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El perfume

No pude traspasar las primeras páginas de la novela "El perfume", de Patrick Süskind. Aprovechando que se acaba de estrenar una versión cinematográfica de esta obra literaria, decidí emplear dos horas de esta tarde en verla. Me satisfizo más ver ayer la nueva de James Bond. El principal problema que tiene la película es de guión. Los autores de éste no han sabido pasar de posición del narrador a la narración visual, de forma que la primera parte de la película es un homenaje a la voz en off, que es sustituida por un personaje secundario, porque de lo contrario no hay manera de hilvanar los acontecimientos de la película.

El personaje principal es condenado a un casi completo silencio, si exceptuamos tres minutos en los que habla. No pasa nada por cambiar la tónica y enseñarnos cosas del mundo de la perfumería a los pobres espectadores que hemos pagado nuestra entrada. Reflejar por medio de imágenes y de palabras lo que se percibe por el sentido del olfato es difícil, pero eso es lo que se le exige a un artista, que haga lo que es imposible a los demás seres humanos. Por ello "El perfume" es una mala película, porque cualquiera podría haberla hecho.

Ley y botellón

En los ambientes en los que me suelo mover, conozco muchas personas que rondan o rebasan la treintena que siguen haciendo botellón, no ya por problemas económicos, sino porque es una forma de ocio que no tiene equivalente. El "botellón" se hace sin prisas, se bebe bastante pero nunca de forma excesiva. Pero la principal virtud del "botellón" es que es uno de los mejores lugares para conocer personas, para ampliar el círculo social, dado lo cerrados y las pocas ocasiones de apertura que se dan en nuestras sociedades meridionales. La polémica del "botellón" lleva años y creo que la razón la tienen las personas que ven alterados sus derechos fundamentales, como es el derecho a la intimidad personal y familiar. Jurídicamente no se da otra cosa que un sencillo conflicto de intereses, entre un derecho genérico al ocio y un derecho fundamental, con lo que la forma de resolverla no necesita ni una sola línea más.

El Parlamento de Andalucía aprobó la Ley 7/2006, de 24 de octubre, sobre potestades administrativas en materia de determinadas actividades de ocio en los espacios abiertos de los municipios de Andalucía, conocida como "Ley Antibotellón". Anoche había una concentración en la Alameda, protestando contra la Ley y la fuerte presencia policial en este lugar. Unos pierden una forma de ocio, otros ganan la posibilidad de descansar y de que sus propiedades no se deprecien. El ocio es reciclaje y no me cabe duda de que se generarán nuevas formas, acordes con las disposiciones legales, para tener lo mismo sin molestar. Otra cuestión es que si los municipios van a poder seguir pagando horas extraordinarias y se baja la recaudación por la imposición de multas.

Sarkozy: la falsa firmeza en materia de seguridad e inmigración

 

Muchos tenemos la costumbre de meter la cabeza en el periódico que otro está leyendo en un transporte público. Yo lo hago con mucho interés si esa persona está leyendo un periódico que no es de los que acostumbro a seguir. El pasado miércoles, en el autobús, así me sucedió. Un hombre de avanzada edad estaba leyendo el ABC, y yo me quedé con un titular que ensalzaba al ministro francés del interior, Nicolás Sarkozy, por su gestión de la inmigración. Sin necesidad de leer más que el titular ("de la inmigración sufrida a la elegida") sé que este medio está mintiendo nuevamente, ya que el sistema migratoria francés no ha cambiado, salvo unas expulsiones a alborotadores sin nacionalidad francesa. Lo que sí ha sucedido bajo el mandato de Sarkozy fue una gran revuelta de los barrios periféricos de París, que tardó dos semanas en sofocar.

Como es normal para la derecha más dura, sus desastres lo convierten en capital político. Bajo su mandato hay revueltas, desórdenes, inmigración desordenada, pero ellos tiene la habilidad de responsabilizar a otros de ello, mientras se ofrecen como los únicos remedios para solventar el problema, el problema que ellos mismos han creado. Sarkozy ha sido el político que mejor salió de la crisis de los coches quemados y algunos malintencionados han llegado a pensar que la pasividad de la policía, los primeros días, se debía a que cuántos más coches ardieran, más posibilidades tenía el responsable del desastre, paradójicamente, de ser el próximo Presidente de la República. Un buen político es el que soluciona los problemas, un gran político es el que evita los problemas, Nicolás Sarkozy no es ni una cosa ni la otra.

Todos sabemos que a ABC lo que pase en Francia no le importa nada. ABC, llevados por su complejo de inferioridad respecto a todo lo que suceda más allá de nuestras fronteras, quieren sacar consecuencias para España de su interpretación, o invención, de lo que ha pasado en Francia. Sarkozy representa la firmeza del PP y no sabemos bien quién representa la debilidad, pero que correspondería en España al PSOE. En esto también miente el ABC, porque con el Partido Popular lo único que hemos tenido es un ascenso de la inmigración ilegal, a pesar de las proclamas de cierre de fronteras y de control migratorio.

La función marxista de "El Corte Inglés"

La pasada semana "El Corte Inglés" anunció que iba a abrir en mi ciudad un establecimiento, de sólo dos plantas, dedicado únicamente a lo que suele ofrecer en la sección de "oportunidades" en sus establecimientos de mayor tamaño. Inmediatamente se desató la euforia: no se hablaba de otras cosa y las ediciones digitales de los medios de comunicación locales (que no son pocos para la dimensión de la población) tuvieron su mayor afluencia de visitas desde hacía meses. Todos los consumidores están deseando que se habla establecimientos, donde se pueda comprar sin que te engañen y que te atiendan al menos como a un ser humano.

"El Cortes Inglés" sin saberlo y sin pretenderlo va a demostrar unos de los axiomas fundamentales del marxismo: que la economía determina a la sociedad. Este nuevo establecimiento reventará el tejido comercial y productivo de mi ciudad, que es una de las estructuras sociales más petrificadas y conservadores de la ciudad. Cuando ésta haya saltado por los aires, se verá que la Modernidad es otra cosa que una simple peatonalización de una casa. No sólo se querrá ser como el resto de los españoles, sino que se rechazarán los mecanismos que nos mantienen atrasados, de forma que los ciudadanos tomarán en sus manos el peso de las decisiones políticas y optarán por rechazar, despreciar y menospreciar a esas invisibles cadenas de la postración.

Alguno pensará que estoy exagerando. Yo creo que no, que nuevos acontecimientos, revolucionarios hechos, van a ser traídos a mi ciudad por la empresa que simboliza el capitalismo en nuestro país. Esto viene dado porque estamos en un estado anterior al Liberalismo, por lo que necesitamos una sociedad liberal para posibilitar la entrada de una sociedad mejor, a la que no se puede acceder directamente desde la sociedad preliberal.

Las noticias que no gusta dar

Parece que hay periodistas que les molesta tener que cubrir noticias que no van con la línea editorial de su periódico. Que un medio tenga una línea propia y que así la exprese es de lo más normal, deseable y esperable, pero que quiera que la realidad sea exactamente igual que sus opiniones empieza entrar o bien en el surrealismo o bien en la ciencia-ficción. Hay periodista que, en los medios locales que frecuento, se quejan de dos cosas, la primera es la falta de noticias con las que rellenar sus páginas, y la segunda es que haya grupos que, sabiendo esta situación y atendiéndoles caritativamente, les dan material no de relleno, sino de primera calidad. Lo que sucede es que ese material es el que ellos quisieran tener, posiblemente porque los portavoces de su línea son tan vagos que no producen nada si no es en colaboración de funcionarios locales, que cobran no por hacerles notas de prensa a los dirigentes de turno, sino por mantener abierta la comunicación entre la Administración y los ciudadanos, como se contiene en nuestro ordenamiento jurídico, concretamente en la Ley 29/2005.

Dies Domini, dies laboris

Trabajar en día de fiesta es de lo más efectivo. Cuando uno decide prescindir del hecho de que un día es de fiesta, que oficialmente no hay que trabajar y que probablemente todos los conocidos, en el mejor de los casos, estén vagueando. Como no se hace por obligación, sino por convicción, la atención se centra en el trabajo. A la concentración y al aprovechamiento ayudan tres circunstancias: la pésima oferta televisiva y de entretenimiento que hay los días festivos, el silencio que rodea a nuestras viviendas (excepto que se padezca algún botellón) y las pocas ganas de estar con los que se vive (quien tenga esta desgracia).

Una manifestación contra las navidades

Hay manifestaciones contra todo. Me gustaría que hubiera una manifestación contra las navidades, protagonizada por todas aquellas personas que nos gustaría seguir con nuestra vida normal y corriente, rutinaria y gris de todos los días, sin tener que hacer lo que sencillamente no nos apetece en absoluto. Me encantaría tener un trabajo que me permitiera estar en activo todos los días señalados para poder excusarme de encontrarme con quien no quiero. Deseo que las navidades fueran unas fiestas optativas, no obligatorias, compensables o no, poco importa, ya que lo que es relevante es no estar en ellas. Lástima que no haya manifestaciones contra las navidades. Su asistencia sobrecogería los fundamentos de la sociedad, aunque el único problema es que las navidades no se van a echar atrás, aunque salgan millones de personas a la calle.

El huso horario gallego

 

            La asamblea del Bloque Nacionalista Gallego, que es uno de los dos partidos políticos que gobierna Galicia, junto al PSOE, ha solicitado que el gobierno autonómico realice las gestiones necesarias par que se establezca un "huso horario gallego", que correspondería con el que tiene el Reino Unido y Portugal, es decir, una hora menor al huso que actualmente tiene España (con excepción de las Islas Canarias).

            Puede dar la impresión de que esto es una payasada propia de nacionalistas radicales en busca de señales identitarias del tipo que sea, y puede que algo tenga que ver, pero lo realmente curioso es la motivación que los proponentes de este huso horario hacen: basado en el ahorro energético.

            Lo que no tiene sentido es que España mantenga el mismo huso horario que Polonia, que se encuentra varios miles de kilómetros al oeste, amaneciendo consecuentemente unas cuentas horas antes que en España. Los países de nuestra latitud tienen el huso horario que los nacionalistas gallegos proponen y que sería el que lógicamente nos correspondería, a tenor de la hora de salida y puesta del sol en nuestro país, ya que perdemos horas de día en la mañana por amanecer antes del inicio de la jornada laboral y pasamos buena parte del horario de trabajo entre las oscuridades de la noche.

            Es tiempo ya de que nuestro huso horario sea la lógica, el inglés o el portugués, y no que nos mantengamos con el mismo huso de países de las latitudes orientales. Que el huso horario gallego, se convierta en el huso horario español.

Fuentes del terror

El "Diario Sur" en Ceuta dice hoy una serie de obviedades que parecen desconocer el conjunto de los ceutíes. La pobreza y la escasez de futuro provocan que aumente la posibilidad de que la religión musulmana se convierte en la única esperanza para las miles de personas que viven en los barrios marginales musulmanes que se encuentra en la "periferia" de Ceuta. Solventar los grandes problemas sociales de estos barrios no es sólo una cuestión de justicia social, que no es poco, sino que es un presupuesto para mantener la seguridad dentro de los estrechos límites sociales de esta ciudad. La estupidez racista de los ceutíes puede llevar a la destrucción de la endeble convivencia que tenemos.

Puertas frías, puertas calientes

 

Anoche descubrí un portal español de noticias sobre el Protestantismo en nuestro país. Me interesé en varios artículos de un pastor catalán llamado Jaume Llenas. Dice algo que es absolutamente verdadero y que él sólo aplica a las Iglesias Evangélicas, pero que es extensible a toda organización ideológica. Dice Llenas que se confunde la vida cristiana con la dedicación a la Iglesia, por lo que los evangélicos españoles pasan muchas horas en sus templos, con miles de actividades y pierden cualquier tipo de relación con personas que no tengan su misma confesión religiosa.

Las actividades expresas de extensión del mensaje religioso son lo que el autor denomina "puertas frías", tomando una expresión de marketing, porque se desarrolla con personas absolutamente desconocidas. Se pierde por ello la oportunidad de tener "puertas calientes" y la capacidad de extender su mensaje religioso entre personas conocidas por otros motivos. Las organizaciones ideológicas acaban agazapadas sobre sí mismas, creando una sociedad aparte donde una persona puede encontrar un marco relacional completo desde su nacimiento hasta su muerte, pero ello aísla tanto a la organización como a sus componentes, dificultando definitivamente la comunicación externa, que se convierte única y necesariamente en comunicación institucional.

Resurrección maquiavélica

 

            Hoy día medimos todo según los resultados inmediatos que nuestras acciones arrojan. Hemos creado cientos de indicadores numéricos y estandarizados con la única finalidad de ser objetivos en nuestras valoraciones. Sentimos una verdadera compulsión cuando van a salir estos datos de rendimiento. Somos el valor numérico que arroja el indicador de turno. Subir o bajar una décima justifica la existencia de todos los implicados. Los resultados se convierten en un absoluto. Maquiavelo resucita ocultamente bajo infinitas columnas de resultados. No debemos perder nunca la orientación de nuestras acciones. Las altas causas que nos guían. Somos lo que somos no para variar una centésima en unos resultados estandarizados, somos lo que somos para hacer realidad los sueños imposibles que gracias a la voluntad y a la sangre algunos se han hecho no sólo posibles, sino reales.

Sedaciones terminales

 

            El caso de las sedaciones terminales en el Hospital "Severo Ochoa" de Leganés, en la Comunidad de Madrid, ha saltado a los medios de comunicación. Es un caso realmente complicado y que puede caer en análisis superficiales. El Consejero de Salud de la Comunidad de Salud destituyó a los responsables médicos de las urgencias de este centro por lo que considera que sedaciones irregulares, que han podido acelerar el fallecimiento de determinados pacientes. Todo se inició con una denuncia anónima, que según parece procede de fuentes médicas de ese centro hospitalario, y hasta el día de hoy se han deducido tres querellas, aunque no está claro si son realmente querellas o denuncias ante el Juzgado o la Fiscalía.

            La sedación en el caso de enfermos terminales que están cerca de la muerte es una práctica habitual, y todos saben que aceleran la muerte de alguna forma. Creo que no es relevante que una persona muera tres días antes de lo previsible, si de ésta manera se le ahorran sufrimientos innecesarios. Es preciso el consentimiento del paciente o de sus familiares. El problema surge cuando las sedaciones se han hecho no en un estado terminal muy avanzado o no teniendo en cuenta la voluntad del paciente o de los que la puedan expresarlo en su nombre.

            Las investigaciones deben ser realizadas con serenidad. No se debe excusar porque se crea que el ahorro de los sufrimientos es un absoluto en manos de los médicos, pero tampoco se debe condenar porque se considere que cualquier acción que pueda acelerar la muerte es intrínsecamente inmoral, ya que cambia el momento de un acontecimiento "natural". Creo que las sedaciones son necesarias, incluso si hay un cierto adelanto de la muerte, siempre con los consentimientos necesarios.

            La profesión médica, con toda seguridad, es la más corporativista de las que tenemos en España. Los médicos se protegen sistemáticamente. Me llama la atención que hemos llegado al caso en los que los profesionales de la medicina ya no se protegen, sino que se dividen por un motivo de conciencia.

En este punto es cuando las normas jurídicas tienen que ser precisas y claras, además de expresar su necesidad. Un asunto tan importante como es la forma en la que una persona quiere que sean sus últimos momentos antes de la muerte no puede quedar al juicio moral individual de los facultativos que, por organización administrativa, le corresponde al paciente. Las normas deben proporcionar el procedimiento, proteger a los pacientes y a los médicos y dejar suficientemente claras cuáles acciones son tenidas por correctas y cuáles no.

Urbanita progre

 

El urbanita progre es una persona que o bien se ha criado ya durante el régimen democrático, o bien su adolescencia ya la ha pasado en este régimen. El urbanita progre, en su adolescencia, tuvo ideales comunistas, pero nunca militó en un partido de esta tendencia ideológica; en la actualidad tiene una ideología formalmente de izquierdas para temas sociales como la homosexualidad, pero liberal para temas económicos, especialmente en los relativos a los impuestos.

El PSOE no le gusta, IU le parece muy ordinaria, no encuentra un partido político que se le acomode, y añora el difunto Partido Democrático de la Nueva Izquierda (PDNI); otros desearían que Gallardón formase un partido de derecha que no lo pareciese. Tiene estudios superiores, licenciatura o doctorado, de humanidades o de ciencias sociales.

Lee literatura y también ensayos, aunque no en todos los casos, puesto que busca abstracción digestible en los semanales de los periódicos. Le gusta los pisos luminosos, aunque el tamaño no es importante, sí lo son las vistas y la localización. Se vuelven locos por los viajes, especialmente los de turismo cultural. Pueden tener pareja estable o no, pero su ideal es tener una amplia gana, sin compromisos. Exige calidad y suele ser un buen profesional. Le encanta los pequeños aparatos de tecnología. Ve la tele prefiriendo la digital.

El campo le gusta, pero siempre que esté domesticado, es decir, sin renunciar a ninguna de sus comodidades. En materia religiosa no es creyente católico, ni de ninguna otra confesión, aunque tiene cierta tendencia mística, siempre sin ningún tipo de renuncia personal.

 

Estar seguro y sentirse seguro

            Una cosa es estar seguro y otra muy diferente es sentirse seguro. La percepción sobre la seguridad personal o colectiva puede ser opuesta y contradictoria con los datos objetivos. El pensamiento conservador ha hecho de la cuestión de la seguridad una de sus recursos inagotables a la hora de criticar la gestión de los gobiernos de izquierda. La izquierda tiene mala conciencia con el asunto de la seguridad, por lo que se dedica a la realidad de la seguridad, mientras la derecha que tiene ganada toda la credibilidad en este tema se emplea a fondo en aumentar la percepción de la credibilidad. La consecuencia es que en España la conciencia de seguridad normalmente es inversa a la seguridad real.

El síndrome del asesor

(artículo publicado por la Oficina de Prensa del PSOE de Ceuta) 

Existen determinadas profesiones que su mero ejercicio conlleva una exposición personal del trabajador hasta el punto de poner en peligro, en algunos casos, su integridad física, moral e incluso su vida. Estas profesiones tienen reconocido el riesgo de los que las desempeñan e incluso perciben compensaciones que intentan subsanar esta constante situación de peligrosidad.

El catálogo de profesiones de riesgo es conocido por el común de los ciudadanos. La Administración de la Ciudad de Ceuta va a aportar una nueva profesión a esta categoría laboral. El puesto de asesor del gobierno del Sr. Vivas se va a convertir en una profesión de riesgo, pero se preguntarán ustedes, ¿qué riesgo tiene ser asesor del Sr. Vivas? Muy sencillo, la posibilidad, ya concretada en tres ocasiones, de ser condenados por los tribunales penales. Comprendemos que sigan extrañados, pero permítannos justificarles esta afirmación.

El primer asesor que padeció el "síndrome del asesor" era conocido por el sobrenombre de "Güigüi". Este miembro de "Nuevas Generaciones" del PP, donde se forman a los dirigentes populares del futuro, cometió un "delito de poca monta", una cosita de nada, una gamberrada de chavalitos, consistente en un delito contra la salud pública, esto es, fue condenado por narcotráfico en la Audiencia Nacional. En el lapso temporal transcurrido desde que fue condenado a que la sentencia fuera confirmada por el Tribunal Supremo, fue elegido secretario general de "Nuevas Generaciones" del PP en Ceuta y nombrado asesor del grupo parlamentario popular en la Asamblea de la Ciudad. Sospechamos que el Tribunal Supremo confirmó la sentencia porque el pobre "Güigüi" estaba ya afectado por el "síndrome del asesor", que indujo a los altos magistrados a enviarlo a conocer el presidio de primera mano.

Cuando la impresión por el primer caso de "síndrome del asesor" aún estaba viva, llegó la noticia del segundo caso, procedentemente nuevamente del Tribunal Supremo. En esta ocasión el afectado respondía al nombre de Chaib. Era otro "asunto menor": provocar incidentes dentro del Palacio Autonómico que terminaron con un enfrentamiento con la Policía de la Ciudad. Entre los hechos que ocasionaron su sentencia condenatoria y la firmeza de ésta, Chaib dejó su formación política, el PDSC, y fue nombrado asesor del Sr. Vivas.

El último caso del "síndrome del asesor", que ha disparado las alarmas entre este grupo profesional, y que ha permitido especular sobre la existencia de una posible epidemia, ha sido la condena de Juan Carlos Trujillo por las "consideraciones" vertidas sobre la persona de la secretaria general del PSOE en un foro de Internet. A pesar de que fue cesado como asesor semanas antes de celebrarse el juicio, el "síndrome del asesor" ya estaba dentro de él y no pudo librarse de la condena penal.

En unos pocos meses tres asesores del gobierno del Sr. Vivas han recibido una condena. Parece que la proporción no es despreciable y mientras tanto el Sr. Vivas sigue incólume, sin pestañear, sin decir "esta boca es mía" cuando sus más cercanos colaboradores han sido declarados culpables por la Justicia. Seguramente veremos una manifestación de asesores, en el Palacio Autonómico, exigiendo que se les pague un plus de peligrosidad. Esperemos que la epidemia no se propague ahora a través de las acequias jiennenses.

El informalismo

(a petición y en honor de Jaume)

Las formas son los límites de nuestra conciencia que proyectamos en la realidad. Los límites no son ontológicos, sino hermenéuticos, es decir, son consecuencia de nuestra relación con la realidad, una relación culpable por aceptar unos límites autoimpuestos en la relación fáctica y existencial. La Modernidad ha separado la conciencia humana de la realidad. La Modernidad ha destrozado nuestra relación con las cosas en miles de representaciones mentales, diciéndonos que nosotros y las cosas somos diferentes, que hay un abismo de las mismas dimensiones que el Platón introdujo entre lo sensible y lo eidético. En sus últimas consecuencias, la Modernidad y sus epígonos no son más intentos de reproducciones del Platonismo con un barniz de actualidad. Los seres humanos hemos repudiado a la realidad. La Belleza era vista como algo externo, como un producto que el ser humano sólo puede imitar o reproducir torpemente. La Belleza era un a priori de la realidad, pero nunca un a priori humano. Lo humano es llevo cuando deje de ser humano, cuando se convierte en realidad, en naturaleza, en universo, porque el fondo del ser humano es una manifiesta incapacidad para ser creador de nada. El creador lo creó todo, nosotros hemos recibido el dudoso honor de ser imitadores de la creación. La renuncia a las formas es también una renuncia a los límites y las fronteras entre la realidad y el ser humano. No aceptamos la división no porque queramos ser originales, ingeniosos o intrépidos, sino porque tenemos un vínculo radical con la verdad de las cosas y no con la verdad del conocimiento. La separación es falsedad, la categorización no es más que otorgarle sinónimos a la palabra “mentira”. La creación no está concluida, todo lo contrario, la creación no ha empezado, porque es el ser humano no sólo el hacedor de la realidad, sino sobre todo el único generador de la Belleza. La creación de la Belleza no es una actividad de la conciencia, es una actividad del ente que radicalmente somos, del ente deviniente e indeterminado, informalizado y sólo falazmente formalizable. Así lo que somos y lo que es la realidad conforman un rito de procreación, lascivo y primigenio, cuyo vástago es la reproducción en Belleza de ellos mismos.

Sobre el celibato

            El diario “El País” ha dado una noticia que para mí es sorprendente y no sé si responde a la realidad: Benedicto XVI ha convocado una cumbre en el Vaticano para examinar el celibato sacerdotal y las alternativas que se plantean. La redacción de la noticia invita a pensar que el Papa se está planteando el derribo controlado del celibato sacerdotal estudiando la readmisión en el ejercicio del sacerdocio a quiénes lo dejaron para poder casarse o habiéndolo dejado contrajeron posteriormente matrimonio. Soy escéptico sobre este tema, pero si hay una ocasión para modificar el celibato sacerdotal es éste, con un Papa con preparación intelectual y de cuño marcadamente conservador, ya que comenzará por la vía de excepción para hacer de ésta la normal. La noticia ha cambiado y ahora, como era de esperar, la Curia Romana ha señalado la necesidad de “una sólida formación humana y cristiana” para los seminaristas ante el análisis de los casos presentados de solicitud de reducción al estado laical.

 

Puede que esta sea una buena ocasión para pensar sobre el celibato de los sacerdotes. Creo que en primer lugar he de empezar aclarando dos extremos, uno terminológico y otro que es claro pero que se olvida con demasiada frecuencia. La aclaración terminológica hace referencia al término celibato, que significa soltería, es decir el estado que se le exige a los sacerdotes católicos del rito latino es el soltería.

 

Lo que se olvida es que todos los que han optado por ejercer el sacerdocio dentro del rito latino de la Iglesia Católica sabían que esto era así y lo han aceptado cuando pidieron ingresar en un centro de formación sacerdotal y pidieron ser sacerdotes como miembros de alguno de los institutos de vida consagrada existentes. Nadie puede quejarse de que no fue advertido de que era necesario ser célibe para poder ser ordenado sacerdote.

 

            El asunto es si el sacerdocio en el rito latino debe o no debe seguir condicionado al celibato. Como todos deberíamos saber el sacerdocio no es una característica esencial del sacerdocio, ya que en la mayoría de los ritos católicos orientales el hecho de estar cansado no es un impedimento para poder ser ordenado. Se arguyen razones de carácter espiritual y de carácter pragmático para mantener el celibato obligatorio.

 

Las razones de carácter espiritual residen en la consideración de que el sacerdote actúa in persona Christi en la celebración de los sacramentos en los que él es el ministro (especialmente en la Eucaristía); al situarse en el lugar de Cristo es mejor símbolo alguien que sea célibe como él lo fue. La Historia relativiza este argumento porque sabemos por los textos sagrados que buena parte de los apóstoles estuvieron casados y ellos sí fueron elegidos personalmente por Cristo, quién no vio en su matrimonio ningún obstáculo insalvable para su seguimiento y la proclamación del Evangelio. Hay razones teológicas fuertes contra el celibato, pero lo dejaremos pero ocasión más propicia.

 

Las razones pragmáticas son más o menos confesables. Las razones confesables se pueden concentrar en una sola proposición: el sacerdote célibe puede dedicarle todo el tiempo a su ministerio y sin tenerse que dividir entre el ministerio y la atención a la familia. Lo de la atención a la familia es un eufemismo para no hablar de la necesidad de cobrar un sueldo decente como sacerdote para no tener que trabajar como seglar porque un sueldo de sacerdote por sí mismo (sin complementos) no da para mantener una familia y que la Iglesia tendría que buscar recursos para ellos y sus familias si quieren que tengan una dedicación exclusiva.

 

El otro argumento pragmático es más sibilino y de raigambre psicológica. Un célibe tiende a encerrarse en un marco de relación de iguales, por lo que la mayoría de los amigos de un sacerdote son sacerdotes, de forma que sus referencias en la amistad y en donde reposar en los momentos duros son eclesiales. Todo lo demás es soledad y desamparo. Si el sacerdote tuviera su propia familia tendría un marco afectivo no necesariamente eclesial, lo cual le otorgaría una independencia e higiene psicológica poco conveniente.

El derecho al silencio

 Ayer escribí sobre el silencio del filósofo, pero hoy quiero hablar del ruido. España ocupa el primer o el segundo lugar entre los países más ruidosos del mundo. Ello se debe a una mal medición, porque si los expertos internacionales hubieran medidos bien, España tendría una categoría propia, ya que el ruido en España es tanto que no destrozaría todos los aparatos. Hacer ruido es divertido, hacer ruido es señal de fuerza, de vitalidad, mientras que el silencio representa sólo a la muerte: ésa es nuestra mentalidad.

El ruido provoca graves problemas en la salud de las personas, tanto de carácter somático como psicológico, pero a nadie parece importarle eso, porque no se toman las mínimas medidas para al menos aplicar las normas medioambientales que tenemos. Tengo una obra debajo de mi ventana, camino de mi trabajo (del que disto sólo cinco minutos andando) tengo que cruzar dos nuevas obras, en mi puesto de trabajo he de padecer los pitidos y la música a todo volumen de los salvajes al volante, los vecinos hablan a gritos en la escalera, las televisiones están a todo trapo, los vehículos de policía o ambulancia abusan de los dispositivos acústicos de señalización y así un largo etcétera compuesto de las cosas más normales y simples que tenemos en nuestra vida.

Parece que quejarse del ruido es querer fastidiar a alguien. Los vecinos que llevan años padeciendo el botellón son insultados y agredidos cuando se echan a la calle para reclamar algo tan elemental como poder dormir. Eso sí, mientras los padres de los bebedores callejeros duermen plácidamente. Quién pide a un vecino que baje la música lo hace después de horas de paciencia, por miedo a que el desaprensivo que hace oír a la fuerza lo que él oye pueda molestarse ante se vaya a molestar. Somos muchos los españoles que queremos poder ejercer un derecho tan elemental que a nadie se le ha ocurrido escribirlo, al menos el derecho a elegir por nosotros mismos lo que queremos oír, ya que a algunos les parecerá un exceso exigir el derecho al silencio.

El silencio del filósofo

            No soy la persona más adecuada para hablar del silencio del filósofo, ya que ni tengo la petulancia suficiente para denominarme filósofo, ni puedo decir que estoy silencioso ya que castigo al que visita mi blog con todo tipo de ocurrencias. La primera vez que escuché la expresión “silencio del filósofo” lo hice en una conferencia de Diego Gracia sobre Xavier Zubiri. La empleó para definir el lapso temporal que transcurre entre la publicación de Sobre la esencia y la trilogía sobre el conocimiento, casi veinte años. El silencio del filósofo sería ese periodo, por necesidad largo, en el que el pensador se ahoga dentro de toda la historia del pensamiento y de la ciencia, hasta hacerse una con ella, de forma que las reflexiones surgen al ver las limitaciones de las respuestas a las preguntas fundamentales de la Filosofía.

 

El silencio no quiere decir que el filósofo no escriba (de hecho Xavier Zubiri escribió miles de páginas durante estos años), sino en que no da a conocer al público sus pasos y sus nuevas averiguaciones, porque no se encuentra totalmente convencido de ellas y está adquiriendo la madurez suficiente para conocer lo poco que conoce. El silencio, cuantitativamente, es un periodo de una extensión variable dentro de cierta prolongación y que podemos reconocer en casi todos los grandes pensadores. Muchas veces el silencio sigue a la primera publicación, con la que el pensador piensa dar la vuelta al pensamiento y que lo único que logra es dar la vuelta a la idea que el aspirante a pensador tiene de sí mismo. Otras veces es una terrible cesura durante el periodo de madurez, consistente en un replanteamiento radical de las respuestas que se tenían hasta entonces como válidas. Sea como sea, el silencio es la tierra en la que crece la Filosofía y puede que ésta sea la labor más costosa en lo personal que la Filosofía exige a sus cultivadores.

Anónimos e idiotas

            Los griegos consideraban que una persona “idiota” no era una persona con cualquier tipo de disminución de sus capacidades intelectuales, sino que para ellos un idiota era un individuo particular, una persona considerada sólo en cuanto tal y no en relación con la comunidad de seres humanos en la que vivía. En este concepto se entiende que Aristóteles dijera que el ser humano era esencialmente un ser social o político y que el que estuviera fuera de la vida social era porque o bien era un dios o bien era una bestia.

            La sociedad de masas y la condición postmoderna, que genera una mentalidad o filosofía ambiental (en palabras de Kant), nos invitan a llevar una vida particular, a crear microsociedades en las que escondernos del resto de la sociedad, que consideramos implícitamente hostil y ajena. El anonimato social es la consecuencia necesaria de esas microsociedades, de esos intentos de crear el paraíso en el interior de casas bien aseguradas por puertas blindadas. El mundo de nicks que Internet proporciona es la mejor expresión de esas personas anónimas que queremos salir de nuestro fragmento y decir lo que piensan, aunque no nos atrevemos, salvo honorables excepciones, a identificarnos.

            En una sociedad que no es una sociedad, sino una sucesión de microsociedades inarticuladas y aisladas, el paso de romper el anonimato, de decir éste soy yo y así pienso, a quién le duela, es un gesto casi heroico y muchas veces mirado con sospechas. Sólo los que asumen ser héroes, poetas y reyes (parafraseando a Nietzsche) pueden decir que ellos no son idiotas. A los demás sólo nos queda reconocer nuestra idiotez con honestidad.