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Menos mal que la Iglesia es más que el obispo de Tenerife
Las declaraciones del obispo de Tenerife son vergonzosas y no le voy a dedicar ni una sola línea a descalificarlas, porque se descalifican por sí mismas. Me duele que un jerarca de la Iglesia Católica haga esto ya no sólo por cuestiones morales, sino porque está lanzando excrementos sobre muchas personas que trabajan día a día dentro de la Iglesia Católica.
De entre mis amigos puede decir que algunos son sacerdotes, religiosas o seglares que tienen su tiempo libre a disposición de su parroquia o comunidad. Como todo el mundo tienen sus virtudes y sus defectos, pero lo que no puedo decir de ellos es que les falte ni ilusión ni dedicación a su trabajo, muchas veces con un éxito que no guarda ninguna relación con las energías invertidas.
Me da pena que tengan que soportar jerarcas como este obispo de Tenerife, que sus palabras les implique a ellos como miembros de una organización religiosa, la Iglesia Católica, de la que ellos son una de sus partes más activas y visibles. Comparto la rabia de ellos, porque no son así, quizá por eso mismo nunca lleguen al Episcopado.
Los que nunca dirían estas bestialidades son los que hacen fuerte a la Iglesia Católica donde lo tiene que ser, en su misión religiosa: ellos y ellas celebran misas a horas intempestivas, visitan enfermos, abren centros de asistencia a enfermos terminales o de acogida a personas “sin techo”, ellos y ellas son los que están ahí para el desahogo moral y espiritual de los demás, preparan las bodas y primeras comuniones y mil cosas más.
Luego están los Álvarez Afonso, Rouco y Martínez Camino, entre otros muchos, para hacerles pasar vergüenza.
El Conservadurismo y Karl Rahner
Unas noches atrás hice algunas búsquedas aleatorias por Internet, que es algo que de vez en cuando da sorpresitas llamativas. Metí en el buscador universal “Karl Rahner”, que es un celebérrimo teólogo alemán del siglo XX y descubrí una soterrada batalla en torno a este especialista en el pensamiento y la doctrina del Catolicismo.
Cientos de páginas de exaltación del teólogo, otras que ofrecen una información suficientemente imparcial sobre su pensamiento y obras, y las que se atacan desaforadamente, llamándole desde “hereje” a “delincuente” y que son webs de los movimientos más ultraconservadores del Catolicismo. Hablemos de estas últimas que son las interesantes.
El Conservadurismo siempre necesita de un enemigo que atacar, una batalla sin cuartel que librar o una “cruzada”, término más adecuado si hablamos de Teología. Al enemigo se le imputa la responsabilidad de todos los males o de todo lo que los conservadores consideran males. Estando clara la necesidad de un enemigo, hay que proceder a elegirlo y para ello los conservadores no se andan con reparos, cogen a una figura de primera fila de entre sus oponentes, independientemente de que lo entiendan o no.
El enemigo de los conservadores no únicamente un enemigo, es lo peor que una mujer ha podido traer al mundo, por lo que el segundo paso del procedimiento, tras la elección, es la satanización. Se inspecciona su vida y se enjuicia desde una rigidez que no cabe exigirle ni al más santo de los seres humanos y en el dudoso caso de que no se encuentre se lanzan medias verdades o directamente se inventa lo que sea.
Al tercer paso llegan pocos, los conservadores listos e intelectuales, que es el examen de la obra del pensador. Pocos o casi ninguno son los que se meten en un análisis profundo, en el caso de Karl Rahner y mi buceo internáutico ninguno lo hizo. La técnica empleada, por personas con poca capacitación intelectual, consiste en extractar frases, no sacadas de contesto, sino cortadas convenientemente para decir cualquier barbaridad y así intentar desacreditar plenamente al enemigo.
En el caso de Karl Rahner la cuestión tiene especial culpa, cuando ya la forma expresiva de este teólogo es compleja (la claridad literaria no es precisamente una de sus virtudes) y es necesario un profundo conocimiento tanto de la Filosofía Medieval y Contemporánea, así como de la Teología Católica y en especial de los documentos dogmáticos de toda la Historia del Cristianismo. Eso requiere una formación intensa, profunda, dura, que incluye el manejo de numerosos idiomas, tanto modernos como antiguos. Si se quiere rebatir a alguien, a Karl Rahner en este caso, hay que entrar en su terreno, estar a su nivel y conocer totalmente su obra (que son una buena cantidad de grandes volúmenes).
He leído muchas obras de Karl Rahner, aunque no todas. No encuentro ningún motivo para que sea vilipendiado de esa manera si no es la idiocia de estos conservadores. Precisamente son los que toman lo particular por lo universal, los que creen que la Teología es el catecismo de su primera comunión, los que se permiten enunciar juicios desmedidos e insultantes. La ignorancia es temeraria y el Conservadurismo lo es más, ignorante y temerario.
EpC y los abusos sexuales en la diócesis de Rouco
El Tribunal Supremo la ratificado la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que consideraba que el Arzobispado de Madrid es responsable civil subsidiario de los abusos sexuales cometidos por un sacerdote sobre un menor de edad. Dicho de esta manera puede parecer críptico, por lo que intentaré aclararlo, en la medida de lo posible y de mis capacidades.
Cuando se produce una lesión hay dos tipos de responsabilidades, la penal que se satisface generalmente con penas privativas de libertad, y la civil que se satisface con el pago de indemnizaciones ya que la restitución es normalmente poco factible.
El Tribunal Supremo ha considerado que el Arzobispado de Madrid es responsable civil porque de su acción o inacción se ha producido el daño, aunque el único causante es el delincuente. El Arzobispado madrileño ha tenido un culpa “in vigilando”, es decir, en la vigilancia que tiene que tener sobre sus miembros y sobre lo que ocurre en sus instalaciones. Podemos decir, en términos coloquiales, que el Arzobispado ha pasado totalmente de lo que hacía este sacerdote y de lo que ocurría en sus edificios, como normalmente.
El Arzobispo de Madrid, cardenal Rouco, está más preocupado por lo que ponen los libros de libros de Educación para la Ciudadanía, que donde meten las manos sus curas. Quiere hacer entender a los padres que los profesores de Educación para la Ciudadanía van a corromper y pervertir a sus hijos, mientras que no vigila a sus propios pervertidos y corruptos sacerdotes, como en este caso. Los mismo el cardenal Rouco debería dar unas clases no de moralidad, sino de autocontrol mínimo entre algunos miembros del clero, en vez de dedicarse a denigrar a los profesores que, a partir de septiembre, van a impartir Educación para la Ciudadanía.
Misa en latín
Hace unos minutos he leído que el Papa ha facilitado la misa en latín. Me ha extrañado mucho esta noticia porque la lengua oficial de la liturgia latina es el latín, aunque se permite el uso de las lenguas vernáculas en todas las prácticas litúrgicas.
Naturalmente el titular es fruto de la confusión, porque confunde la misa en latín con la misa con el rito litúrgico anterior al Concilio Ecuménico Vaticano II. No es conveniente confundir la lengua con el rito, pues la utilización de latín como lengua litúrgica nunca ha estado sometida a autorización, como sí lo ha estado el llamado “rito tridentino”.
En consecuencia, la misa puede ser celebrada en latín y conforme a los usos litúrgicos del Vaticano II. El problema deviene del cambio de liturgia, porque expresa una cosmovisión teológica que no es la mantenida por el último Sínodo de la Iglesia Católica. Esto es especialmente relevante cuando no se permite el uso del rito tridentino durante las celebraciones del Triduo Pascual, que es cuando las diferencias teológicas se hacen más notorias.
Ahora Benedicto XVI ha optado por obviar algunas de estas dificultades, con la finalidad de salvar el cisma producido en 1988 por el obispo integrista Marcel Lefebvre. Un cisma clerical y de pocos fieles, pero que al ser clerical preocupa mucho a los clérigos y podría ser tomado como ejemplo por otras tendencias, de todos los puntos, no necesariamente integristas.
Cardenal Carlos Amigo
A principios de la década de los ochenta, un obispo franciscano, procedente de Tánger, tomó posesión de una de las diócesis con la historia y prestigio de las existentes en España. El obispo era y es Carlos Amigo y la diócesis la de Sevilla. Sucedía a un prelado clásico de la tradición, el Cardenal Bueno Monreal, que había evolucionado desde las líneas del Nacionalcatolicismo hasta el aperturismo patrocinado por el Cardenal Tarancón.
La situación de la diócesis, realmente archidiócesis de Sevilla, era compleja, como todas en la España de aquellos tiempos, en los que la Iglesia no encontraba su sitio en la nueva realidad política y social que se abría paso en nuestro país. Además en la archidiócesis hispalense se estaban dando movimientos eclesiales con radicalidad (de izquierda y de derecha), todo ello mezclado con el mortero de una religiosidad popular de enorme potencial, no siempre alineada doctrinalmente con el Catolicismo y con una fuerte conciencia de su autonomía.
El entonces Arzobispo Carlos Amigo emprendió una labor que a mi entender ha sido muy acertada, pero que era el cumplimiento estricto de su labor: visitar a todos, escuchar a todos e intentar que nadie se moviera de las directrices del Vaticano II. Prácticamente era un desconocido para los medios nacionales de comunicación. Cuando la mayoría de los nuevos obispos dieron un fuerte giro hacia posiciones conservadoras y tradicionalistas, Carlos Amigo se mantuvo en una línea coherente.
Durante los años de gobierno del Partido Popular, los obispos españoles se quitaron totalmente la careta de cierta equidistancia que habían mantenido desde la muerte de Franco y se arrojaron a los brazos del gobierno. Además comenzaron a sacar un pensamiento de lo más intolerante y ofensivo contra el que no estaba de acuerdo con sus posiciones.
Éste fue el momento de Carlos Amigo, coincidiendo con su entrada en el Colegio Cardenalicio, para demostrar que una cosa es tener un credo y unas convicciones muy claras, y otra muy diferente es descalificar a toda persona que no admite él también estas convicciones. Nadie espera que el Cardenal Amigo traicione o niegue la doctrina católica, pero siempre se encuentra abierto a escuchar a todos, sin insultar ni descalificar. Podemos decir que el Cardenal Amigo es casi el único representante de la jerarquía episcopal que no le destroza los oídos a los que no son fieles a las posiciones más conservadores del Catolicismo, e incluso a los que se encuentran fuera de esta confesión, que mantiene un peso social y político que muchos juzgamos como excesivo.
Todo ello lo ha conseguido el Cardenal Amigo cuidando tanto las tradiciones litúrgicas como las obras sociales de su archidiócesis, con una clara jerarquía de valores, en el que las personas están sobre las instituciones y los intereses de éstas. Ha puesto en orden muchos asuntos pendientes y ha conseguido llenar su seminario, cosa que parecía imposible nace unos años.
Actualmente el Cardenal Amigo se ha convertido en un contrapeso dentro de la jerarquía católica, no dando más oportunidades para que la Iglesia Católica sea atacada por declaraciones absolutamente fuera de lugar y mostrando moderación y credibilidad.
Evitando pucherazos en las elecciones papales
El actual Papa, Benedicto XVI, ha cambiado la mayoría necesaria para elegir a su sucesor. La actual norma de elección papal de Juan Pablo II, que se utilizó para elegir al actual Papa. La regulación actual prevé dos bloques de seis elecciones cada una en la que se requiere la mayoría de dos tercios para elegir Papa. Pasadas esas doce votaciones, el Papa podía ser elegido por mayoría simple.
Esto daba el camino para bloquear las elecciones o para que determinados cardenales tuvieran que votar a quien no querían, para no alargar el Cónclave innecesariamente, pues si un candidato tuviese la mayoría absoluta, éste únicamente tendría que esperar a la decimotercera votación. De esta forma se creaba una mayoría de bloqueo que dejaba sin sentido la regla de los dos tercios.
Al terminar el último cónclave, algunos cardenales declararon anónimamente que el Papa había sido elegido canónicamente, legalmente, pero que en el plano moral la cosa sería muy discutible. Yo no tengo dudas de que el Cardenal Ratzinger ya contaba con la mayoría absoluta al iniciarse las votaciones. Se dio la circunstancia antes explicada y por este motivo, que quedó en la conciencia del nuevo Papa o que ha sido presionado con contar lo ocurrido, se modifica la normativa electoral del Papado.
Blair y el Catolicismo
Como si estuviéramos en la época anterior al Concilio Vaticano II. La prensa internacional refleja el rumor de que el actual Primer Ministro del Reino Unido, que será ex Premier en pocos días, está pensando convertirse al Catolicismo cuando deje la jefatura del gobierno. Hay sectores que están encantados y ven en esto, no una decisión personal y de conciencia de una persona, sino un reflejo de la fuerza de la confesión católica en el mundo, que ha podido atraer a si al máximo dirigente efectivo de la confesión anglicana, ya que como Primer Ministro tiene mucho poder sobre la estatalizada Iglesia de Inglaterra.
Los sectores más conservadores del Catolicismo consideran que la entrada de Blair en su confesión equivale a un fichaje estrella por parte de un equipo de fútbol. Pero el problema de este fichaje estrella es que solamente será un único nuevo creyente, mientras que la Iglesia Católica pierde miles de creyentes especialmente en las zonas de poderío tradicional y no hace nada para pararlo, excepto enrocarse en sí misma, pero no en lo mejor de su tradición (que es mucho), sino en la perspectiva estrecha y cateta de algunos sectores fundamentalistas católicos, los cuales se identifican además con formaciones políticas muy determinadas y con los férreos intereses de la patronal educativa (que no deja de ser un negocio aunque bajo el símbolo de la cruz) y con los beneficios de los depredadores inmobiliarios.
Los curas de Entrevías
Los curas de Entrevías se han convertido en los protagonistas de esta Semana Santa en buena parte de los medios de comunicación. Parece que es un nuevo episodio del soterrado enfrentamiento entre el envejecido clero de la época del Cardenal Tarancón y el nuevo clero, joven y muy conservador, del Cardenal Rouco. Los curas de Entrevías han optado por quitarse la careta y celebrar la Eucaristía sin las ropas litúrgicas, como hacen muchos sacerdotes en el seno de sus comunidades o con reducidos grupos. Se ha roto el pacto tácito que gobierna la Iglesia española desde hace mucho tiempo, cada cual hace en el interior lo que quiera, pero se mantiene la imagen en el exterior.
El Cardenal Rouco, en vez de mirar para otro lado, que hubiera sido lo más prudente, ordena el cierre de la parroquia y saca un pequeño conflicto parroquial a las portadas de unos medios de comunicación casi sin noticias esta semana. Llegará la próxima semana, los medios tendrán con qué alimentar sus páginas y minutos, y será el momento en el que el Cardenal Rouco y su curia podrán actuar al amparo del olvido. Pensarán que habrán ganado, como siempre, pero no valorarán el daño que la imagen de la Iglesia Católica ha sufrido nuevamente, desacreditada por prácticas dictatoriales de quiénes piensan que él ejercicio de la autoridad eclesiástica consiste en la posibilidad de actuar siempre con todos los medios coercitivos sin medir las consecuencias.
Ya decía Max Weber que una cosa es la ética de la convicción y otra la de la responsabilidad: quién asume la autoridad debe guiarse por ésta última, si no quiere que las consecuencias de sus muy respetables convicciones arrastren a su institución en un plazo no muy lejano.
Sobre el celibato
El diario “El País” ha dado una noticia que para mí es sorprendente y no sé si responde a la realidad: Benedicto XVI ha convocado una cumbre en el Vaticano para examinar el celibato sacerdotal y las alternativas que se plantean. La redacción de la noticia invita a pensar que el Papa se está planteando el derribo controlado del celibato sacerdotal estudiando la readmisión en el ejercicio del sacerdocio a quiénes lo dejaron para poder casarse o habiéndolo dejado contrajeron posteriormente matrimonio. Soy escéptico sobre este tema, pero si hay una ocasión para modificar el celibato sacerdotal es éste, con un Papa con preparación intelectual y de cuño marcadamente conservador, ya que comenzará por la vía de excepción para hacer de ésta la normal. La noticia ha cambiado y ahora, como era de esperar, la Curia Romana ha señalado la necesidad de “una sólida formación humana y cristiana” para los seminaristas ante el análisis de los casos presentados de solicitud de reducción al estado laical.
Puede que esta sea una buena ocasión para pensar sobre el celibato de los sacerdotes. Creo que en primer lugar he de empezar aclarando dos extremos, uno terminológico y otro que es claro pero que se olvida con demasiada frecuencia. La aclaración terminológica hace referencia al término celibato, que significa soltería, es decir el estado que se le exige a los sacerdotes católicos del rito latino es el soltería.
Lo que se olvida es que todos los que han optado por ejercer el sacerdocio dentro del rito latino de la Iglesia Católica sabían que esto era así y lo han aceptado cuando pidieron ingresar en un centro de formación sacerdotal y pidieron ser sacerdotes como miembros de alguno de los institutos de vida consagrada existentes. Nadie puede quejarse de que no fue advertido de que era necesario ser célibe para poder ser ordenado sacerdote.
El asunto es si el sacerdocio en el rito latino debe o no debe seguir condicionado al celibato. Como todos deberíamos saber el sacerdocio no es una característica esencial del sacerdocio, ya que en la mayoría de los ritos católicos orientales el hecho de estar cansado no es un impedimento para poder ser ordenado. Se arguyen razones de carácter espiritual y de carácter pragmático para mantener el celibato obligatorio.
Las razones de carácter espiritual residen en la consideración de que el sacerdote actúa in persona Christi en la celebración de los sacramentos en los que él es el ministro (especialmente en la Eucaristía); al situarse en el lugar de Cristo es mejor símbolo alguien que sea célibe como él lo fue. La Historia relativiza este argumento porque sabemos por los textos sagrados que buena parte de los apóstoles estuvieron casados y ellos sí fueron elegidos personalmente por Cristo, quién no vio en su matrimonio ningún obstáculo insalvable para su seguimiento y la proclamación del Evangelio. Hay razones teológicas fuertes contra el celibato, pero lo dejaremos pero ocasión más propicia.
Las razones pragmáticas son más o menos confesables. Las razones confesables se pueden concentrar en una sola proposición: el sacerdote célibe puede dedicarle todo el tiempo a su ministerio y sin tenerse que dividir entre el ministerio y la atención a la familia. Lo de la atención a la familia es un eufemismo para no hablar de la necesidad de cobrar un sueldo decente como sacerdote para no tener que trabajar como seglar porque un sueldo de sacerdote por sí mismo (sin complementos) no da para mantener una familia y que la Iglesia tendría que buscar recursos para ellos y sus familias si quieren que tengan una dedicación exclusiva.
El otro argumento pragmático es más sibilino y de raigambre psicológica. Un célibe tiende a encerrarse en un marco de relación de iguales, por lo que la mayoría de los amigos de un sacerdote son sacerdotes, de forma que sus referencias en la amistad y en donde reposar en los momentos duros son eclesiales. Todo lo demás es soledad y desamparo. Si el sacerdote tuviera su propia familia tendría un marco afectivo no necesariamente eclesial, lo cual le otorgaría una independencia e higiene psicológica poco conveniente.