 votos de 245) y la celeridad con la que se está desarrollando este proceso, está haciendo imposible el “consenso constitucional” y más cuando la importante minoría opositora se ausenta de la Asamblea Constituyente.
Junto a ello existen tres fenómenos inquietantes desde el punto de vista jurídico-constitucional. El primer fenómeno inquietante es el recurso obsesivo de los presidentes más radicales a convocar al poder constituyente, para hacer una constitución según el modelo de sus planteamientos ideológicos.
El segundo de estos fenómenos es que las novísimas constituciones latinoamericanas quieren constitucionalizarlo todo, de forma que la legislación ordinaria pierde flexibilidad, adecuación a las circunstancias y capacidad de acción, por el deseo de dirigir el futuro desde el conocimiento del presente.
El tercero es consecuencia del segundo y es la constante necesidad de recurrir a las reformas constitucionales, porque en el fondo a estos presidentes radicales no les gusta ninguna limitación a su poder, por lo que el final de este intrépido constitucionalismo será el final del constitucionalismo.
El “consenso político” es la forma de consenso contra la que estoy en contra. Llamo “consenso político” al desarrollo de acuerdo sobre la legislación ordinaria entre las principales y antagónicas fuerzas políticas. La clave procedimental en la democracia es la regla de la mayoría, en la que unos ganan y otros pierden. Puede que en determinadas cuestiones sea necesario un acuerdo más amplio que la mayoría simple, pero ese número debe ser lo más pequeño posible, ya que el abuso del consenso da a la minoría un poder que los ciudadanos no le han otorgado.
En la vida cotidiana, una mayoría simple debe valer y vale. En la excepcionalidad que es el momento constituyente, no.
Ejércitos existenciales
Pervez Musharraf ha dejado de ser el Comandante en Jefe del ejército pakistaní para poder tomar posesión como Presidente de la República Islámica de Pakistan. En sus palabras de despedida ha dicho que el ejército ha sido su vida y su amor y estas palabras, metafóricas y retóricos en un militar occidental, en el caso de Musharraf y otros muchos militares del Tercer Mundo no tienen nada de literario, sino de real.
En medio de países depauperados, sin estructura social ni economía que vertebre, el ejército se ha conformado en una entidad en la que las diferencias étnicas se obvian o no interesan, no porque se aprecia la diversidad, sino porque se aplica un férreo proceso de aculturación, adquiriendo los militares adquieren una cultura sincrética, incluso una lengua cuartelera diferenciada del resto de la población local.
Los ejércitos en algunos países del Tercer Mundo no están sometidos al poder civil porque obedezcan las consignas de las clases dominantes, que engrosan las filas de su generalato. Todo lo contrario, el ejército se conforma en la clase dominante, ya que controla las propiedades agrícolas, buena parte de las industrias y tiene una autonomía organizativa, económica y presupuestaria que lo conforma como un estado dentro del Estado.
Estos ejércitos que son un estado dentro del Estado tienen un sistema de verdadero ascenso social hasta el generalato. Ellos dependen de la eficacia y valía de sus mandos y buscan alguien que sólo sea un jefe nominativo, sino un líder que gobierne al ejército con éxito. El ejército es la vida de todos sus miembros, les mantiene apartados de la pobreza circundante y sus mandos deben ser buenos, no críos de academia que no han pasado por cada escalafón y siempre han estado refugiados en un despacho o un estado mayor.
Todas las fuerzas armadas tienen una autonomía incomparable para cualquier institución del Estado, incluso más que aquellas a las que se les reconoce jurídicamente esta autonomía. En algunos países, cuando el Estado falla continuamente, ellos se mantienen como única red institucional organizada, por ello sus miembros la aman y les dedican su vida, porque lo que son y lo que han evitado depende de ella. El ejército les proporciona el ciclo vital y existencial que el Estado no es capaz de proporcionar o de propiciar.
Con todo lo anterior no estoy defendiendo ni las dictaduras militares en estos países, ni mucho menos considero que el sistema está bien. Me he limitado a describir el motivo de la importancia del ejército en determinados países, que se debe a unas circunstancias internas y a unos factores sociales y políticos.
La Alameda y los jóvenes
La Alameda de Hércules, zona céntrica pero algo “desplazada” de Sevilla, está siendo objeto de múltiples informaciones sobre las personas que allí se reúnen para beber y charlar los fines de semana. No quiero entrar en el asunto del ruido que provocan y del derecho al descanso de los vecinos, junto a las inversiones en la construcción de nuevas viviendas que el PGOU de la zona ha propiciado.
Lo que sí me hace gracia de este asunto es la irrealidad de quienes hacen las informaciones periodísticas. Hablan de los jóvenes en La Alameda y de las alternativas de ocio para los jóvenes. No quiero valorar las alternativas, aunque me parezcan una chorrada.
Lo que sí me cuesta es aceptar el hecho de que en La Alameda haya jóvenes. No los hay, pues un simple paseo permitirá comprobar que la media de los asistentes es bastante superior a los veinticinco años, la mayoría tiene trabajos decentemente remunerados y salen a las calles a beber y charlar porque les da la gana, ya que buena parte de ellos compran las copas a precio de bar. Puede que los asistentes a La Alameda lleven pintas un tanto desaliñadas, zarrapastronas, frente a los que van a otras zonas sin que les falte un detalle. Las apariencias engañan, pero la edad no.
No planteo soluciones, no me atrevo, simplemente quiero dar datos para rectificar una noticia inexacta de la que no soy responsable.