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Filosofía

Puertas frías, puertas calientes

 

Anoche descubrí un portal español de noticias sobre el Protestantismo en nuestro país. Me interesé en varios artículos de un pastor catalán llamado Jaume Llenas. Dice algo que es absolutamente verdadero y que él sólo aplica a las Iglesias Evangélicas, pero que es extensible a toda organización ideológica. Dice Llenas que se confunde la vida cristiana con la dedicación a la Iglesia, por lo que los evangélicos españoles pasan muchas horas en sus templos, con miles de actividades y pierden cualquier tipo de relación con personas que no tengan su misma confesión religiosa.

Las actividades expresas de extensión del mensaje religioso son lo que el autor denomina "puertas frías", tomando una expresión de marketing, porque se desarrolla con personas absolutamente desconocidas. Se pierde por ello la oportunidad de tener "puertas calientes" y la capacidad de extender su mensaje religioso entre personas conocidas por otros motivos. Las organizaciones ideológicas acaban agazapadas sobre sí mismas, creando una sociedad aparte donde una persona puede encontrar un marco relacional completo desde su nacimiento hasta su muerte, pero ello aísla tanto a la organización como a sus componentes, dificultando definitivamente la comunicación externa, que se convierte única y necesariamente en comunicación institucional.

Urbanita progre

 

El urbanita progre es una persona que o bien se ha criado ya durante el régimen democrático, o bien su adolescencia ya la ha pasado en este régimen. El urbanita progre, en su adolescencia, tuvo ideales comunistas, pero nunca militó en un partido de esta tendencia ideológica; en la actualidad tiene una ideología formalmente de izquierdas para temas sociales como la homosexualidad, pero liberal para temas económicos, especialmente en los relativos a los impuestos.

El PSOE no le gusta, IU le parece muy ordinaria, no encuentra un partido político que se le acomode, y añora el difunto Partido Democrático de la Nueva Izquierda (PDNI); otros desearían que Gallardón formase un partido de derecha que no lo pareciese. Tiene estudios superiores, licenciatura o doctorado, de humanidades o de ciencias sociales.

Lee literatura y también ensayos, aunque no en todos los casos, puesto que busca abstracción digestible en los semanales de los periódicos. Le gusta los pisos luminosos, aunque el tamaño no es importante, sí lo son las vistas y la localización. Se vuelven locos por los viajes, especialmente los de turismo cultural. Pueden tener pareja estable o no, pero su ideal es tener una amplia gana, sin compromisos. Exige calidad y suele ser un buen profesional. Le encanta los pequeños aparatos de tecnología. Ve la tele prefiriendo la digital.

El campo le gusta, pero siempre que esté domesticado, es decir, sin renunciar a ninguna de sus comodidades. En materia religiosa no es creyente católico, ni de ninguna otra confesión, aunque tiene cierta tendencia mística, siempre sin ningún tipo de renuncia personal.

 

El informalismo

(a petición y en honor de Jaume)

Las formas son los límites de nuestra conciencia que proyectamos en la realidad. Los límites no son ontológicos, sino hermenéuticos, es decir, son consecuencia de nuestra relación con la realidad, una relación culpable por aceptar unos límites autoimpuestos en la relación fáctica y existencial. La Modernidad ha separado la conciencia humana de la realidad. La Modernidad ha destrozado nuestra relación con las cosas en miles de representaciones mentales, diciéndonos que nosotros y las cosas somos diferentes, que hay un abismo de las mismas dimensiones que el Platón introdujo entre lo sensible y lo eidético. En sus últimas consecuencias, la Modernidad y sus epígonos no son más intentos de reproducciones del Platonismo con un barniz de actualidad. Los seres humanos hemos repudiado a la realidad. La Belleza era vista como algo externo, como un producto que el ser humano sólo puede imitar o reproducir torpemente. La Belleza era un a priori de la realidad, pero nunca un a priori humano. Lo humano es llevo cuando deje de ser humano, cuando se convierte en realidad, en naturaleza, en universo, porque el fondo del ser humano es una manifiesta incapacidad para ser creador de nada. El creador lo creó todo, nosotros hemos recibido el dudoso honor de ser imitadores de la creación. La renuncia a las formas es también una renuncia a los límites y las fronteras entre la realidad y el ser humano. No aceptamos la división no porque queramos ser originales, ingeniosos o intrépidos, sino porque tenemos un vínculo radical con la verdad de las cosas y no con la verdad del conocimiento. La separación es falsedad, la categorización no es más que otorgarle sinónimos a la palabra “mentira”. La creación no está concluida, todo lo contrario, la creación no ha empezado, porque es el ser humano no sólo el hacedor de la realidad, sino sobre todo el único generador de la Belleza. La creación de la Belleza no es una actividad de la conciencia, es una actividad del ente que radicalmente somos, del ente deviniente e indeterminado, informalizado y sólo falazmente formalizable. Así lo que somos y lo que es la realidad conforman un rito de procreación, lascivo y primigenio, cuyo vástago es la reproducción en Belleza de ellos mismos.

Anónimos e idiotas

            Los griegos consideraban que una persona “idiota” no era una persona con cualquier tipo de disminución de sus capacidades intelectuales, sino que para ellos un idiota era un individuo particular, una persona considerada sólo en cuanto tal y no en relación con la comunidad de seres humanos en la que vivía. En este concepto se entiende que Aristóteles dijera que el ser humano era esencialmente un ser social o político y que el que estuviera fuera de la vida social era porque o bien era un dios o bien era una bestia.

            La sociedad de masas y la condición postmoderna, que genera una mentalidad o filosofía ambiental (en palabras de Kant), nos invitan a llevar una vida particular, a crear microsociedades en las que escondernos del resto de la sociedad, que consideramos implícitamente hostil y ajena. El anonimato social es la consecuencia necesaria de esas microsociedades, de esos intentos de crear el paraíso en el interior de casas bien aseguradas por puertas blindadas. El mundo de nicks que Internet proporciona es la mejor expresión de esas personas anónimas que queremos salir de nuestro fragmento y decir lo que piensan, aunque no nos atrevemos, salvo honorables excepciones, a identificarnos.

            En una sociedad que no es una sociedad, sino una sucesión de microsociedades inarticuladas y aisladas, el paso de romper el anonimato, de decir éste soy yo y así pienso, a quién le duela, es un gesto casi heroico y muchas veces mirado con sospechas. Sólo los que asumen ser héroes, poetas y reyes (parafraseando a Nietzsche) pueden decir que ellos no son idiotas. A los demás sólo nos queda reconocer nuestra idiotez con honestidad.

La ciencia ficción y su aportación a la temática literaria

 

La "ciencia ficción" es, atendiendo al tema, unos de los géneros propios de la Literatura Contemporánea, naciendo en el siglo XIX y llegando con mucha fuerza hasta el actual siglo XXI. La "ciencia ficción" tiene por objeto una realidad muy anclada en el tiempo, que no puede ni ser la pasada ni la presente y tiende a localizar sus tramas en lugares del universo diferente a nuestro planeta. Durante una buena etapa, la "ciencia ficción" ha tenido una perspectiva optimista respecto del futuro de la especie humana, pero la toma de conciencia de los problemas actuales y de su proyección en los tiempos venideros.

A mi entender el principal problema que tiene el género de la "ciencia ficción" consiste en que no es más que una proyección de la realidad que se vive, incluso la realidad histórica. Se adaptan los diversos temas que se dan en la literatura pero se ambienta en un momento futuro y en un mundo o en unos mundos que pueden ser diferentes al nuestro. La "ciencia ficción" al desarrollo literario ha aportado una localización espacio temporal nueva, el futuro, pero no ha contribuido en nada a la temática literaria.

Sobre el corporativismo

            El Diccionario de la Real Academia Española define corporativismo como “la tendencia abusiva a la solidaridad interna y la defensa de los intereses del cuerpo”, dentro de “un grupo o sector profesional”. El corporativismo es una enfermedad social que padecen prácticamente todos los grupos profesionales, aunque en algunos es ya una patología grave. La vinculación moral a la verdad y a la corrección es ignorada para defender la actuación de algunos componentes de ese cuerpo, que no siempre son los más ejemplares, por miedo a que se generalice el comportamiento de esos miembros en la totalidad del cuerpo o grupo.

 

El corporativismo es un vicio de los grupos y cuerpos profesionales españoles, un vicio que nos acompaña en la historia, como también lo hace la envidia, pero que también es respuesta a la generalización hacia la que los españoles tendemos, aplicando el comportamiento de unos pocos a todos con el refrán de que cuando el “río suena, agua lleva”. La existencia del corporativismo es primariamente responsabilidad de los miembros y grupos y corporaciones, que alimentan las especulaciones con un secretismo enfermizo  (“la ropa sucia se lava dentro”) y se ganan una mala imagen con el apoyo incondicional a elementos vergonzosos, pero el conjunto de los ciudadanos también tenemos nuestra buena parte de responsabilidad.