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A vueltas con Marruecos
Manolo Millón escribió una entrada con el título “Marruecos nos va a machacar, sobre todo a los andaluces”. Yo le respondí con un cometario en su blog y una entrada en el mío: “Marruecos: salarios bajos y alto riesgo inversor”. Recibí réplica con la entrada “Invirtiendo en Marruecos”. Vuelvo a contestar con intención de acabamiento.
Antes de empezar tengo que hacer una precisión. Cuando se cita o extracta un conjunto de artículos y se le pone título, como hace Manolo Millón, hay una labor indiscutible de autoría y de asunción de lo extractado, salvo que se cite para ponerlo en cuestión. Para escribir esta entrada he recurrido a muchos datos, pero con la excepción de un estudio no los cito expresamente, porque he tenido un día malo y no estoy como enlazar (espero vuestras comprensión).
El hecho de que haya que promocionar las inversiones en un país como lo hace el gobierno marroquí o incluso otros países, implica que es un producto difícil de vender a los ojos de los inversores.
Las expropiaciones después de la independencia, por llamarlas de alguna manera, quebraron no sólo la raíz económica de Marruecos, sino que han condicionado la percepción externa de este país. Aún hoy el gobierno marroquí sigue aferrado a la tierra que expropió, negándole a los extranjeros el derecho de propiedad, por más que la “Sociedad de Gestión de Tierras Agrícolas” haya sido un fracaso inmemorial. Esto tampoco genera confianza.
La base de tu argumentación es que los salarios bajos, la falta de sindicatos y la debilidad de la Ley atraen inversiones. La base de mi contrarréplica es que esto no es suficiente que atraer inversiones de cierto nivel, para que las inversiones sean duraderas y mucho menos para presentar a Marruecos como modelo de libre mercado.
A tu argumento de base puedo denominarlo como “trinca mientras dure”. El problema es que estas duraciones terminan de golpe y luego pierdes lo invertido, los clientes que esperaban productos que no puedes proporcionar y credibilidad en el mercado. No me parece que “trinca mientras dure” sea un criterio serio.
Hablaba yo de inseguridad jurídica y tú no sólo no reconoces que tengo razón, al menos una parte, sino que te empecinas en poner a Marruecos como el paraíso del capitalismo. No en vano dices: “Si a eso añades mano de obra cualificada, cercanía, escaso poder de los sindicatos, menos trabas al despido, mayor seguridad jurídica... ahora mismo te sale Marruecos” (el subrayado y la negrilla son mías). Decir o sugerir que en Marruecos hay seguridad jurídica es poco realista, si me permites.
Hablo de que prefieres la inseguridad jurídica a la seguridad jurídica por el siguiente comentario: “Delphi sabe bien a lo que se refieren los sindicatos locales cuando se quejan de la paz social y de la vista gorda de la Administración y la Justicia marroquíes. Pronto hará un año que despidió a casi 450 empleados por defender sus derechos sindicales. No hubo oposición. Hoy emplea a más de un millar, y en la nueva empleará a unos 3.000”. Podrás decirme que lo dice “El País” pero el enlace me lleva a un bonito reportaje sobre el “Homo Bionicus”, de forma que lo tomo como tuyo. En todo caso y pensando que es una cita, la omisión de crítica constituye por sí una aprobación (y seleccionar es aprobar).
Personalmente no veo la seguridad jurídica por ningún sitio. En el Informe Global sobre Corrupción de 2007, que se centra en la Justicia, Marruecos ocupa el puesto 79, más del sesenta por ciento de los usuarios consideran que el sistema judicial es corrupto y tres de cada cinco confiesa haber pagado un soborno. Los dos estamos de acuerdo, eso pienso, en que la Justicia es el mejor instrumento para resolver las ilegalidades y las rupturas contractuales. Una Justicia corrupta no aporta confianza a la inversión, porque se vende al mejor precio. En Marruecos el problema no es solamente la Justicia, sino cada una de las instancias administrativas que a su nivel te van a pedir algo cada vez mayor.
Puede que las circunstancias inconfesables hagan que la Justicia esté a favor de un determinado inversor, incluso en contra de la Ley, pero esas circunstancias son tan poco previsible, tan tendentes al aumento de precio que dudo que merezcan la pena. Tú dices que económicamente sí vale la pena porque las ganancias, aún pasajeras, pueden resultar atractivas por comparación y los costes menores: “[…] comprar a un funcionario corruptible es mucho más caro y difícil aquí que en Marruecos.”
Me parece que pasar por alto el hecho de que la Ley, en Marruecos, se identifique con la voluntad del Rey es trivializar. El hecho de que los sindicatos puedan ser débiles no quita nada a la pervivencia de otras estructuras, muchas de ellas feudales, con las que hay que pactar continuamente y tienen mecanismos de “persuasión” mucho más contundentes que los sindicatos europeos (sobre sindicatos es mejor que ni hablemos).
La Monarquía marroquí se asienta sobre el ejercicio autoritario del poder y un fundamento religioso, no en vano el Rey es el “príncipe de los creyentes”. Esto implica cierto grado de populismo para que la inestabilidad social no se transforme en inestabilidad política y este populismo tiene como objetivo predilecto al extranjero, no sólo por serlo, sino por ser además infiel.
Si llevamos al extremo el argumento de los salarios, tendríamos que considerar que la vuelta de la esclavitud legal sería una medida de incentivo económico. La lucha contra esclavitud fue también una lucha económica, por la igualdad de armas en el mercado internacional.
Vayamos a lo personal. Reconozco que tengo el defecto de escribir, en ocasiones, con “mala baba”. Te explico lo quise decir con “mala fe” en este caso: “comparar dos dimensiones no comparables. Decir que Marruecos nos va a machacar es pensar que la deslocalización es culpa de alguien, cuando sabes, como yo lo sé, que es una opción económica; decir que nos va a machacar es sugerir que nuestro nivel desarrollo es igual al de Marruecos y que no seremos capaz de aguantar su empuje (Alemania sigue siendo una potencia y sí que ha tenido deslocalizaciones).
En la réplica que me das, considero que vuelves a comparar situaciones que no son comparables: Venezuela y los países de la Unión Europea. Tampoco es comparable el decisionismo y el autoritarismo con las promesas electorales en una Democracia. El procedimiento es consustancial a la Democracia y al Estado de Derecho y es la mejor forma de evitar el populismo.
También, como tú he sido insultado muchas veces. En muchas ocasiones son calificativos parecidos a los que tú pones. No era mi intención insultarte, como te contesté en mi blog, aunque he de confesarte que me alaba que haya abierto un nuevo hueco en ese catálogo que citas (lo digo con una amable sonrisa). Lo de “autodenominado liberal” no tengo la impresión de que sea un insulto, es más, no me molestaría que alguna vez me dijeras “autodenominado socialdemócrata”. En todo caso nunca ha sido mi interés insultarte y en mi blog así te lo he manifestado.
Te agradezco que alguna vez me hayas comparado con Egócrata, Judas o Lüzbel, aunque me reconozco más en ese escalón atrás en el que tú me sitúas ahora.
Marruecos: salarios bajos y alto riesgo inversor
El otro día “El País” publicaba una noticia sobre los bajísimos salarios en Marruecos, que son utilizados como incentivo por ese país para atraer inversiones extranjeras. Alguien, con más mala fe que acierto, comparaba lo bien que lo estaba haciendo Mohamed VI y lo mal que lo hacíamos los españoles, específicamente los andaluces y que “Marruecos nos va machacar”.
El argumento es propio de un extraterrestre que acaba de llegar a nuestro planeta. Si Marruecos fuera un vergel de inversiones extranjeras, una economía creadora de empleo y de riqueza no habría millones de marroquíes en Europa Occidental trabajando, cosa que no pueden hacer en su país de origen.
Después ahora un dato que directamente es mentira. Andalucía no tiene la tasa de paro más alta de España, la tienen Ceuta y Melilla, pero como allí gobiernan los presuntamente liberales del PP no se dice nada.
Se aprende en primero de carrera que para calcular lo interesante que un sitio para invertir hay que calcular el riesgo. El riesgo tiene componentes muy variados, entre ellos la seguridad jurídica. El hecho de que los trabajadores puedan ser despedidos ilegalmente no es realmente un indicador muy bueno, ya que la arbitrariedad de los tribunales y de la Administración marroquí se puede volver en tu contra, con la misma facilidad que la has tenido a favor. Además de hartarte de pagar grandes sobornos, tendrán un chorreo continuo de pequeños sobornos e inconvenientes que cualquier tipo con un gorra en la cabeza quiera ponerte para poder sacarte el pertinente soborno.
Si las inversiones se calculasen únicamente sobre los salarios, hay países muchos más interesantes para invertir en el sur del mismo continente en el que Marruecos está. Pero el riesgo es tenido en cuenta.
Debería ser extraño que un autodenominado liberal estuviera a favor de la ausencia de Estado de Derecho y de la inseguridad jurídica, pero en este país liberales de verdad, yo no conozco a ninguno. Con los precedentes históricos del poco respeto que tiene Marruecos por el principio “pacta sunt servanda” y todo lo que tenga que ver con las limitaciones jurídicas, legales o contractuales, la estabilidad de una inversión depende de la voluntad de una persona, el Rey, y de su camarilla, que no son de los fiables.
Kosovo. Independencia vacía de contenido
Será hoy, mañana o en un día de estos, pero Kosovo va a proclamar su independencia de la República de Serbia. La independencia de Kosovo es apoyada por los Estados Unidos, Reino Unido y Francia, y rechazada por Rusia y China. Otros países de la Unión Europea mantienen una actitud escéptica y piensan que la independencia de Kosovo es ante todo poco política y problemática (ésta es la posición de, entre otros, el gobierno español).
Olaf B. Rader, en su magnífico libro Tumba y poder. El culto político a los muertos desde Alejandro Magno a Lenin (Ciruela, 2006), explica magistralmente como los serbios construyeron en los años noventa la leyenda de que Kosovo era la cuna de los serbios pues era el lugar de muerte del príncipe Lazar, tras ser derrotado por el Imperio Otomano, obviando que Kosovo era un territorio bajo el poder turco y no bajo el serbio, e ignorando que los mismos nobles supervivientes a la batalla a lo largo de los años estuvieron al servicio del Sultán. Que una leyenda no sea histórica no tiene nada que ser ni con su existencia, ni con sus consecuencias en la realidad fáctica.
Muchos países acogieron con entusiasmo las primeras proclamaciones de independencia. Alemania incluso rompió el consenso comunitario y se precipitó a reconocer estos nuevos estados, lo cual provocó una cadena de reconocimientos. Luego vino una guerra corta en estos países. Bosnia-Herzegovina proclamó su independencia, también reconocida, y comenzó lo que fue una guerra civil acompañada de genocidios. Comenzó la generalizarse la idea de que el reconocimiento fue un incentivo que precipitó que el “Polvorín de los Balcanes” estallase. La independencia de Macedonia y la crisis de Kosovo fueron los últimos episodios.
Miles de soldados de los países occidentales se encuentran en la antigua Yugoslavia. Se tuvo que cambiar la doctrina de actuación de la OTAN y dejar el modelo de los “cascos azules” a favor del modelo de “fuerzas de pacificación y estabilización” para garantizar cierto orden externo en Bosnia, Kosovo y Macedonia. Occidente ha gastado miles de millones de euros en mantener sus fuerzas por un periodo que parece no tener fin.
Huyo de planteamientos de carácter emocional a la hora plantear la creación de un nuevo estado. Prefiero las consideraciones de orden práctico a las relacionadas con lo emotivo y con los sentimientos de pertenencia. Sobre este tipo de criterios creo que Kosovo no debería proclamar su independencia y que si lo hace está confundiendo la independencia en sentido formal con la independencia en sentido material.
Ni las instituciones de Kosovo, ni su sociedad, ni su economía están preparadas para la independencia. Ellos han pensado que ser independiente es no tener vínculos con Serbia, pero esto es sólo la independencia formal. Incluso la independencia formal y la propia indemnidad de Kosovo no está en manos de los kosovares, sino de fuerzas militares internacionales. Tan poco capacitado está Kosovo para la independencia que no está ni en condiciones de tener tropas regulares para defender sus fronteras, que es lo menos que se le a un Estado independiente. Me muestro completamente de acuerdo con José Bono en el sentido de que España no debe enviar a su ejército a proteger Kosovo, ya que este asunto les corresponde a los kosovares.
No es que en Kosovo falten cosas, sino que se han acostumbrado a que otros países hagan lo que a ellos les corresponde. La seguridad está en manos de fuerzas policiales internacionales, pero éstas sólo pueden mantener unos niveles externos, ya que como policías extranjeros que son están separados de la sociedad en la que operan y en la que no tienen penetración, porque no dejan de ser extranjeros que quieren detener a kosovares. Al amparo de esta situación las mafias de todo tipo han encontrado en este país un territorio sin ley, refugiándose en la dialéctica del “nosotros-los otros” para que buena parte de la población los proteja de los extranjeros e incluso los vea como sus benefactores, protectores y patrones.
La financiación de las instituciones kosovares depende básicamente de las aportaciones de países extranjeros, de forma que no han tenido que molestarse con establecer una Administración de Hacienda y tener que convencer u obligar a sus ciudadanos a pagar tributos para mantener sus instituciones y servicios públicos. Es muy cómodo presentarse como el gobierno de un Estado que colme las aspiraciones identitarias de la población, pero eso sí, a precio de saldo, no porque cueste poco, sino porque son otros los que pagan y hasta ponen los recursos humanos.
Los que dicen que la proclamación unilateral de la independencia por parte del gobierno kosovar es contraria al Derecho Internacional, y que el reconocimiento del nuevo Estado también lo sería, poco saben de Historia, menos aún de relaciones internacionales y nada de Derecho Internacional. Serbia es, en Kosovo, un “estado fallido”, porque no mantiene el control sobre el territorio, la población y el gobierno.
La institución jurídico-internacional del “reconocimiento de estados” es declarativa y no constitutiva, es decir, que un Estado puede existir y no ser reconocido como tal por la mayoría de la comunidad internacional. El reconocimiento, en el fondo es darle forma jurídica a un hecho, nada más, por más que la Comunidad Europea (ahora Unión Europea) estableciese en 1991 una serie de líneas directrices para el reconocimiento de nuevos estados (sin valor jurídico, en mi opinión) y por más que dijeran que “La Comunidad y sus Estados […] tendrán en cuenta los efectos del reconocimiento sobre los Estados vecinos”.
Un Estado tiene que reunir una serie de características para ser tal: un territorio, una población y un gobierno sobre la población y el territorio. A Kosovo le falta el control. Los dirigentes kosovares quieren proclamar la independencia para convertirse ipso facto en lo que ya son, un protectorado.
Las cumbres internacionales
Las cumbres entre dirigentes internacionales son una novedad en las relaciones internacionales que el siglo XX propició. Antes, con excepciones, las negociaciones internacionales la realizaban los diplomáticos establecidos en las respectivas capitales y, de vez en cuando, se reunían en conferencias diplomáticas multilaterales. Las conferencias aliadas durante la Segunda Guerra Mundial y los encuentros entre los presidentes norteamericanos y los líderes soviéticos consagraron esta forma de ejercer la diplomacia.
Las cumbres han pasado de ser algo extraordinario a ser algo cotidiano. Ahora todos los países y organizaciones internacionales tienen en su agenda una cantidad de cumbres que las hacen poco operativas y muy molestas. Todo ha llegado a tal punto que en España también hay cumbres entre presidentes autonómicos y alcaldes de todo pelaje.
¿Son útiles tantas cumbres? La respuesta es que la generalización de éstas supone un gasto extraordinario no sólo de dinero, sino sobre todo de tiempo. Cuanto mayor es el número de participantes, es menor el intercambio informal, que es de lo que se trata y más lo que se dedica a discursos protocolarios y actos ceremoniales.
Junto a esto hay que señalar que las medidas de seguridad, más vez más intensas, hacen que una cumbre en una ciudad sea más una desgracia que un momento para que ésta brille en la escena internacional.
Los mismos desarrollos tecnológicos que posibilitaron la diplomacia de las cumbres, han conseguido hacerlos innecesarios. Podemos y debemos volver a la diplomacia tradicional, la que se hace en las embajadas y en las representaciones ante las organizaciones internacionales.
Los dirigentes internacionales quieran hacerse la foto en la firma de un tratado, pueden encontrarse a primera hora de la mañana y estar en casa para el mediodía. También les propongo que los respectivos ministros de asuntos exteriores se hagan cargo de la representación internacional, que para eso son ministros de exteriores. Si el gusto por las relaciones exteriores deviene de los problemas en la política interna, en vez de refugiarse en viajes al exterior, bien pueden dimitir y dedicarse a hacer turismo.
John Edwards se retira de la nominación demócrata
Tira la toalla. John Edwards renuncia a conseguir la nominación por el Partido Demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos. Tengo “mal fario” en mis apoyos electorales (“endorsement”), por lo que me abstengo hacerlos explícitos en las elecciones del 9 de marzo, para no fastidiar a mis preferencias.
Ya expuse los motivos por los que consideraba que John Edwards hubiera sido un buen candidato demócrata y un mejor Presidente de los Estados Unidos. Pero la Democracia es así, valen los números de votos y de delegados que se consigan en las primarias, que permiten contagiar entusiasmo y recaudar suficientes fondos para tener una infraestructura competitiva, especialmente para el día clave, el “Supermartes”.
Salvo que caiga otra nominación a la Vicepresidencia dentro del “ticket” que resulte ganador, Edwards ha terminado en años su carrera en busca de llegar como Presidente a la Casa Blanca. El problema es que Hillary Clinton es más de lo mismo; Obama habla muy bien pero hay analistas siguen preguntando “Where’s the beef, Barack?”. Tengo la impresión de que el candidato con convicciones de cambio y un programa detrás ha salido de carrera y ha dejado el camino expedito al futuro candidato republicano, pues Edwards era el único que batía a todos los candidatos republicanos en las “encuestas cruzadas”.
Hace unos días comenzó a rumorearse que Edwards había recibido una oferta para ser el Fiscal General de Obama, si éste gana las elecciones de noviembre. No se sabe si esto fue así, pero hay un claro intento de la campaña de Obama de hacerse con los apoyos y los delegados de Edwards, que si bien iba el tercero, tenía la mitad de delegados que el senador por Illinois. Atraer a esa aproximadamente quinta parte de los demócratas que se identificaba con el ex senador sureño puede ser decisivo a la hora de vencer a una Hillary Clinton que ayer se hizo con la mitad de los votos de Florida (aunque este estado no mande delegados a la Convención).
La II República Italiana. Valoración de la dimisión de Romano Prodi
El Senado italiano le ha retirado su confianza al Presidente del Consejo de Ministros, Romano Prodi. Es probable que haya nuevas elecciones y una alternancia en el poder. Era la trigésimo segunda cuestión de confianza a la que se sometía el Presidente del Consejo y ha terminado por perderla y justo después de haber conseguido la confianza de la Cámara de Diputados.
Ésta es la principal que presenta el nuevo sistema político italiano, la II República como algunos le llaman, que apareció no con un cambio constitucional, sino con el colapso de la gran coalición permanente del “pentapartito”, que ocasionó la desaparición de los dos grandes partidos políticos de la época, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.
No es que esta situación, la pérdida de confianza, no se diera durante la I República, sino que cuando se daba no llevaba a elecciones, sino a nuevas negociaciones entre los mismos socios de gobierno y una rotación de cargos.
Ahora habrá elecciones, pero lo que no ha cambiado es que un pequeño partido puede provocar una crisis política. Los problemas con la Justicia de la mujer de un miembro del gobierno y de él mismo no se han solventado con la dimisión de ese ministro. Su partido, en vez de echar a este señor y hacer que deje el acta, ha decido que lo pertinente era romper la coalición de gobierno, dejando al ejecutivo en minoría. Y es que en este punto la II República se sigue pareciendo mucho a la I República.
Otra cosa que sólo ha cambiado en parte es la formación de las coaliciones gobernantes. Ha cambiado porque antes las coaliciones recorrían casi todo el arco político, ya que las opciones eran escasas, no tanto por el peso de los neofascistas del MSI como por a importancia política y electoral de los comunistas italianos. Ahora las coaliciones siguen teniendo un margen estrecho, aunque no hay exclusiones desde la reconversión de los comunistas Izquierda y de los neofascistas en Derecha. Ahora existe la posibilidad de alternancia que antes era inimaginable.
El escaso margen de pacto es todo partido parlamentario, por minúscula que sea su representación, tiene posibilidad de entrar en el gobierno y de alcanzar desproporcionadas cuotas de poder, ya que se hacen rápidamente necesarios. Uno de los asuntos pendientes que ha dejado Prodi por hacer que puede ralentizar la convocatoria electoral es la aprobación de una ley electoral que refuerce a los partidos más votados y castigue a los partidos pequeños, con el objetivo de lograr que los gobiernos no se tambaleen al gusto del caudillo de cualquier mínima formación parlamentaria.
El nacimiento de dos grandes formaciones mediante la agrupación de partidos, el Partido Democrático y el todavía innominado Partido que promueve Berlusconi, posibilitarán cierto bipartidismo que algunos creen necesario. Lo más interesante de este hecho que tanto en el Partido Democrático como en el innominado partido de Berlusconi habrá elecciones primarias.
Prodi ha dado uno de esos pasos que no acrecientan una carrera política personal (que solamente lo hace reteniendo el poder), pero que sí engrandece el sistema político. La pérdida presunta de la mayoría no le obligaba a someterse a una nueva confianza y bien podía esperar que esta la presentaran los parlamentarios.
Podía servirse del Decreto-Ley para continuar (un tipo de norma que en Italia es habitual, todo lo contrario que pasa en España) legislando y haciendo muy difícil el rechazo de la convalidación por parte de las cámaras. Prodi ha rechazado esta posibilidad y va a ser consecuente con una política que quiere poner al Estado italiano a la altura de la sociedad italiana.
Tópico español sobre el bipartidismo estadounidense
Estaba leyendo la versión digital del diario Público. Como todo portal que se precie permite a los lectores hacer sus comentarios a las noticias y allí hay de todo. Normalmente no los leo, pero hoy me puse a revisarlos rápidamente. Hubo un comentario que me llamó la atención no por su calidad, ni su análisis y su forma de expresión (todo lo cual era bastante deficiente a mi juicio), sino porque refleja un tópico de los españoles sobre la democracia norteamericana. Decía este comentario algo así como que sólo existen dos partidos, que las campañas las pagan las multinacionales y que ya todo el pescado vendido (más o menos).
En Estados Unidos existen más de un partido y los terceros candidatos en ocasiones son influyentes en el resultado final, como fue el caso de Ross Perot en 1992 y Ralph Nader (Partido Verde) en 2000. Es verdad que gana el candidato de uno de los dos grandes partidos, pero es que dentro de los dos grandes más de catorce precandidatos han iniciado la carrera. Esto es mucho mejor que cuatro partidos y cuatro candidatos elegidos sin saber nadie cómo.
Es verdad que las campañas estadounidenses son costosas, pero también lo es que hay más transparencia en la financiación de la campaña que en nuestro país. Además allí se le paga a todo el que trabaja por un candidato, cosa que en España no se le ocurre a nadie. Cada trimestre la Comisión Federal de Elecciones publica los ingresos de cada candidato y muchos de estos candidatos, para evitar sospechas, publican la lista íntegra de toda persona o empresa que ha contribuido a su campaña. Como en España ¿no?
Decir que en Estados Unidos todos los candidatos representan lo mismo es sencillamente una muestra de ignorancia. Basta con ver la página del precandidato republicano Ron Paul y la del precandidato demócrata John Edwards para ver lo variado que puede ser el panorama político en los Estados Unidos.
Caucus de Iowa
El primer escalón hacia la Casa Blanca ya está dado. Anoche se celebró el “caucus” de Iowa, y los resultados dan dos vencedores, uno por partido. Entre los demócratas la victoria se la llevó Barack Obama y entre los republicanos fue para Mike Huckabee. El resultado republicano estaba bastante claro, pero la derrota de Hillary y de Edwards por unos cuantos puntos ha sido significativa.
Estos resultados son sorprendentes por la ventaja que toma Obama, pero no quiere decir que nada esté todavía resuelto, y quedan aún cuarenta y nueve estados por celebrar primarias o “caucus”. Lo llamativo en todo esto es la tendencia simplificadora de los medios españoles ante un proceso tan complejo como es la nominación a la Presidencia de los Estados Unidos en los dos grandes partidos de aquel país.
El País se confunde a clasificar a Obama como un candidato afroamericano que ha tenido un buen resultado, válido para esperar más votos de las comunidades negras numerosas en otros estados. Erróneo, porque Obama no es un candidato afroamericano a lo Jessee Jackson, ya que de serlo no hubiera ganado en Iowa. Obama se ha presentado como un candidato más, independientemente de su grupo étnico. De hecho los afromericanos prefieren generalmente a Clinton, salvo que este primer resultado haya modificado algunas tendencias.
El próximo martes son las primeras primarias en un sentido estricto, las de New Hampshire, y será allí donde las cosas comiencen a ponerse aún más emocionantes, salvo un resultado arrasador de Obama. Queda ver la recuperación de Clinton y qué juego da Edwards, sin duda mi candidato preferido que ha quedado segundo el Iowa.
En todo caso esto es un simple tanteo previo al llamado “Supermartes”, día en el que se celebran primarias y “caucus” en la mitad de los estados, este año más que nunca, terminando el día con una visión muy aproximada de quién encabezará la lista de cada partido.
En el sector republicano ha habido pocas sorpresas. Huckabee se ha hecho con la victoria en un estado muy receptivo a sus planteamientos, pero le está esperando toda la maquinaria de Giuliani y Romney en los estados que siguen y en los que él tiene poco ganado, su mensaje no es tan bien acogido y los otros candidatos tienen la consideración general de que podrían ganarle a cualquier candidato demócrata.
Además de comentar los resultados, quisiera hacer algunas consideraciones. Anoche estuve viendo la retransmisión del primer canal de C-Span, dedicado a un “caucus” demócrata. Me impresionó el “talante” de los dos centenares de personas que estaban allí, cómo formaban sus grupos, se movían cuando su candidato no pasaba el corte y guardaban un permanente sentido del humor.
Pensaba yo en la posibilidad de asambleas así en los partidos políticos españoles y me echaba a temblar. Y es que en cuestiones de democracia, los estadounidense aún tienen mucho que enseñarnos. Aquí la selección de los candidatos, salvo honrosas excepciones, se hacen por medio de “dedazos” o en reuniones a las que no se le informa a la militancia, para luego pedirles que apoyen, hagan campaña y sean interventores, cuando nadie les ha pedido su opinión en ningún momento.
La democracia debe seguir después del asesinato de Bhutto
El asesinato de Benazir Bhutto ha impresionado a todo el medio político internacional y hasta cierto punto hay quienes mantiene que rompe la estrategia de los Estados Unidos en ese país.
Ahora está en el aire la celebración de las elecciones legislativas previstas para dentro de unos pocos días. Del boicoteo de la oposición se ha pasado a la negociación entre estas fuerzas y el Presidente Musharraf. Quiero hacer dos reflexiones sobre este asunto.
Primera. No celebrar las elecciones sería un gran error, porque impide que los ciudadanos apoyen las opciones con las que más se identifican, de forma que se pierde cualquier legitimidad democrática, que el Presidente no tiene (pues su respaldo está en el ejército, que no es poco en estos países), y entramos en el terreno de las supuestas legitimidades morales, que es terreno ideal de los extremistas.
Segunda. Los moderados, en todos los aspectos políticos, iban a ganar estas elecciones y manifestar que los pakistaníes están hartos de los extremistas de “Al-Qaeda” y similares, que no los quieren ni a ellos, ni a su modelo de sociedad y que, desde luego, detestan sus métodos terroristas.
Ejércitos existenciales
Pervez Musharraf ha dejado de ser el Comandante en Jefe del ejército pakistaní para poder tomar posesión como Presidente de la República Islámica de Pakistan. En sus palabras de despedida ha dicho que el ejército ha sido su vida y su amor y estas palabras, metafóricas y retóricos en un militar occidental, en el caso de Musharraf y otros muchos militares del Tercer Mundo no tienen nada de literario, sino de real.
En medio de países depauperados, sin estructura social ni economía que vertebre, el ejército se ha conformado en una entidad en la que las diferencias étnicas se obvian o no interesan, no porque se aprecia la diversidad, sino porque se aplica un férreo proceso de aculturación, adquiriendo los militares adquieren una cultura sincrética, incluso una lengua cuartelera diferenciada del resto de la población local.
Los ejércitos en algunos países del Tercer Mundo no están sometidos al poder civil porque obedezcan las consignas de las clases dominantes, que engrosan las filas de su generalato. Todo lo contrario, el ejército se conforma en la clase dominante, ya que controla las propiedades agrícolas, buena parte de las industrias y tiene una autonomía organizativa, económica y presupuestaria que lo conforma como un estado dentro del Estado.
Estos ejércitos que son un estado dentro del Estado tienen un sistema de verdadero ascenso social hasta el generalato. Ellos dependen de la eficacia y valía de sus mandos y buscan alguien que sólo sea un jefe nominativo, sino un líder que gobierne al ejército con éxito. El ejército es la vida de todos sus miembros, les mantiene apartados de la pobreza circundante y sus mandos deben ser buenos, no críos de academia que no han pasado por cada escalafón y siempre han estado refugiados en un despacho o un estado mayor.
Todas las fuerzas armadas tienen una autonomía incomparable para cualquier institución del Estado, incluso más que aquellas a las que se les reconoce jurídicamente esta autonomía. En algunos países, cuando el Estado falla continuamente, ellos se mantienen como única red institucional organizada, por ello sus miembros la aman y les dedican su vida, porque lo que son y lo que han evitado depende de ella. El ejército les proporciona el ciclo vital y existencial que el Estado no es capaz de proporcionar o de propiciar.
Con todo lo anterior no estoy defendiendo ni las dictaduras militares en estos países, ni mucho menos considero que el sistema está bien. Me he limitado a describir el motivo de la importancia del ejército en determinados países, que se debe a unas circunstancias internas y a unos factores sociales y políticos.
John Edwards for Presidente
La carrera hacia la nominación a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata parece tener un solo nombre: Hillary Clinton. Era la favorita entre los demócratas cuando anunció su candidatura para la Casa Blanca y lo sigue siendo, con el apoyo monolítico de Comité Nacional Demócrata, los medios de comunicación y abundantes donaciones para una campaña tan costosa, comos es la campaña presidencia en los Estados Unidos.
Bill Richardson (gobernador de Nuevo México), Barack Obama (senador por Illinois) y John Edwards (candidato a la Vicepresidencia en 2004) presentaron también su candidatura a la nominación demócrata contra la clarísima candidata, ex primera dama y senadora. A día de hoy las cosas siguen favorables para Hillary, ya que está por delante de sus oponentes demócratas en todas las encuestas, uniéndose a ello que Obama, candidato de nuevo perfil, se ha estancado y no encuentra la forma de quitarle el predominio a Clinton.
Otra pequeña variación sí se ha dado y ésta puede tener una trascendencia. John Edwards ha ido consolidando sus posiciones, buscando los pilares tradicionales del Partido Demócrata y subiendo lo justo en las encuestas como para aspirar a ser la verdadera alternativa a Clinton.
Si Obama no consigue apoyos suficientes y Edwards logra superarle varias de las primeras primarias, podríamos ver la retirada de Obama con el consiguiente apoyo a Edwards, a cambio de la promesa de formar parte del “ticket” demócrata. Es posible que alguno piense que la retirada y las ofertas deberían darse en sentido contrario, pero difiero de esta apreciación por dos motivos: Edwards es un verdadero genio en recaudar fondos incluso si las cosas no van muy bien y no es lo mismo ascender que descender, como lo sucede a Obama.
Los demócratas hace tiempo que andan muy despistados por la fuerza del Conservadurismo para conseguir que los estadounidense voten incluso contra sus intereses. Edwards no tiene complejos en defender la política tradicional del Partido Demócrata, que emana de Franklin D. Roosevelt, y con una capacidad envidiable de comunicación consigue hacer que la gente piensen en valores de igualdad y de derechos para todos en vez de en valores protectores de las clases dominantes.
El hecho de que los norteamericanos comienzan a dar síntomas de hartazgo respecto de la “revolución conservadora” y de sus efectos, así como circunstancias tales como la mayoría demócrata en las dos cámaras del Congreso, nos permite pensar que ya haya llegado el momento de este “new dealer”.
Es posible que la conjunción de estos y otros factores haya hecho que Murdoch y buena parte de la derecha no religiosa se hayan agrupado en torno a Giuliani para conseguir su nominación por el Partido Republicano precisamente porque es el menos conservador o más liberal de entre los candidatos republicanos. Todo ello plantea un dilema entre los jerarcas republicanos, ya que si el candidato no es del gusto de la derecha cristiana ya hay voces que amenazan con presentar un candidato independiente, lo que daría las elecciones a los demócratas.
Edwards es un liberal del tipo Lyndon Johnson (en el sentido estadounidense de “liberal”), con base en los sindicatos y los sectores menos favorecidos de la población, sureño (como los tres últimos presidentes demócratas) y sin la fama de estar comprometido con los grupos de interés como Clinton. Es liberal pero sin elementos repelentes para los conservadores moderados, justo lo contrario que le pasa a Clinton. No es extraño que sea Edwards el único demócrata que le ganaba a todos los candidatos republicanos, según unas encuestas de hace meses.
Justicia en el Chad
Chad, un país al sur de Libia, pobre, con guerras endémicas y en el que lo peor de la existencia política de los seres humanos adquiere carta de normalidad, ha sido uno de los protagonistas informativos en España a causa de la detención de siete españoles, miembros de una tripulación aérea, acusados de secuestro de menores. Ya que los siete españoles están de vuelta en nuestro país, quiero permitirme algunas reflexiones.
1. La detención de los españoles y los franceses no se ha debido a una formalidad administrativa o a un capricho de un dirigente político con ganas de protagonismo internacional, sino a una gravísima acusación penal, tráfico de menores, que no era además un mero capricho, sino que estaba sostenida por sólidas pruebas, como han podido comprobar los medios de comunicación destacados en Chad. Tenemos la tendencia a considerar que nuestros ciudadanos son angelitos que cuando salen al extranjero no hacen nada malo, pero sabemos que no es así, y si en España los españoles cometen delitos, también pueden cometerlo fuera de España. La lógica desconfianza para con la Justicia chadiana y su sistema penitenciario ha hecho que se pase por alto que el asunto de fondo era de extrema gravedad y ahora debe ser retomado, porque el tráfico internacional de niños existe y lo que aquí se ha descubierto es una de sus acciones.
2. Es una obligación de los Estados proteger a sus ciudadanos y más si están en peligro sus derechos fundamentales en terceros Estados (la tradicional institución de la “protección consular”), incluso si esta violación se da solamente como una seria probabilidad (sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Soering contra el Reino Unido de 7 de julio de 1989). Pero aquí en el proceso de los ciudadanos españoles y franceses, Francia y España han ejercido de potencias coloniales y han entrado en el juego que se da en ese lugar del mundo: comprar voluntades y amenazar en el caso que la transacción no sea aceptada.
3. No debe haber crimen sin castigo. Si verdaderamente ha habido un intento de tráfico de menores, hay que realizar una investigación y ver la forma en la que los responsables, en el caso de haber indicios racionales de la comisión del delito, pueden ser llevados antes un tribunal para ser juzgados. La nacionalidad del presunto autor y el país de la presunta comisión no pueden ser causa de impunidad para nadie.
Lula 3
Muchas constituciones establecen una limitación de mandatos para determinados cargos. Entre los cargos sometidos normalmente a limitación de mandato es el de Presidente cuando el régimen es presidencialista, es decir, es Jefe del Estado y reúne un considerable poder. La finalidad y la consecución de los objetivos perseguidos por estas limitaciones es objeto de un constante debate dentro de las Ciencias Políticas.
Brasil limita a dos mandatos consecutivos las posibilidades de reelección de sus Presidentes. Lula está en el segundo mandato y queda relativamente poco tiempo para que lo finalice. Lula tiene una popularidad por las nubes, superior al 80% de los brasileños aprueban su gestión, y es el único que puede mantener unida a la coalición izquierdista que hace posible cierta estabilidad parlamentaria, que el Partido de los Trabajadores no posee por sí mismo.
La incertidumbre política se cierne entre los dirigentes del PT y en la sociedad brasileña, porque ahora la limitación de mandatos se ve como un terrible obstáculo para que una política exitosa de crecimiento económico, redistribución de la renta y fortalecimiento tanto del Estado y de la sociedad pueda verse truncada. No quiere decirse que los profundos problemas de Brasil se hayan solucionado mágicamente, pero sí es admisible pensar que se está saliendo del túnel, a pesar que haya sectores que apoyan a Lula que consideran que las reformas van demasiado lentas y que el “Socialismo” no llega nunca, ni al menos un resplandor de su amanecer. Ya hay quienes piensan en reforma la Constitución directa o indirectamente, para conseguir que Lula pueda tener un tercer mandato.
El programa político del Partido de los Trabajadores y los partidos que lo apoyan se han centrado en el carisma personal de Lula, en la confianza que los más de cien millones de brasileños tienen en él y en su honradez, por más que haya habido casos de corrupción entre sus filas. Lula es el único capital político que tiene el PT y Brasil para su futuro y por ello se ha lanzado una campaña poco discreta con el lema “Lula 3”.
Con independencia del mérito personal que podamos atribuir a este obrero llegado a Presidente, hay que señalar un demérito que ha permitido que se llegue a esta situación de “callejón sin salida”. En la cultura latinoamericana (y española también) hay un notable incapacidad para crear una segunda generación de dirigentes, porque se tiene la idea de que la ausencia de “herederos” da estabilidad al gobierno presente; puede que esto sea cierto al corto plazo, pero inestabiliza el futuro.
El político, siguiendo la línea de Max Weber, debe tener ante todo una ética de la responsabilidad, esto es, unos criterios de actuación en el que el futuro sea tan relevante como el presente. Hay que tener cuenta algo que todo el mundo sabe pero que se olvida en el día a día: los programas de transformación social no pueden llevarse a cabo en uno ni dos mandatos, necesitan plazos más amplios, con nuevos dirigentes que le den impulso, evitando las inercias y pérdidas de perspectiva que el mantenimiento en el poder provocan.
Propiciar el futuro es algo más que cambiar la sociedad, propiciar el futuro es dar paso a nuevos líderes que en los tiempos venideros puedan continuar con las transformaciones. Sin personas de futuro, no hay nada.
Rusia y su afirmación internacional
Los primeros años parecieron dar la razón a esta primera impresión. Rusia estaba tan debilitada y desmoralizada que se no reaccionaba. Llegó la guerra en Chechenia y los dirigentes rusos quisieron poner fin a la descomposición territorial que habían padecido durante el colapso soviético. Emplearon lo mejor que quedaba del grandioso ejército rojo y emergió la figura del actual presidente, Vladimir Putin.
Estos días en España hemos asistido al espectáculo de la detención de un agente doble que los servicios secretos rusos tenían infiltrado en los españoles. Rusia perdió muchos elementos de poder de la URSS, pero no todos, y los servicios de información han permanecido intactos e inclusos fortalecidos, después de que un ex agente se viera aupado al Kremlin por el absolutamente desorientado e inepto Boris Yeltsin.
Ahora vemos que Rusia quiere seguir teniendo preponderancia internacional, como la ha tenido en el escenario europeo desde los tiempos del Zar Pedro el Grande. La rivalidad entre los diversas países ha estado medio siglo tamizada por las rivalidades ideológicas, escusadas por ellas, pero ahora emerge el nacionalismo ruso en cuanto tal, sin necesidad de esconderlo dentro de una u otra ideología. La lucha por el poder en la esfera internacional sigue siendo como siempre ha sido y el simple hecho de que haya una coincidencia sobre ciertos principios democráticos no es óbice ninguno para la rivalidad y la guerra, como no lo fue el absolutismo en su momento.
Kirchner presenta a su esposa como su sucesora
Las versiones digitales de los principales periódicos argentinos y españoles han dado la noticia de que Cristina Fernández, esposa del Presidente argentino Néstor Kirchner, se va a presentar como candidata a la Presidencia de Argentina del partido creado por su marido cuando rompió con el Partido Justicialista. El próximo 19 de julio va anunciar públicamente su postulación a la Presidencia de la República en la ciudad de La Plata, lugar de nacimiento de la precandidata.
Estas mismas fuentes dicen que las encuestas que maneja el equipo del Presidente Kirchner dan la victoria electoral tanto a Néstor Kirchner como a su esposa, con una notable ventaja del primero, aunque ambos conseguirían, según los resultados de las encuestas, la elección en la primera vuelta como establecen los artículos 97 y 97 de la Constitución.
Me surge la inevitable duda, confesando mi ignorancia en la política argentina, acerca de las causas por las que un Presidente no se presenta a la reelección, cuando no hay obstáculos legales para ello, y elige como candidata precisamente a su esposa.
Lo primero que resuena es la mítica pareja de Perón y Evita, su esposa, que todavía es un referente consciente o inconsciente para buena parte de la sociedad argentina, y un burdo intento de reproducirla. Esto es quizá demasiado evidente como para ser la única causa, aunque que no sea la única no le quita importancia.
La segunda causa de esta renuncia a la reelección por parte de Kirchner es la posibilidad de autosucederse sin tener que ser reelegido. Su esposa ocupa la Presidencia y él se mantiene en la sombra sin soportar la crítica política directa, listo para volver a presentarse de nuevo a las elecciones, habiendo roto la limitación de mandato. También cabría que intentasen la sucesión entre cónyuges mientras las circunstancias políticas les fueran favorables.
No sé la importancia pública que tienen las esposas de los políticos en Argentina, aunque parece que es mucha. La pena es que esto, visto desde el extranjero, no hace más que confirmar tópicos sobre Argentina, tópicos como positivos que la ancla únicamente en la imagen del folklore, de la pasión desatada por el fútbol y de una política personalista o familiar.