La II República Italiana. Valoración de la dimisión de Romano Prodi
El Senado italiano le ha retirado su confianza al Presidente del Consejo de Ministros, Romano Prodi. Es probable que haya nuevas elecciones y una alternancia en el poder. Era la trigésimo segunda cuestión de confianza a la que se sometía el Presidente del Consejo y ha terminado por perderla y justo después de haber conseguido la confianza de la Cámara de Diputados.
Ésta es la principal que presenta el nuevo sistema político italiano, la II República como algunos le llaman, que apareció no con un cambio constitucional, sino con el colapso de la gran coalición permanente del “pentapartito”, que ocasionó la desaparición de los dos grandes partidos políticos de la época, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.
No es que esta situación, la pérdida de confianza, no se diera durante la I República, sino que cuando se daba no llevaba a elecciones, sino a nuevas negociaciones entre los mismos socios de gobierno y una rotación de cargos.
Ahora habrá elecciones, pero lo que no ha cambiado es que un pequeño partido puede provocar una crisis política. Los problemas con la Justicia de la mujer de un miembro del gobierno y de él mismo no se han solventado con la dimisión de ese ministro. Su partido, en vez de echar a este señor y hacer que deje el acta, ha decido que lo pertinente era romper la coalición de gobierno, dejando al ejecutivo en minoría. Y es que en este punto la II República se sigue pareciendo mucho a la I República.
Otra cosa que sólo ha cambiado en parte es la formación de las coaliciones gobernantes. Ha cambiado porque antes las coaliciones recorrían casi todo el arco político, ya que las opciones eran escasas, no tanto por el peso de los neofascistas del MSI como por a importancia política y electoral de los comunistas italianos. Ahora las coaliciones siguen teniendo un margen estrecho, aunque no hay exclusiones desde la reconversión de los comunistas Izquierda y de los neofascistas en Derecha. Ahora existe la posibilidad de alternancia que antes era inimaginable.
El escaso margen de pacto es todo partido parlamentario, por minúscula que sea su representación, tiene posibilidad de entrar en el gobierno y de alcanzar desproporcionadas cuotas de poder, ya que se hacen rápidamente necesarios. Uno de los asuntos pendientes que ha dejado Prodi por hacer que puede ralentizar la convocatoria electoral es la aprobación de una ley electoral que refuerce a los partidos más votados y castigue a los partidos pequeños, con el objetivo de lograr que los gobiernos no se tambaleen al gusto del caudillo de cualquier mínima formación parlamentaria.
El nacimiento de dos grandes formaciones mediante la agrupación de partidos, el Partido Democrático y el todavía innominado Partido que promueve Berlusconi, posibilitarán cierto bipartidismo que algunos creen necesario. Lo más interesante de este hecho que tanto en el Partido Democrático como en el innominado partido de Berlusconi habrá elecciones primarias.
Prodi ha dado uno de esos pasos que no acrecientan una carrera política personal (que solamente lo hace reteniendo el poder), pero que sí engrandece el sistema político. La pérdida presunta de la mayoría no le obligaba a someterse a una nueva confianza y bien podía esperar que esta la presentaran los parlamentarios.
Podía servirse del Decreto-Ley para continuar (un tipo de norma que en Italia es habitual, todo lo contrario que pasa en España) legislando y haciendo muy difícil el rechazo de la convalidación por parte de las cámaras. Prodi ha rechazado esta posibilidad y va a ser consecuente con una política que quiere poner al Estado italiano a la altura de la sociedad italiana.