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La falta de sentido de pactar con el PP: el Estatuto andaluz

La Comunidad Valenciana ha anunciado la presentación de un recurso de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatuto de Autonomía para Andalucía, en principio sólo contra los preceptos de financiación, aunque en sus inicios era una especie de recurso contra la totalidad del texto. Lo curioso del asunto es que el texto del Estatuto andaluz ha sido fruto del consenso entre el Partido Socialista, el Partido Popular e Izquierda Unida y fue presentado por los populares como modelo para todo el país de lo que, en su opinión, debería ser un Estatuto de Autonomía.

Ahora llega un gobierno autonómico del PP y lo recurre contraviniendo todo lo que han pactado y declarado los máximos dirigentes nacionales de los populares. La pregunta que cualquier observador medianamente sensato se puede plantear es muy sencilla: ¿de qué sirve pactar con esta gente del PP? La respuesta es aún más sencilla: no sirve para nada, porque siempre habrá un austrolopithecus político entre las filas conservadoras para utilizar un instrumento consensuado para hacer demagogia en su tierra y para presentar lo que ha sido fruto de un acuerdo amplísimo como una norma partidista.

Para estos resultados no merecería la pena haber escuchado a los señores del Partido Popular, aguantar sus idas y venidas, a pesar de que sus opciones de gobierno en Andalucía han sido, son y serán mínimas. El Partido Popular se ha descrito una vez más: una formación oportunista, sin palabra y que le interesa más la ocasión puntual para hacer demagogia que dotar a las autonomías y a España de instrumentos útiles y eficaces de gobierno. Ellos eran los que decían que siempre decían lo mismo, en cada región o municipio; buen ejemplo están dando con el caso del Estatuto andaluz. Pactar con ellos es pactar con la mentira: un error que no se debería repetir nunca más.

La diferencia entre las bases y los votantes

Las elecciones primarias norteamericanas muestran a las claras determinados elementos de la política de partidos que en España se mantienen, normalmente, dentro de las sedes y conciliábulos de cada uno de los partidos de nuestro país. Por lo general, las bases de los partidos son más extremistas que el electorado, esto es y tomando a los Estados Unidos como ejemplo, los inscritos republicanos son más derechistas que la mayoría de los votantes, mientras que los inscritos demócratas son más de izquierda que el resto de la población.

La consecuencia que esto tiene es que los favoritos para ser nominados a la Presidencia de Estados Unidos por cada uno de los partidos son más queridos dentro de sus respetivos partidos, que fuera de ellos, mientras que los derrotados en las primarias serían los que recibirían un mayor apoyo por parte de los ciudadanos. Rudolf Giuliani es el candidato republicano mejor visto por los votantes, pero poco apreciado por las bases republicanas; John Edwards tiene escasas posibilidades, hoy por hoy, para hacerse con la nominación demócrata, pero es el que los votantes quisieran ver en las papeletas de voto. En España, todo hecho a escondidas, pues no conocemos ni los precandidatos, pero sí nos damos cuenta de que los elegidos lo son más para contentar a las bases que al electorado.

La reinterpretación postmoderna de El Fary

Ha muerto José Luis Cantero, conocido como “El Fary”. Nunca ha sido una gran estrella de la canción, aunque tuvo su público y pudo vivir de la música, a partir de un determinado momento de su vida. Su primera etapa se circunscribió a lo que era la venta de música en gasolineras, algunas actuaciones televisivas y las galas por las fiestas de toda España. Era un cantante un poco espeso de la canción española que se encuentra entre la bulería catalana y la copla más tradicional.

Su carrera tuvo un salto enorme en popularidad cuando la Postmodernidad resolvió la recuperación de un conjunto de artistas, escritores y personas que estaban encerrados en la categoría de casposos, como le sucedía a “El Fary”. Santiago Segura fue su puerta a las nuevas generaciones al encargarle el tema central de una película, “Torrente, el brazo tonto de la ley”, que se convertiría en un éxito en las taquillas de los cines. Pero no sólo tuvo éxito el tema central, “Apatrullando la ciudad”, sino que Segura hizo de “El Fary” unos de los ídolos del antihéroe que protagonizaba su cinta. “El Fary” pasó a ser uno de los referentes festivos de la juventud y sus canciones se escucharon en fiestas y discotecas pachangueras.

La reivindicación de “El Fary” se convirtió en una proclama antisistema, en un lema de los que ven en la música al uso, un producto solamente pensado para su consumo. Pero esta reivindicación tenía más de negativo que de positivo, pues no era porque gustase “El Fary” y su música, sino era precisamente por lo contrario, porque no gustaba en absoluto, especialmente a los mantenedores ideológicos del pensamiento único. Por ello fue la bandera de los que, a niveles diferentes, se sienten incómodos en la sociedad contemporánea.

Amigas y amadas

Las relaciones personas son tan diferentes que nuestro lenguaje cotidiano muchas veces nos traiciona o al menos es inconveniente para hablar correctamente de éstas. Muchas veces se sitúa al odio en un extremo de una misma relación, cuyo extremo contrario es el amor. Evidentemente hay puntos intermedios. Voy a centrarme en la relación entre amistad y amor.

Cuyas veces consideramos que el amor es una intensificación de la relación de amistad. Esto es falso, porque no son la misma relación con diferentes grados de intensidad, sino dos relaciones diferentes, con dos sentimientos correlativos también diferentes.

Ésta es la causa por la que los varones entendemos que la propuesta de amistad por parte de una mujer es realmente la negación de la posibilidad de amor. Caer en la tentación de querer ser amigo de una mujer con vista a un proceso de enamoramiento, es perder el tiempo y hacer el tonto. No se puede ser amigo de a quien se ama, sólo se puede ser su amante, nunca tener amistad con ella.

Presidencialismo para España

El sistema parlamentario establecido en España fue, en su momento, una incorporación al sistema ordinario de la mayoría de los países de las Comunidades Europeas, a las que no pertenecíamos en ese momento. No cabía en la cabeza, ni había precedente alguno en el Derecho Comparado, de establecer un Presidente fuerte. De hecho se quería y se optó por el sistema de gabinete reforzado propio del Reino Unido, gracias a una normativa electoral contraria a las minorías políticas de ámbito nacional, posibilitando lo que se ha llamado “bipartidismo en ciernes”.

Varios acontecimientos han posibilitado que se apunte la creación de un verdadero sistema presidencial en España. Preliminarmente hemos de indicar que el Presidencialismo no es incompatible con la existencia de la Monarquía, pues el Rey no tiene poderes políticos independientes, por lo que no habría interferencia.

El Presidente del Gobierno en el sistema presidencialista debería ser elegido directamente por la ciudadanía. La elección debería en una única circunscripción y a doble vuelta.

La única circunscripción evitaría que el voto de una zona del país valiese más que la de otra, concretamente sería una forma de quitarle el peso político desorbitado a las zonas rurales de poca población, en beneficio de la mayoría de los ciudadanos. Se cumpliría realmente el aforismo que dice que “una persona, un voto”.

La elección a doble vuelta garantizaría que el Presidente que fuera elegido estuviera respaldado por la mayoría de la ciudadanía, cosa que no se consigue con una sola ronda, ya que normalmente el Presidente siempre sería un candidato minoritario.

Francia tiene un sistema de preselección de los candidatos que consiste en la necesidad de presentar un respaldo firmado por cargos locales o nacionales, con la finalidad de que no se presenten doscientos candidatos en búsqueda de la anécdota o la promoción personal, y que los candidatos que se presenten sean de cierta entidad o que por lo menos cuenten con el respaldo de una fuerza con cierta fuerza social. Esto es un sistema de limitación y como tal hace que la calidad democrática pierda, pero sería conveniente no convertir las elecciones presidenciales en un carnaval. De hecho ya se hace en España con las candidaturas independientes.

Actualmente el Presidente del Gobierno nombra libremente a los miembros de su gobierno, sin concurso de las Cortes. No tendría sentido modificar esto, si lo que tratamos es de reforzar la Presidencia. La técnica de confirmación en los Estados Unidos no es factible. Dada la disciplina parlamentaria que existe en los países europeos, no se podría formar gobierno en determinadas circunstancias. Ello no sería óbice para que los ministros y otros altos cargos comparecieran antes de ser nombrados.

El Presidente no podría ser objeto de ninguna censura. Por lo que sólo podría dejar el cargo por renuncia, fallecimiento o incapacidad, o por medio de una sentencia penal del Tribunal Supremo y/o del Tribunal Constitucional. La sucesión del Presidente tendría que estar marcada severamente y creo que el candidato a la Presidencia debería comparecer ante los electores con un candidato a la Vicepresidencia, como en EEUU, de forma que el sucesor pudiera terminar el plazo de mandato sin necesidad de convocar elecciones especiales.

El Presidente perdería la capacidad para disolver las Cortes antes de la finalización de la legislatura y así se reforzaría la mermada división de poderes que tenemos. Sí ganarían la capacidad de nominación de determinados cargos judiciales, con confirmación parlamentaria, pero sin mayorías reforzadas. Esto tendría el efecto positivo de cambiar determinado sentido corporativista en el Judicatura y darle la preeminencia al puesto y no a la antigüedad del juez. Permitiría democratizar la Justicia.

El número de mandatos es una cuestión siempre problemática. Hasta ahora no ha habido limitación constitucional ni legal ninguna. Creo que los mandatos deben ser dos y cada uno de una duración de cinco años, de forma que la permanencia máxima continua en la Presidencia sería de diez años.

Habría que autorizar de forma expresa el ejercicio de la potestad reglamentaria “praeter legem”, incluso reduciendo la excesivas “reservas de Ley” que hay en nuestro texto constitucional. El reglamento “praeter legem” dejaría de ser tal para convertirse en tener rango legal en ausencia de Ley o de revocación por la Cortes por medio de una Ley. Habría que revisar la necesidad del Decreto-Ley, teniendo en cuenta la nueva figura generalizada del reglamento “praeter legem”. El Decreto-Legislativo podría continuar como ahora.

Dado que el Presidente tiene una legitimidad democrática directa y puede tener una orientación diferente de las Cortes, hay que buscar un equilibrio. Al Presidente se le debería conceder la facultad de vetar una Ley de las Cortes. El veto debería consistir en la negación de la firma, para lo que sería necesario que el Presidente firmase, junto al Rey, todas las leyes (lo que ahora es práctica normal). El veto debería poder ser enervado por las Cortes por una mayoría cualificada. La Ley Presupuestaria debería estar fuera de la potestad de veto presidencial. El Presidente conservaría el derecho de iniciativa legislativa, como lo tiene en la actualidad.

Las Cortes deberían cambiar, naturalmente. Para el Congreso se debería adoptar un sistema más representativo y menos territorial, manteniendo la proporcionalidad, mientras que el Senado debería ser la cámara de representación territorial, habiendo dos o tres senadores por Comunidad Autónoma.

Sarkozy ya es Presidente

Sarkozy se merece ya ser un tema estrella en mis escritos, porque voy a volver a hablar de él. Hoy ha tomado posesión como Presidente de Francia, con ese protocolo de religión laica y monarquía republicana con el que los franceses saben rodea a su más alta magistratura. El fragmento de su discurso que he podido oír se acerca mucho a la temática que me gustaría que los políticos de la izquierda española empleasen; le he oído hablar de grandeza, de cumplir con la palabra dada, de identidad, pero todo ello con serenidad democrática, con templaza que hace que la firmeza no pueda convertirse en arbitrariedad.

El absurdo concepto de campaña electoral

            La legislación electoral española es absurda. Limita la campaña electoral a los dieciséis días anteriores a las elecciones, siendo el último el “día de reflexión”. Las campañas electoral ya duren meses y se ha buscado el eufemismo “precampaña” para darle cabida conceptual a la colocación de vallas, carteles, al anuncio de las candidaturas y la celebración de actos. En la precampaña electoral todo sabe a campaña, con la excepción de que no se puede pedir el voto.

 

            La prohibición de prohibir el voto ha generado un caudal de sinónimos para decirlo sin nombrar el “voto”. Es un absurdo. Es como celebrar una fiesta de cumpleaños sin que asista el que los cumple o un funeral en el que el muerto está vivo. Las campañas deberías durar oficialmente todo lo que duran realmente y llegar hasta el mismo día de las elecciones.

 

            El actual sistema de campaña electoral solamente propicia el absurdo, pero en España, país que gusta de las cosas sin sentidos, de que haya procuradores y abogados, notarios y registradores, médicos de cabecera y de atención especializada, un nuevo absurdo no es relevante.

Sarkozy y el olvido del pasado inmediato

Sarkozy promete como presidente ‘rehabilitar la autoridad, el mérito y el honor de la Nación’. Ésta es la portada de “El Mundo” hoy. Ya he dicho que Sarkozy me cae bien y que lo mismo le hubiera hasta votado, pero estas palabras me han producido algunas consideraciones.

Los últimos doce años la Presidencia de Francia ha sido detentada por un miembro de su mismo partido, la UMP; muy mal lo ha tenido que hacer Jacques Chirac para que su compañero de partido tenga de rehabilitar el país. Añadamos a esto el dato de que durante los doce años de mandatos de Chirac, ocho han sido con mayorías parlamentarias del partido de Sarkozy.

Si Francia necesita una rehabilitación algo habrá tenido que ver Sarkozy, pues el partido que dirige ha gobernado Francia y él mismo ha sido ministro de Economía y del Interior.

Francia: segunda vuelta. Sarkozy y royal

En Francia se han publicado los últimos sondeos sobre las elecciones presidenciales, cuya segunda y definitiva vuelta será el mañana. Todos los sondeos dan la victoria a Sarkozy frente a Royal, aumentando su diferencia respecto a los sondeos de días anteriores. Mi teoría sobre la división a la mitad del voto centrista se cumple, lo cual le entrega la presidencia de la República al candidato de la UMP.

Destaca “El País” que entre los votantes de extrema izquierda (que no sé si en Francia son un colectivo numéricamente representativo) Sarkozy recibe el respaldo de casi la cuarta parte, lo cual, a mi entender, es sintomático de un cambio de tendencia en este país vecino, ya que paradójicamente es el candidato de la derecha el mejor garante de la laicidad del Estado Francés.

Otro elemento llamativo es que la derecha francesa, y universal, tiene una habilidad inusitada para dar la vuelta a los acontecimientos: se queman miles de coches bajo el mandato de Sarkozy como ministro del Interior y él tiene la imagen de duro frente al crimen, cuando fue el responsable de no atajar estos desmanes. Pero es que los socialistas franceses, y los de todo el mundo, operan con una tontería, que permite estas maniobras de “vuelta de la tortilla”. En vez de atacar al ministro por la inoperancia de las fuerzas del orden, se ponen a hacer metafísica de la integración, de la diferencia y la pluriculturalidad, cuando ante todo estaban ante una clara y simple alteración del orden público que Sarkozy no pudo atajar, sólo cabiéndole esperar a que se agotara en ella misma.

Si yo fuera francés y pudiera votar mañana. No sé, lo mismo también lo hacía por Sarkozy. Royal se suena a una política de caramelo, con buen sabor pero con poca consistencia.

El final de la burbuja inmobiliaria

La noticia del día, que puede llegar a ser histórica, es que los valores bursátiles de las empresas inmobiliarias se han desplomado. Algunos hablan ya del fin de la burbuja inmobiliaria, otros dicen que es pronto para eso y que por ahora sólo hay un pinchazo de los valores bursátiles relacionados con el mundo inmobiliario. Veremos a ver qué pasa, pero si no es el final de la burbuja, sí será el primer aviso. Dos motivos: los precios son más excesivos y hay una sobreoferta.

Sometidos a las empresas informativas

Sin información constante se vive estupendamente. Llevo varias semanas, si no meses, sin la necesidad de estar informado constantemente, sin leer los portales de los periódicos antes de irme a trabajar, ni poner un solo informativo de la radio o de la televisión. Sé lo que pasa y tengo mucho tiempo disponible. El acceso a una información veraz es, sin dudas, un derecho fundamental, pero también es un negocio que facturas grandes cantidades de dinero. Puede que el más importante principio de la Publicidad es que para vende algo, antes hay que provocar la necesidad de adquirirlo y eso hacen las empresas de comunicación. Los medios de comunicación crean la necesidad de que las personas sintamos que necesitamos tanta información como quieran darnos y que toda ella es imprescindible.

Hay personas que viven colapsadas por la noticia del siglo de cada día o por el fin de la historia de cada minuto. Mantenerse informado es fácil y no coge demasiado tiempo si se tiene agilidad y un poco de inteligencia. Se está informado para vivir, no se vive para estar informado. Hoy, más que nunca, cabe la selección de información.

La memoria es frágil en muchas ocasiones y en eso se basa la fidelidad a un medio concreto. Los medios tapan sus muchos fracasos y enaltecen sus pocos éxitos. Yo he sido súbdito de dos grupos informativos. En mi adolescencia, la información que daba TVE era escasa y nunca se anticipaba a nada, por lo que me entregué a la escucha obsesiva de Antena 3 Radio. Desde 1996 la obsesión se trasladó a la Cadena Ser. Hoy a nada y todos lo informativos me han un poco de asquito. Leo los titulares en Internet y eso, por lo que veo, es más que suficiente, porque siempre se puede ampliar alguna noticia de interés.

Los curas de Entrevías

Los curas de Entrevías se han convertido en los protagonistas de esta Semana Santa en buena parte de los medios de comunicación. Parece que es un nuevo episodio del soterrado enfrentamiento entre el envejecido clero de la época del Cardenal Tarancón y el nuevo clero, joven y muy conservador, del Cardenal Rouco. Los curas de Entrevías han optado por quitarse la careta y celebrar la Eucaristía sin las ropas litúrgicas, como hacen muchos sacerdotes en el seno de sus comunidades o con reducidos grupos. Se ha roto el pacto tácito que gobierna la Iglesia española desde hace mucho tiempo, cada cual hace en el interior lo que quiera, pero se mantiene la imagen en el exterior.

El Cardenal Rouco, en vez de mirar para otro lado, que hubiera sido lo más prudente, ordena el cierre de la parroquia y saca un pequeño conflicto parroquial a las portadas de unos medios de comunicación casi sin noticias esta semana. Llegará la próxima semana, los medios tendrán con qué alimentar sus páginas y minutos, y será el momento en el que el Cardenal Rouco y su curia podrán actuar al amparo del olvido. Pensarán que habrán ganado, como siempre, pero no valorarán el daño que la imagen de la Iglesia Católica ha sufrido nuevamente, desacreditada por prácticas dictatoriales de quiénes piensan que él ejercicio de la autoridad eclesiástica consiste en la posibilidad de actuar siempre con todos los medios coercitivos sin medir las consecuencias.

Ya decía Max Weber que una cosa es la ética de la convicción y otra la de la responsabilidad: quién asume la autoridad debe guiarse por ésta última, si no quiere que las consecuencias de sus muy respetables convicciones arrastren a su institución en un plazo no muy lejano.

Air Madrid: la fortaleza del gobierno

Llevamos una semana esperando a ver si la compañía aérea “Air Madrid” conservaba su licencia de vuelo o no. Anoche las autoridades de navegación aérea decidieron retirársela. Las constantes quejas de los pasajeros y los problemas de seguridad debidos al poco mantenimiento de los aparatos, así como a su constante utilización para cubrir largas rutas con una flota minúscula, han llevado a nuestro gobierno a tomar una decisión drástica.

Esto es lo que hace un gobierno responsable. Un gobierno que la contundencia la demuestra en los hechos y no en las airadas declaraciones. La seguridad de los pasajeros es lo primero. Luego los llantos, llevar al Rey a los funerales y las promesas de inspeccionar no les devuelve la vida a los fallecidos en accidente aéreo. Que un gobierno cumpla con su deber se mide más por lo que ha evitado que por lo que tiene que remediar.

Querer que haya muertos

El PP está deseando que se rompa la tregua y que haya muertos. Así podrá arañar unos miserables votos y quizá ganar las elecciones. Que las ganen, pero el Presidente Zapatero ha conseguido más de un año sin muertos, personas que siguen viviendo gracias a su "debilidad", a su bendita "debilidad". Me asquea que unos españoles deseen la muerte de otros para subir en los sondeos.

El trasfondo del Doctor House

Queremos tener médicos competentes, educados, agradables, que nos escuchen y que intenten que los comprendamos perfectamente cuando describen nuestras enfermedades o las de nuestros familiares. Detestamos a los médicos prepotentes, arrogantes, que se refugian en su jerga médica y que reducen sus visitas a los enfermos a lo mínimo imprescindible. Dadas nuestras preferencias, cabe preguntarse entonces ¿por qué gusta tanto el Doctor House? El personaje de Gregory House representa al médico que a ninguno de nosotros nos gustaría tener, por muy genial que sea, porque hay muchos médicos buenos.

Vuelvo a preguntarme: ¿por qué gusta tanto el Doctor House? Creo que la explicación no tiene nada que ver con la Medicina y mucho con las represiones y frustraciones que todos tenemos. House es el personaje que todos queremos ser en nuestros trabajos, con la inmunidad de la excelencia personal. Como sabemos que no podríamos vivir y relacionarnos normalmente llevando este tipo de existencia, nos ponemos los martes ante las pantallas de televisión y soñamos que somos el Doctor House.

Fernando Savater

En España hay dos filósofos famosos, uno se llama José Antonio Marina y otro Fernando Savater. Ya me ocuparé un día de estos de Marina, hoy le toca a Savater. El pensador donostiarra ha ido predicando por todo nuestro país y por Latinoamérica la subversión de valores, realizando un pensamiento frívolo y sin ataduras con la realidad. Llegó el momento en el que se metió a hablar de cosas de verdad y no de sus frustraciones adolescentes y cayó bajo los efectos del péndulo.

Ahora reniega en sus palabras del espíritu nietzcheano del que alardeó e incluso despotrica, crípticamente, de la Modernidad. Es fácil, para quién no quiere esforzarse en pensar en el pensamiento vigente, refugiarse en la más rancia escolástica, aunque sea sin citarla.

Hace un año asistí a una conferencia de Savater en mi ciudad; no comprendo que los años de estudio y de investigación, que se les presume, justifique que la tesis fundamental de su charla sea: “lo importante es lo importante, lo que no es importante no es importante”.

Pinochet y la Justicia

 Augusto Pinochet ha muerto. Ha muerto en la cama de un hospital y no en la cárcel, como muchos pensamos que iba a ser posible, poniéndole más ilusión que realismo. Llevar a Pinochet a los tribunales, someterlo a juicio y, si procede, condenarlo hubiese sido un triunfo del Estado de Derecho. Otros consideran que podría haber sido un atentado contra el mínimo realismo político, ya que sería una invitación a los dictadores a no dejar pacíficamente el poder.

 Sin dejar esto de ser verdad, lo que está en juego es el sentido del ejercicio del ius puniendi, tanto nacional como internacional. Hasta ahora no ha habido una justicia y una penalidad disuasoria de los dictadores y torturadores, siendo la salida política la única posible. Hacer que este nuevo modelo de justicia internacional puede disuadir a unos cuantos aspirantes de opresores, aunque habrá algunos que cedan a la tentación, como sucede en la delincuencia común y no por ello desmantelamos el sistema policial y judicial.

 Pinochet ha muerto sin ser condenado, pero sí desaforado, en arresto domiciliario. Un triste consuelo para sus víctimas, pero este proceso ha abierto el camino para que la “criminalización de la barbarie” sea una realidad. El primer paso que vendrá seguido, sin lugar a dudas, de muchos más, que la civilización va a mantener contra la impunidad de los asesinos de masas, de los torturadores, en definitiva, de los que han cometido y todavía cometen crímenes contra la Humanidad.

Princesas plebeyas y príncipes patricios

Rómulo tomó a los cabezas de familia (paterfamilias) de las cien familias que vivían en la zona de Roma en el momento de su fundación, reza la leyenda. Estos patres dieron lugar al adjetivo patricium. Los habitantes de Roma que no pertenecían a los descendientes de esas cien familias, fueron llamados plebeyos. Los patricios formaron una élite social que progresivamente se fue aliando con los elementos más ricos de los plebeyos para formar la nueva nobleza que, en los años finales de la República, se le conoció como optimates. Un plebeyo era alguien que no descendía de los miembros originarios de la comunidad romana.


Muchos herederos de las coronas europeas supervivientes han optado por contraer matrimonio con mujeres que no pertenecen ni a la realeza no a la nobleza de ninguno de los países que mantienen estas antiguas instituciones. Muchos comentaristas hablan de princesas plebeyas, sin tener ni la menor idea de la procedencia y del significado de este término. Aplicando estrictamente la dicotomía de patricio y plebeyo, resultaría que el Príncipe de Asturias sería más plebeyo que su esposa, ya que él tiene una multitud de antecesores que no eran españoles, mientras que a la Princesa la ascendencia extranjera le es desconocida.

Pero no es de esto de lo quiero hablar, sino de los problemas que las llamadas “princesas plebeyas” plantean a las casas reinantes. El caso inicial y paradigmático es el de Diana de Gales, que realmente sí pertenecía a la nobleza británica, no en vano su hermano heredó el titulo de barón que tenía su padre.  Estas princesas de cuento de hadas, estas mal llamadas “princesas plebeyas”, acaban teniendo problemas con su nueva vida. Los comentaristas suelen decir que no se encuentran a gusto con el “protocolo de Palacio”. La pregunta es qué eso del “protocolo de Palacio”, pues ninguna de las familias reales mantienen el antiguo protocolo ni las parejas herederas viven en las mismas residencias que las parejas reinantes. El problema de las “princesas plebeyas” es el problema de los “príncipes patricios”: las pocas ganas de trabajar. Las monarquías de Europa Occidental tienen un papel simbólico y es la representación del Estado su casi única función. No querer participar en el “protocolo” no es diferente a no querer realizar la función representativa, que es el contenido de su trabajo.

Estas princesas no tienen la iniciativa en este punto, sino que reflejan sus modelos, sus maridos. Estos príncipes que han llevado una vida despreocupada durante años no saben someterse a un horario, a ir de un lugar a otro y, además, hacerlo bien, es decir, sonreír y ser agradables, que es para lo que se les paga.
 Las actuales parejas herederas tienen que aprender cuál es su trabajo, para qué están y que no todo es viajar lujosamente, porque de lo contrario muchos se arrancarían a pedir que el puesto se eligiese popularmente o, incluso mejor, fuera el “gordo” de la lotería navideña.

La oposición se hace en el Parlamento

El Tribunal Supremo ha resuelto que el hecho de que representantes del Partido Socialista se hayan reunido públicamente con representantes de Batasuna, formación ilegalizada, no es un delito. El Supremo sitúa la aceptación o el rechazo de estos encuentros en el plano de lo político, específicamente en el ámbito del control parlamentario de la acción de gobierno. La resolución del Tribunal Supremo me parece óptima. Dicho esto, quisiera hacer algunas precisiones.

Esta resolución trae causa de una querella presentada por el sindicato "Manos Limpias". Hasta donde sé este sindicato no tiene ningún representante electo por los funcionarios, a los que se dirige. Según su página web sólo realiza cierta actividad dentro del Ayuntamiento de Madrid, y una anecdótica en la Comunidad de Madrid, con denuncias dirigidas contra los hombres de confianza del alcalde madrileño y archienemigo de la línea más dura del PP.

No comprendo que un sindicato, además de la defensa de los trabajadores, diga que se ha constituido como una especie de heraldo contra la corrupción. Tengo la impresión, lo mismo confundida, de que si uno quiere hacer eso debe fundar una asociación o una fundación y no un sindicato. Un sindicato ha de dedicarse ante todo a las actividades propias de este tipo de colectivos, porque de lo contrario le sería de aplicación la doctrina societaria del "levantamiento del velo".

Turquía y la UE: deber y no querer

La Unión Europea sabe que debe admitir entre sus miembros a Turquía, pero la Unión Europea no quiere hacerlo. Es un ejemplo más de querer no hacer algo y tenerlo que hacer. Las razones, siempre taimadas, en las que refugia la UE son variadas, tantas como la diferencia cultural entre Europa Occidental y Turquía. Hay tantos puntos para diferir la adhesión de Turquía que las negociaciones podrían alargarse más de un siglo, si ésa es la voluntad de la UE. Pero todos sabemos que sólo hay algunas cuestiones importantes, como es la libre circulación de trabajadores y las relaciones con Chipre. Todo lo de más son tácticas dilatorias. Aunque muchos no quieran, hay que hacerlo y eso lo saben de sobra España  y el Reino Unido.