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Tallas. Hacer políticas de verdad

El estudio y la propuesta de la unificación de las tallas es un ejemplo de esa política que tiene incidencia en los ciudadanos, pero que el debate política crispado, especialmente en las semanas previas a las elecciones generales, nunca consigue incluir.

Todos nos sentiríamos extraños que un metro tiene una longitud diferente dependiendo del establecimiento comercial, que un kilo fuese diferente de una tienda a otra, que una hora durase más o menos según el servicio que contratásemos o que el volumen de un litro fue determinado por cada empresa embotelladora.

Nos volveríamos locos, pero no hemos caído que hemos estado consintiendo que esta situación se dé en algo tan cotidiano como son las prendas de vestir. Las referencias generales no perjudican a nada y benefician a casi todos, quedándose fuera los que hacen un gran negocio con las llamadas tallas especiales que realmente no lo son, que son únicamente tallas grandes que se numeran caprichosamente para conseguir más beneficios por la especialidad del tamaño.

La competencia para esta medida se encuentra en la décimo segunda regla del artículo 149.1 de la Constitución atribuye al Estado competencia exclusiva en pesas y medidas, así como en la determinación de la hora oficial. Esta competencia ha sido atendida por el Ministerio de Industria y Centro Español de Metrología.

Ahora queda que la propuesta del Ministerio de Sanidad se tramite por medio de normas y no con códigos de autorregulación que luego los suscriptores no atienden y se desatienden. Lo que ha presentado el ministro Soria es política de la verdad, la que afecta a todos, que tiene serias repercusiones industriales, económicas y sanitarias. Éste sí que ha sido un gobierno para los ciudadanos.

Las cosas de Izquierda Unida

No es que yo le tenga manía a Izquierda Unida, sino es que hay cosas que propone que no consigo entender ni el sentido o la posibilidad de su aplicación. La coalición ha propuesto crear un registro de billetes de 500 euros con la intención de luchar contra la corrupción urbanística y la economía sumergida.

El dinero, desde que se creó, es anónimo y se resiste al registro. No sé si habría que registrarse en el banco al retirar uno, al ingresarlo, qué se hace con los que ya circulan, quién asume los gastos registrales o si piensan en retirarlos todos y volver a sacar un nuevo billete de 500 euros.

Si esta medida fuera factible y tuviera éxito registral, lo único que puede producir la propuesta de IU es hacer subir la demanda de billetes de 200, 100 o 50 euros, así como aumentar las ventas de maletines y de bolsas de basuras de mayor tamaño (al gusto del usuario). ¿Cuál sería la propuesta de IU entonces? ¿Crear un registro para cada uno de los billetes de valor superior a los diez euros? ¿Eliminar los billetes y que todo le tenga que pagar con tarjeta? (los bancos estarían encantados).

La economía sumergida, la corrupción urbanística y el fraude fiscal no se pueden dificultar mediante el control de los billetes, sino por otros medios que lo desincentiven y lo haga a medio plazo mucho más costoso que declarar los ingresos a Hacienda. Cualquier medida, pensada como barita mágica, es fácilmente eludible.

Para finalizar quiero decir que la nota de prensa de IU tiene otras cosas más relevantes: garantizar la financiación a las Haciendas Locales, medidas preventivas contra la especulación o reforzar las incompatibilidades en materia de ordenación del territorio, infraestructuras o reformar la Ley Electoral para que no puedan presentarse los procesados por corrupción (de dudosa constitucionalidad). Las medidas consistentes la dejan para el final, apretadas y ellos mismos titulan la nota de prensa con el registro de billetes de 500 euros y luego se quejarán del trato que los medios les dan. Cosas de Izquierda Unida.

Libros sobre espionaje

Después de leerme libros espesos a la hora de dormir, decidí para que ese momento lo mejor eran libros más ligeros. Me orienté hacia los libros sobre espionaje, no las novelas, sino los que de tarde en tarde escriben espías enfadados, hartos o intrépidos periodistas.

Ya llevo cuatro libros leídos de esta temática. No es que me haya convertido en un especialista en este curioso género, pero mi tendencia a la teorización me impele a escribir sobre algunos de los patrones que llevo encontrado. Evidentemente son generalizaciones a partir de cuatro libros.

Lo primero que tengo que decir es que son libros entretenidos y que desde luego no se pueden utilizar como somníferos no farmacéuticos. Si no tienes demasiado sueño, te despiertan, te lees más de cien páginas de un golpe y acabas dándote cuenta de que vas a poder dormir muy poco.

La mayoría de los autores encubren cosas a pesar de que pretenden revelar algunos secretos. Los datos son de naturaleza icorroborable, de forma que te los crees o no te los crees, pero cabe una posición intermedia, aceptarlos como una narración de ficción con cierto fundamento en la realidad.

Una que se lee como realidad ficcionada, sí le exigiría a los autores y a los editores cierta coherencia interna, es decir, que no hubiera contradicciones. Algunas son de bulto, como andar buscando la manera de pasar de África a Europa, para comentar acto seguido unas vacaciones en Centroeuropa, para luego volver a la búsqueda de ese pase europeo. A veces sientes que por ocultar, el autor y los editores piensan que los lectores somos unos ignorantes si nos intentan convencer de que desde Split (Croacia) a Frankfurt (Alemania) hay media hora de vuelo en un avión Hércules, y que desde Frankfurt a Sarajevo hay sólo diez minutos en el mismo aparato.

Los libros, no las novelas, de espías tienen su momento sindical. Es normal la queja por el sueldo, las relaciones con los superiores, el poco aprecio por el trabajo de información que tienen los dirigentes políticos y como hay puñaladas entre los compañeros.

Lo que es común en los cuatro libros que he leído es la tendencia a desmitificar el trabajo de espía y decir que la imagen de James Bond poco tiene que ver con ellos. Describen las precariedades de recursos en sus servicios de inteligencia, las limitaciones presupuestarias, los edificios vetustos y el mobiliario de tercera categoría. Reconocen innovaciones tecnológicas, pero vienen a decir que la utilidad se la dan ellos con su esfuerzo e ingenio. Generalmente recelan de la tecnología, para defender la función humana y sus puestos de trabajo.

Es sorprendente la tremenda burocracia que se refleja en los libros de espías que llevo. Hay muchos más administradores y trabajo de oficina e interpretación, que trabajo de campo. La proliferación de órganos, lleva a la inundación de letras y números para designar cada no ya cada organismo de cierta importancia, sino cada negociado, oficina y casi cada puesto. Si quieres llevar el hilo con todas las siglas, que las tienes que estudiar; yo recomiendo conocer sólo las que más se repiten.

Tanta burocracia produce una cantidad prácticamente inabarcable de documentos. La sensación que voy albergando es que el mundo es una inmensa biblioteca, de las que Borges imaginaba y describía, pero toda ella compuesta de documentos que son escritos para no ser leídos.

Reitero lo dicho. Si se toma como realidad ficcionada o como ficción con trazos de realidad, la lectura de estos libros es grata y sirve para evadirse un poco antes de intentar que Morfeo no nos olvide ni nos maldiga.

Rajoy me echaría de España

La propuesta del PP sobre inmigración, llamada “contrato de integración” es ridícula desde todos los puntos de vista, empezando porque no existe un compromiso de cumplir las leyes, pues es una obligación por estar bajo la jurisdicción de España. La ridiculez de pretender que alguien se compromete en respetar las leyes, llega al absurdo cuando se habla de conformidad con las costumbres españolas. Me lo he aplicado a mí mismo y me he preguntado que si yo fuera un inmigrante bajo la presidencia de Rajoy podría ser expulsado por no tener las costumbres españolas.

Saber cuáles son las costumbres españolas es difícil. Para poder aplicarme el criterio del PP voy a hacer una adaptación local sevillana de la normativa (soy sevillano, pero no vivo en Sevilla).

La siesta: yo no duermo la siesta y siendo este periodo de sueño diurno la mayor aportación de España a la configuración actual de Occidente. Cero.

La Semana Santa: me gusta ver las procesiones, pero no participio en ninguna de ellas. Creo que en esto puedo alcanzar un aprobado raspadito. Cinco.

Feria de Abril: la odio, no la pisaba ni cuando vivía en Sevilla y cuando estoy allí y se celebra, procuro estar lo más apartado que pueda del recinto ferial. Aquí “cero patatero”.

Ir de tapas y cervezas: no me gusta mucho el tapeo y solamente asisto por estricta obligación social. La cerveza en especial y el alcohol en general me sientan mal. Cero.

Ver “Gran Hermano” y el resto de programas conocidos como “Telebasura”: la verdad es que ver “Gran Hermano” y la “Telebasura” sí que es una costumbre eminentemente española, dada la audiencia que obtienen y el tiempo que llevan en antena. Lo confieso, no los veo. Cero.

No leer un libro: con los datos de lectura en la mano, no leer o leer muy poco (se entiende leer un libro) es una costumbre española. Me acuso a mí mismo de leer todos los días y no la prensa deportiva, sino libros. Cero.

Flamenco y bailes regionales: mi más absoluta indiferencia. Cero.

Ir a misa: tengo la impresión que Rajoy considera que esto es irrenunciable, pero yo no piso una Iglesia desde que en la boda de un compañero de trabajo entré un minutillo para ver si tardaba mucho en acabar (tardó mucho). Cero

Ir a la playa: odio la playa, su arena, el calor, el viaje de vuelta, el apartamento caro y mal equipado, el atardecer, los hidropatines, quedarse a comer allí, el sol, el olor de los bronceadores, las algas, las aglomeraciones de seres humanos, las sombrillas, las medusas, las olas, la sal en la piel y todo lo que esté más allá del límite entre ciudad (civilización) y barbarie (playa). Cero.

Fiestas navideñas: lo mismo que con las playas pero elevado varias veces. Cero.

NOTA MEDIA: 0.5 puntos. En cumplimiento del contrato de Rajoy, yo que soy español estaría de patitas en la calle. Cuando Rajoy quiera hablar de inmigración con seriedad, lo hacemos, por ahora sólo se merece una contestación como ésta.

Se precisan auxiliares administrativos con cualificación universitaria

El País” informa que la Universidad de La Coruña ha estado investigando la marcha profesional de sus titulados después de salir de este centro superior. Iniciativa interesante a la luz de los resultados, aunque nada que la vida cotidiana no nos haga intuir.

Muchas empresas contratan a los licenciados para realizar labores propias y responsabilidad de licenciados, pero pagándoles encuadrándoles y pagándoles como auxiliares administrativos. Y estos son los afortunados, pues otros son reducidos a becarios.

Estas empresas lo quieren todo, formación universitaria para todos sus trabajadores a coste de personal con menos cualificación. Dicen que no llegan preparados y hay que enseñarles, pero esto no es más que una excusa. Si necesitan aprender, hay contratos de prácticas; si no han aprendido pasados meses o años, no entiendo porqué las empresas los mantienen contratados. Estas empresas no invierten nada en cualificar a sus trabajadores, salvo unos cursos por lo general tan caros como inútiles.

El problema, suele explicarse, por un exceso de la oferta de titulados universitarios, y escasez en la demanda. Esto ha podido ser cierto, pero no siempre, ya que si un recién titulado arquitecto entra en un estudio con categoría de auxiliar administrativo, no es para coger el teléfono. Se ha eliminado el trabajo propio de los licenciados de las plantillas de las empresas, pero la labor la sigan realizando los mismos a menor precio.

La falta de demanda de licenciados y el exceso de oferta se ha notado sobre todo en la Administración Pública, en la que muchos titulados superiores han obtenido plazas en grupos C y D. Ahora la promoción interna no es un incentivo para la formación, sino que se ha convertido en una forma de reconocimiento a posteriori de la sobretitulación de los funcionarios.

Las plantillas son documentos vacíos, las descripciones de puesto son de pura risa comparadas con las verdaderas funciones de los que los desempeñan y las retribuciones no tienen nada que ni con la labor ni con la responsabilidad.

Algunas ideas sobre soluciones posiblemente imposibles: que la Inspección de Trabajo salga de su eterno letargo; que los trabajadores licenciados se dejen de ínfulas impropias para mileuristas y se organicen de una vez; que se vigile la proporción entre contratos, objeto de la empresa y facturación; que se elimine la nefanda figura de los becarios; y otras cositas que a vosotros se os ocurrirán.

Filosofía del Lenguaje, Tratados Internacionales y Elecciones

El Derecho Internacional Público es una de las pocas ramas del Derecho que enseña sus miserias a todo el que se presta a leer el más simple manual de esta disciplina. Los iusinternacionalistas no se quedan normalmente en una presentación puramente formalista de su especialidad, sino que desde la primera página abordan cuestiones tales como la eficacia de las normas internacionales, cuestión que parece vetada a otros juristas, en especial a los civilistas o administrativistas.

Cuando se aborda la eficacia de los tratados internacionales, es normal indicar que los intentos para universalizar determinadas materias, como son los derechos humanos, llevan a adoptar textos excesivamente vagos para que puedan ser aceptados por la mayoría de los Estados que conforman la comunidad internacional. Cuanto más firmantes, menos preciso es el instrumento que se adopta.

Esta explicación converge con una clásica afirmación de la Filosofía del Lenguaje de que la relación entre intensión y extensión es inversa, esto es, cuanto mayor es una, menor es la otra. La intensión es el número de características que tiene un concepto, mientras que la extensión es el conjunto de objeto (reales o ideales) que se encuentran dentro de la definición del concepto.

Este principio no sólo es válido en la Filosofía del Lenguaje o el Derecho Internacional Público, sino en casi todos los campos de la vida. Cuanta más extensión quiere dársele a algo, menor tiene que ser la definición.

Muchos se extrañan que buena parte de las propuestas de los grandes partidos políticos sean indefinidas (y parecidas). Es así porque se dirigen a una gran extensión de personas a las que se pide su integración en el concepto mediante el voto. Por el contrario la definición más rigurosa la encontramos en las formaciones minoritarias y por ello y como consecuencia de ello son minoritarias, ya que muy pocos pueden o quieren identificarse con esas propuestas.

Un discurso para Zapatero

Egócrata ha lanzado hoy en su blog una propuesta/concurso de escribir un discurso para un candidato que busque inspirar, sea épico o magnífico (algo tipo Obama). Dado que me involucraba directamente, quiero atender su invitación.

Debía tener una duración para vídeo de Youtube, esto es, cuatro o cinco párrafos (esto no lo he podido cumplir), pensar en un candidato y dentro de su línea de campaña (en mí caso los he escrito pensando en el Presidente Rodríguez Zapatero). Advierto que algunas frases pueden que no sean originales del todo.

Un discurso para Zapatero

El futuro hay que ganarlo. Pero el futuro no llega sólo esperando que el tiempo pase. Debemos luchar desde hoy mismo, si no queremos que el fututo pase con indiferencia por nuestras puertas.

Hay que alzar la voz y el voto para manifestar lo verdaderamente importante. Hay que alzar la voz y el voto para proclamar una vez más lo que es evidente, que todos los seres humanos somos iguales. Hay que alzar la voz y el voto para pregonar en todos los rincones de nuestro país que los españoles no queremos que pase ni un minuto más en los que los intereses de la mayoría puedan estar secuestrados por una minoría interesada.

Me presento a la reelección porque quiero trabajar para que superemos las rémoras y los obstáculos que aún se deleitan en la España del pasado. Quiero romper los últimos lazos de una dominación ya invisible, pero fuerte, que busca frenar el desarrollo de nuestra sociedad. Quiero sentar las bases para que los españoles luchen por su futuro, para que los españoles elijan libremente a dónde ir, para que los españoles subamos cualquier cumbre y para que todos alcancemos lo que siempre hemos anhelado: igualdad, libertad, seguridad y bienestar.

Me presento a la reelección porque quiero lograr una España mejor. Una España para vivir como ciudadanos libres, donde nadie nos diga qué tenemos que pensar. Una España donde las minorías tengan cabida. Una España donde los más desfavorecidos tengan la oportunidad de una vida mejor. Una España en la que las obras públicas estén pensadas para el servicio de los ciudadanos y no para la gloria de los políticos. Una España en la que los jóvenes no vean imposible ejercer su derecho a tener una vivienda. Una España en la que nuestros mayores vivan con seguridad y confianza.

Tres virtudes cívicas defiendo: la eficacia, la honradez y la grandeza.

Eficacia para hacer que el Estado produzca el mayor beneficio con los recursos que ya tiene; una eficacia que devuelva dinero a los ciudadanos cada año; eficacia para volver a ingresar más que nunca en el fondo de reserva de la Seguridad Social; eficacia para que nuestra economía sea la de mayor crecimiento de Europa.

Honradez para dar a cada cual lo que le corresponde, para cumplir escrupulosamente con la Ley. No creemos en los atajos, en los chanchullos, en los subterráneos de la legalidad. Queremos cumplir la Ley porque la Ley es la principal garantía de que todos seremos tratados de la misma manera.

España merece grandeza. La grandeza que quiero es la grandeza de las personas, la posibilidad de hacer realidad, con esfuerzo, nuestras aspiraciones. No quiero la grandeza de arcos del triunfo ni de los desfiles: ésa es la grandeza de los hombres pequeños. La grandeza que me comprometo a perseguir es la grandeza de cada uno de los ciudadanos. Una grandeza que consiste en sentir que el mundo nos pertenece, que sus sueños son posibles con el esfuerzo de todos. La verdadera grandeza está en el corazón de las personas.

Si alguien quiere que las grandes empresas, en lugar que los españoles, sean las que reciban las devoluciones de los impuestos, que no me vote. Si alguien quiere mendigar, arrodillarse e implorarle ante el jerifalte político de turno, que no me vote. Si alguien quiere que se le adjudiquen contratos a dedo, que no me vote. Si alguien quiere beneficiarse de que los servicios públicos se abandonen o se privaticen, que no me vote. Si alguien piensa que la especulación inmobiliaria es buena para la economía de los españoles, que no me vote. Si alguien quiere seguir atemorizando a los españoles, que no me vote.

Que me vote el que quiera que España sea de todos. Que me vote el que quiera que sus hijos tengan oportunidades reales. Que me vote el que no se vende por un plato de lentejas. Que me vote el que quiera que sus pensiones estén garantizadas y que no sean entregadas a aseguradoras privadas. Que me vote el que quiera que sus mayores sean atendidos. Que me vote el que quiera ser atendido cuando sea mayor. Que me vote el que no quiera disponer de plazas públicas de guardería para sus hijos. Pido el voto a todos los españoles, para que la mayoría sea la que gobierne.

Conservadurismo y Liberalismo (III)

9. Función del Estado

Y llegamos a uno de los puntos donde Conservadurismo y Liberalismo parecen converger, pero esta convergencia es solamente aparente: el papel del Estado. Los conservadores son enemigos de un Estado fuerte y para ello arguyen el principio de subsidiariedad, según el cual el Estado solamente puede actuar cuando la sociedad no puede hacer algo independientemente. Los conservadores, como ya indicamos anteriormente, no consideran que la sociedad sea un agregado de individuos libres e iguales, sino que la sociedad es un conjunto de grupos, colectivos o estamentos sociales. En definitiva el Conservadurismo sustituye al Estado por pequeños estados que son estas colectividades.

El Liberalismo sostiene que el Estado tiene que ser mínimo y que únicamente debe ser un instrumento para que los individuos sean libres y únicamente para ello. La relación entre el individuo y el Estado es directa y sin intermediarios, ya que multiplicar el número de los entes colectivos con poder político tiene por consecuencia una mayor pérdida de la libertad individual.

10. Gobierno del Estado

A pesar de que intenten aplicar el principio de subsidiariedad a la acción del Estado, los conservadores, fieles a su jerarquización social, consideran que solamente algunos pocos grupos pueden y deben hacerse con el control del Estado, ya que solamente estos grupos reúnen las cualidades necesarias para dirigir correctamente al Estado.

Los liberales, fieles a su individualismo, siempre han mantenido la idea de que a un hombre (y ahora una mujer) le debe corresponder un voto, esto es, que cada individuo debe tener el mismo peso político que otro. Las instituciones políticas del Estado deben representar la voluntad general que expresa la mayoría, debiéndose desterrar cualquier tipo de representación que modifique la suma agregada de voluntades.

11. Derechos y Libertades

No sólo en la organización política se diferencia liberales de conservadores, sino también en su concepción. Los derechos de los conservadores son los del grupo, que en muchos casos son verdaderos privilegios de clase. Los liberales mantienen la universalidad, la inalienabilidad y la imprescriptibilidad de los derechos fundamentales, entendiendo por tales los que Pérez-Luño llama “derechos de primera generación” o que también se conocen como “derechos civiles y políticos”, ocupando el derecho de propiedad un lugar preeminente dentro del catálogo de derechos. Igualdad en derechos e igualdad ante la Ley.

12. Nacionalismo y Patriotismo

Fruto de la consideración de la tradición como Hipervalor, conlleva a la exaltación de las peculiaridades de la propia tradición. Una exaltación que rescribe la historia si es necesario y que intenta marcar las diferencias entre la propia tradición y las otras, especialmente con las más cercanas, buscando mostrar que la tradición propia es superior a las demás y transmitiendo esta valoración a toda la sociedad bajo el nombre de “patriotismo”, que también puede recibir la denominación de “nacionalismo” en un sentido amplio.

Por el contrario el Liberalismo mantiene que las diferencias entre Estados es sólo fruto de un devenir histórico y que no pueden estar sobre las libertades y derechos de los individuos. Podemos decir que el Liberalismo representó la primera forma de “Internacionalismo” al considerar que la identidad nacional, comunitaria o histórica cedía ante el individuo y sus determinaciones.

13. Comercio internacional

El Conservadurismo en materia de comercio internacional, fruto de su nacionalismo, es proteccionista. Normalmente los conservadores se han apoyado o han salido de los sectores económicos más inmovilistas, especialmente de los propietarios agrícolas. Los agricultores ven en libre comercio una dificultad para continuar con sus “monopolios” productivos.

Los liberales siempre han mantenido que el comercio internacional debía tener tan pocas restricciones como el comercio interno. Esto también se debe a los liberales provenían primigeniamente de ámbitos comerciales que veían en las trabas arancelarias un límite a sus actividades. La libertad debe traspasar fronteras y los bienes y servicios llevados a los lugares donde no los hay o son más competitivos.

Conservadurismo y Liberalismo (II)

3. Estratificación social

Los conservadores mantienen que siempre ha habido estratificación social y que esa estratificación social de una forma u otra, con una justificación u otra, obedece en última instancia a diferencia naturales entre los seres humanos, esto es, a antropologías diferentes. Platón defendió que cada grupo social estaba compuesto en virtud del alma dominante (racional, irascible o vegetativa) y esta teoría ha sido defendida en lo fundamental, con numerosas variaciones y encubrimientos, por el Conservadurismo. Al obedecer a un orden natural la estratificación social, no puede ser modificada sin un grave perjuicio para la comunidad en su conjunto.

Los liberales sostienen por el contrario que la estratificación social se debe a las acciones de los individuos, a sus éxitos económicos y en definitiva se configura sobre el patrimonio y la renta que el individuo tiene. El Liberalismo, para el cual todos los seres humanos son iguales por nacimiento, considera que la movilidad social es una de las características consustanciales al ejercicio de la libertad, mientras que los intentos de inmovilidad de las estratificaciones pretendidamente naturales son un impedimento para el ejercicio de la libertad.

4. Colectivos e individuos

Los conservadores consideran que los grupos sociales son la estructura básica de la sociedad. Es por ello la debilidad que tienen hacia la familia (de un tipo concreto) como cimiento de la realidad e institución inmutable por ser obra de la naturaleza, pero el asunto no acaba en la familia, sino en una afición por exaltar todos los grupos sociales que tengan cierta antigüedad. Ellos son los engranajes de la sociedad.

El Liberalismo se centra en el individuo. Es el individuo el que forma los grupos en uso de la libertad y los abandona. Los grupos se creados como consecuencia de sendos actos de la voluntad libre de los individuos. El individuo es el único actor verdaderamente importante en la vida social y la principal referencia a la hora de organizar cualquier estructura social. Incluir forzosamente a un individuo en un grupo constituye una violación de su libertad.

5. Valoración del cambio

El Conservadurismo siempre ve todo tipo de cambio con todas las cautelas. Los conservadores recelan de todos los cambios y sólo los aceptan cuando son hechos consumados, intentando atenuar  al máximo las consecuencias que el cambio puede tener sobre la comunidad o la sociedad. Los conservadores tienen una “edad dorada” dentro de su cosmovisión, un periodo consciente o inconscientemente idealizado, al que siempre pretende acercarse.

Los liberales, por el contrario, son o deberían ser fervorosos creyentes de la religión del progreso. El Liberalismo encuentra sus fundamentos en la Ilustración, en la creencia que un mayor conocimiento no haría más libres y mejores, que la ciencia acabaría doblegando las determinaciones y el reino de la necesidad que la naturaleza nos han impuesto durante siglos. Al futuro y no al pasado se debe dirigir la acción humana.

6. Valores secundarios

He dicho que el Hipervalor de la tradición es el centro del Conservadurismo. Esa tradición tiene una serie de valores (conste que detesto la “moral de valores”, pese a que ahora esté utilizando esta terminología). Los valores que entran dentro de la tradición son los límites y las reglas en la que ha de desarrollarse la vida social e individual, por lo que la libertad estará circunscrita siempre a los valores tradicionales. La libertad, para los liberales, no sólo es el Hipervalor, sino que domina a los otros valores, que manera que estos solamente tienen importancia si son útiles para proteger, garantizar y ampliar la libertad.

7. Religión

Cuando hablamos de tradición, inevitablemente tenemos que acabar hablando de religión. La religión para los conservadores, independientemente de que personalmente sean fieles o no de una confesión, es una fuente de contenidos morales y de cohesión social y control social. La religión, sea en su forma confesional o disfrazada de moral, es la sangre de la tradición y su transmisión a través de la educación es un instrumento irrenunciable para los conservadores.

El Liberalismo mantiene, o debería mantener, la más absoluta libertad religiosa. Cada individuo tiene que ser libre de elegir la creencia religiosa que quiera, incluso si no quiere elegir ninguna. La separación entre lo religioso y lo político es la mejor garantía para conseguir la libertad religiosa.

8. Moral

La moral religiosa, que es la que defiende el Conservadurismo, es una moral de máximos, es decir, estipula cada aspecto de la vida porque no sólo pretende una convivencia social pacífica, sino hacernos felices según sus preceptos y, en el caso de no conseguirnos la felicidad, al menos garantizarnos la salvación eterna.

La moral de los liberales es, o debería ser, una moral de mínimos. Una moral que posibilita el ejercicio de la libertad sin interferencia hacia la acción de los demás, dado que vivimos en sociedad. Cada cual opta por su modelo de felicidad y por la forma de buscarla y si se equivoca, allá él. Si uno quiere salvarse eternamente es libre de querer desearlo y de hacer lo posible, pero no de imponerle ese modelo a nadie.

Conservadurismo y Liberalismo

El Liberalismo es el gran desconocido dentro de los movimientos políticos en España. Últimamente algunos grupos, personas y sectores reclaman para sí el título de “liberal”, pero luego en sus opiniones u hechos demuestran no ser tanto liberales como conservadores.

Esta confusión debió producirse el día que algún gurú de la derecha política dijo que ser de derecha y ser moderno era ser liberal. Unos cuantos se han apuntado al Liberalismo sin saber demasiado bien ni qué ni qué implicaciones tiene. Basta con darse una vuelta por los blogs autodenominados liberales para darse cuenta que sus opiniones están en línea con los blogs y medios conservadores. Siempre atacan a la Socialdemocracia o al Socialismo, pero nunca al Conservadurismo, lo cual es un síntoma; repiten tres o cuatro ideas copiadas de algún artículo norteamericano pero poco más.

El tema de la confusión entre Liberalismo y Conservadurismo me preocupa porque soy de los que mantiene que el Socialismo tiene una matriz liberal innegable (esto ha sido objeto del próximo número de “Argumentos de la Socialdemocracia”). Pero también me preocupa y enfada como defensor del rigor intelectual que palabras que designan dos cosas tan absolutamente diferentes sean confundidas para aniquilar lo liberal siempre a favor de lo conservador.

Propongo un análisis en trece puntos. Podrían ser más o menos, pero me parece que estos son suficientes. Metodológicamente adopto el modelo weberiano de los tipos puros a la hora de describir Conservadurismo y Liberalismo, aunque soy consciente de los múltiples matices que tienen cada una de estas dos ideologías.

Más adelante quiero utilizar este mismo esquema para comparar al Liberalismo con la Socialdemocracia, ver las concomitancias y las diferencias. Esto puede permitirnos tener un pequeño mapa comparativo entre estas tres grandes ideologías que conforman el espectro político de nuestro tiempo.

1. Hipervalor

El Hipervalor para los conservadores es la tradición, entendida como un trasvase histórico de una forma de comportamiento, un modo de entender la libertad y manera de organización social y política (lo que suele llamarse “cosmovisión”). La tradición tiene que ser respetada, mantenida y fomentada (conservada) porque manifiesta lo que una determinada política es y debe ser para mantenerse ordenada y sana.

Por el contrario el Hipervalor de los liberales debe ser la Libertad. Siguiendo a Isaiah Berlin se entiende la libertad en su sentido negativo, es decir, la libertad como remoción de todos los obstáculos externos para la realización de la libertad individual. No la tradición sino la Libertad es lo que ha de ser respetada, mantenida y fomentada, ya que es una característica inherente y definitoria del ser humano.

2. Ontología

La Ontología conservadora es profundamente naturalista. La naturaleza define la naturaleza humana y la misma tradición es un reflejo de la naturaleza de las personas y de los pueblos. El naturalismo de los conservadores les lleva a identificar lo social a lo natural, de forma que siempre buscan la naturalización de cualquier comportamiento, situación o institución social antes que reconocer su historicidad.

La Ontología liberal es economicista, en términos generales, coincidiendo algo en este punto con Karl Marx. La economía, entendida como ánimo de lucro, es el motor de la sociedad, de la historia y el principio de acción de los individuos y todo esto puede ser explicado en términos económicos. La naturaleza para los liberales no es más que el escenario mecánico y sin significado en el que se da la acción de los seres humanos.

Ser romántico es caro

Cuando oigo hablar de Romanticismo o de romántico se me viene a la cabeza la Universidad de Jena, la literatura de buena parte del siglo XIX o la figura de Lord Byron muriendo en Grecia mientras este país luchaba por su renacimiento como comunidad política independiente del Imperio Otomano. El romanticismo es para mí un movimiento cultural que exalta lo vital, quiere recuperar el pasado que a su vez idealiza, hace al sujeto protagonista de la historia y persigue lo genial en la creación artística.

Rápidamente mis imaginaciones sobre este movimiento cultural se desvanecen cuando compruebo que romántico significa otra cosa, que es una caricatura de lo que fue el Romanticismo y lo romántico. Lo romántico se ha convertido en una especie de sensiblería encaminada una concepción que reduce el amor al proceso de enamoramiento.

El saber popular dice que algo romántico es regalar flores, cenar en una terraza con la torre Eiffel de fondo, un viaje por islas griegas y llenar de sorpresas la vida de la amada. Esto no es solamente una indigesta transmutación sino que todo a lo que normalmente se le llama romántico es algo caro.

La exigencia de ser romántico a la pareja es un lugar común, pero lo que nadie cae en la cuenta que es la cena en una terraza con la torre Eiffel de fondo es carísima (sin contar con el viaje a París y el hotel en la capital francesa); que un crucero por las islas griegas exige dinero y que la sorpresa constante no pueden ser regalos de plastilina.

El conjunto de comportamientos que se tienen por románticos implica tener bastante dinero para afrontar los gastos. Puede que un primer gesto romántico de poco coste sea admisible una vez, pero luego se espera un poco más y los gastos progresivamente se disparan.

Las películas, las series de televisión y las novelas rosas transmiten un ideal asociado a tener dinero para poder satisfacer las exigencias románticas.

Una barbaridad del Arzobispo de … Canterbury

Dice el Arzobispo de Canterbury que habrá que incluir aspectos de la ley islámica (“Sharía”) dentro de la legislación británica para que asuntos de naturaleza civil se resuelvan según estas normas religiosas.

No sé si ser obispo es contagioso, pero no pienso ir a ningún sitio donde haya uno por medio a que me contagie un virus episcopal y me dedique a decir tonterías como las que dicen los obispos españoles y ahora el Primado de la Iglesia Anglicana.

Las bases de la democracia se asientan en que todos los ciudadanos son iguales y que debe hacer una neta separación entre lo religioso y lo político, cosa que formalmente en el Reino Unido, una de las cunas de la democracia moderna, no existe.

La separación entre lo religioso y lo político implica que la única ley válida y obligatoria para toda la sociedad es la ley del Estado. Ésta es la mayor garantía que podemos tener para la igualdad. Establecer leyes especiales según la pertenencia religiosa o étnica quiebra el monopolio del Estado en estos aspectos.

Volveríamos a la fragmentación jurídica del Feudalismo y del Antiguo Régimen, en el que cada grupo tenía sus propias leyes para personas, contratos y acciones, e incluso poseían tribunales para sus miembros. Cada grupo era un pequeño estado dentro de un Estado que era débil. Aceptar la propuesta del Arzobispo de Canterbury es regresar posiciones predemocráticas: no habría una ley para todos, el individuo vería marcada la ley aplicable por su nacimiento, el Parlamento inglés perdería su soberanía y la persona quedaría disuelta en el grupo.

La integración de la población inmigrante, en mi opinión, debe ir encaminada en que tengan y disfruten los mismos derechos y obligaciones que los ciudadanos, la misma relación jurídica con el país al que han optado ir y que ellos sean considerados como individuos y no como un grupo al que hay que tratar con leyes especiales, pese a que esta propuesta pueda tener la mejor de las intenciones.

Concepto y teoría del voto útil

En todas las elecciones hay llamadas al voto útil y las generales de marzo de 2008 no podían ser una excepción. He intentado encontrar una definición sencilla y clara de lo que es el voto útil pero no la he encontrado, por lo que propongo dar yo la definición, que siendo obra mía no será ni sencilla ni clara.

Si hablamos de voto útil es porque entendemos que hay un voto inútil, es decir, un voto sin rendimiento electoral y un voto no tiene rendimiento electoral cuando no es capaz de traducirse en al menos un escaño.

Éste sería el núcleo más duro del voto inútil, pero también cabe una “inutilidad” relativa. Nuestro sistema electoral, como todos los proporcionales, reparte los últimos escaños de las circunscripciones más grandes con restos muy pequeños. Un partido puede tener un resto muy jugoso que no le va a permitir ganar otro escaño, pero que unido al resto de un partido cercano sí se lo permitiría. Normalmente se suele considerar que el resto perdido es el del partido que saca menos representación.

Todo este juego de restos produce efectos importantes y puede hacer que el resultado electoral sea uno u otro. Aquí llegamos a hablar de hacer útil un voto, porque agrupar los votos de dos o más partidos cercanos puede producir un rendimiento electoral superior.

Cuando se vota hay preferencias y exclusiones en el voto. Una persona puede votar a una formación, en determinadas circunstancias votar a otra y nunca plantearse votar a una tercera. El voto útil se basa en la certeza de que también se puede votar por exclusión, es decir, no votar a tu primera opción para que no gane las elecciones el partido al que no votarías nunca. Este criterio a la hora de votar es tan válido como cualquier otro, porque cuando elegimos algo, rechazamos lo otro, de forma que elegir una cosa y con esa elección propiciar lo que no queremos puede ir en otra que lo hemos elegido.

Es evidente que el voto puede traspasarse como voto útil sólo cuando se da cercanía. La cercanía es diversa. Normalmente tendemos a pensar que solamente se da en el segmente de izquierda y derecha, pero también puede darse entre nacionalistas y no nacionalistas, o entre demócratas o totalitarios (recuérdese el voto útil masivo en las presidenciales francesas de 2002 a Jacques Chirac cuando se enfrentó a Le Pen). Caben otros segmentos de utilidad dependiendo de las circunstancias particulares de un lugar o de un momento. Hay sobrados ejemplos de voto que se aglutina en una candidatura que no obedecen tanto a la candidatura sino a los condicionantes.

La captación voto útil se ha institucionalizado en el proceder de los partidos políticos. Desde el inicio de la transición el PSOE ha intentado integrar a todas las formaciones de izquierda, con el escollo del PCE (transmutado en IU), y la integración del PSP en los primeros años es un ejemplo. El PP ha acaparado todas las formaciones desde la primitiva UCD, desde 1982 con el argumento del rechazo a los socialistas, o con UPN en Navarra (por no hablar del PP y la ultraderecha). Las coaliciones electorales están recogidas en nuestra legislación electoral y las coaliciones no son más que candidaturas de voto útil.

Todo los que se sienten perjudicados por el voto útil lo atacan de diversas formas, incluso diciendo que el voto útil es “una restricción al derecho al voto en libertad”. El voto útil es una opción más que tiene el elector y éste a lo que sí tiene derecho es a saber cómo funciona el sistema electoral y qué repercusiones en los escaños tiene votar a cada opción política.

Finalmente cada cual puede votar lo que quiera y para ello ha de emplear los criterios que considere mejores. Que el rechazo a una formación política sea determinante no es problema del ciudadano que elige a quien votar, es un problema de la formación que produce ese rechazo entre los ciudadanos, tanto que llega a unir a los votantes de tendencias diferentes.

El rendimiento electoral puede ser valorado como determinante por quien quiera tenerlo en cuenta, porque la libertad reside en formarse los propios criterios y jerarquizarlos, y poder actuar en consecuencia.

Yes, we can

Os dejo una delicia. Estética y política unidas. Un vídeo de la campaña de apoyo a Barack Obama que convierte en canción su discurso después de las primarias de New Hampshire. "Yes, we can", un gran lema.





La belleza interior no existe

Me fastidian mucho los anuncios de cosméticos que dicen que no la belleza exterior no es importante, sino que la verdadera belleza está dentro, para al final intentar venderte un producto que solo te puede dar belleza exterior.

La primera causa de fastidio es el uso que se hace del concepto de belleza. Sin estar ahora en la procelosa cuestión de la definición de la belleza (aunque en esa cuestión soy moderadamente partidario de la teoría clásica) me parece indiscutible que la belleza es un asunto estético y por tanto es propio de la sensibilidad, de los sentidos. Lo interior (entendiendo por tal los procesos psíquicos) sólo es perceptible a través de sus manifestaciones, por lo que en consecuencia no puede entrar en parámetros de belleza. En síntesis, la belleza interior no existe.

Es normal que lo primero que nos entre por los ojos sea la apariencia externa de una persona, su belleza o ausencia de ella. Lo normal es que lo bello, que es lo que nos atrae, se convierta en una prioridad dentro de nuestras motivaciones.

¿Es esto un intento de decir que la personalidad no es importante? No lo es. Siguiendo una argumentación que encontré en un libro de Javier Hernández-Pacheco, mantengo que la personalidad, lo interior o como queramos llamarlo pertenece a un ámbito que no es el estético sino que se inserta en el plano ético dice él, antropológico digo yo.

Es importante deslindar el ámbito del conocimiento en el que se dan los diferentes juicios. Decir que la belleza interior no es belleza, no quiere decir que el conjunto de características que se suelen incluir erróneamente en la belleza, no tenga su valor.

En un juicio basado en una jerarquía de criterios, en el plano axiológico, lo antropológico (o ético) puede vencer a lo estético. Es aquí y no antes donde esa persona que no nos llama la atención estéticamente se hace preferible a la que tiene una fuerza estética casi inevitable.

Es esto lo que las empresas cosméticas no pueden ni van a reconocer nunca: que hay características que superan a la belleza que ellos quieren generar o mantener. Por ello prefieren aceptar un concepto tan amplio de belleza, que la desvirtúa, antes de aceptar su derrota.

Pizarro me ha insultado a mí y a todos los andaluces

Pizarro me ha insultado y exijo que se retracte. Ha dicho que lo que él quiere es que “los andaluces se pongan a trabajar”. Soy andaluz, después de acabar mis estudios universitarios puntualmente y con aprovechamiento, me incorporé al mercado laboral, en el que sigo, pagando mis impuestos, cotizando a la Seguridad Social e intentado hacer las cosas correctamente.

Él me ha insultado a mí y a varios millones de personas. No para de llamarnos vagos. El ex comisario político del PP en las cajas de ahorro y en ENDESA se atreve a llamarnos vagos.

Sólo quiero decirle que el tiempo que necesito para hacer mi declaración de la renta es de quince minutos, cobro una nómina y tengo los gastos habituales. Posiblemente él para pagar una cifra ridícula de impuestos en comparación con sus ingresos tenga que emplear mucho tiempo, contratar asesores fiscales. Yo y millones de andaluces, y de españoles, mantenemos al Estado del que Pizarro siempre se ha intentado aprovechar: en la bolsa, en las cajas o en ENDESA. Vago y mantenido es él.

La respuesta más contundente que le podemos dar será el 9 de marzo, cuando Chaves vuelva a ser reelegido y Zapatero vuelva a humillar a los populares.

Violencia y fútbol

Escribir sobre las causas de la violencia en el fútbol es tratar de abarcar uno de esos temas tan extensos en los que es fácil perderse y, además, en lo que todo el mundo tiene una opinión más o menos formada, pero desde luego autorizada, dada la cantidad de personas que son aficionadas al fútbol y que asisten a los partidos.

Éste es el primer elemento que considero de relevancia. El número de personas que en un año se expone a la posibilidad de violencia en el fútbol es tan grande que produce una tolerancia mayor dentro de la sociedad. Hay comportamiento que vemos normales, toleramos y compartimos no porque fríamente consideremos que son correctos.

Se ha dicho que la sociedad es violenta y que en el fútbol se muestra la violencia que normalmente la sociedad tiene escondida. Es algo sí como una válvula de escape social para que la caldera no estalle. No sé si esta hipótesis es verdadera, pero al menos habría que reconocer que no es la única válvula, ya que la violencia tiene otras manifestaciones en nuestras sociedades.

Podemos explorar los ámbitos en los que se dan la violencia y veremos que normalmente tienen el terreno abonado por las grandes concentraciones de personas, por la impersonalización que produce y por la dificultad que tienen las fuerzas del orden pueden verse o desbordadas o forzadas a actuar sin discriminar al violento del que no lo es. La masa da impunidad.

Los violentos en el fútbol actúan en grupos que, sin necesidad del fútbol, son por sí mismos no son seguidores de los comportamiento más ejemplares. Encuentran en el fútbol un elemento masivo para comportarse como desean. Es cierto que en el fútbol no sólo se ha gusta unido “el hambre con las ganas de comer” sino que han surgido personajes que han intensificado estos sentimientos, proporcionándole apoyos de todo tipo a los grupos “ultras”, con la excusa de que ellos eran los que hacen que el resto del público anime al equipo.

Hay quienes dicen que la violencia en el fútbol sirve para desahogo de los ciudadanos por las cuitas de su vida diaria. Lo que no se pueden decir a su jefe y a su suegra se le dicen al árbitro, a los jugadores adversarios o a los propios. Puede que tenga algo de verdad, pero mi propia tolerancia hacia estos comportamientos en el fútbol hace que no considere que la existencia de una continuidad entre los gritos e insultos y otras formas más netas y físicas, de verdadera violencia. Estos comportamientos están ritualizados y se agotan en su propia ejecución y al ser tradicional, es un comportamiento aprendido.

Es cierto que al fútbol se llevan otras rivalidades. Antes podían ser sociales, pero ahora son de carácter político-regionales-provinciales. Hay encuentros de alto riesgo definidos exclusivamente por la geografía, pero la causa está fue del fútbol y no en el fútbol.

Cuestión aparte merecen los medios de comunicación. Se suele decir que los medios son la resonancia de los hechos sociales, pero en el caso del fútbol los medios han pasado a ser amplificadores e incluso a causante de las informaciones.

Es evidente que lo que digo encaja en el fútbol profesional y necesitaría algunas correcciones para el caso del fútbol de las categorías inferiores y del fútbol base. Tampoco pretendo dar ni la primera palabra ni la última, y menos presentar nada novedoso; tan sólo manifiestos algunas reflexiones.

La blogosfera está de elecciones

La Blogosfera anda loca con las elecciones o al menos es eso lo que yo percibo. La mayoría de los bloggers que tocan temas de actualidad se han decantado ya y han entregado sus horas y espacios a patrocinar una determinada opción política.

El problema que tienen los blogs como medios de propaganda política es el mismo que el que tienen los periódicos: cada cual lee los medios que más cerca están de sus propias opiniones. Las redes están bien, pero el que problema es que un blogger será leído prácticamente por los que ya piensan como él.

En consecuencia la batalla consiste en penetrar en los ámbitos en los que los internautas o tienen otra tendencia, o son independientes, o bien nos están especialmente interesados en el asuntos de las elecciones.

Las técnicas de penetración son miles, algunas más limpias y otras más groseras. Son las primeras elecciones generales que en España hay Internet 2.0 todo el personal anda haciendo pruebas, abriendo caminos en la selva de los blogs y buscando cada cual sus referencias o intentando convertirse en referencia. Estas elecciones son la fiebre que acompaña al crecimiento en la adolescencia. La Blogosfera crece y va camino de la edad adulta con las contradicciones que tiene el paso de una época a otra.

Que este símil psicológico pueda ser pertinente no quiere decir que no haya cosas insoportables, como en cualquier adolescencia. Diré alguna de las que no me gustan. No me gustan los blogs que se han abierto hace tres días (para las elecciones) y que no hacen más que poner los titulares más amarillos e hirientes que se puedan imaginar; no me gustan los comentaristas que andan pegando un argumentario; no me gustan las personas que piensan siempre que el autor del blog es un perfecto ignorante (entran ganas de decir aquellos de “no sabe usted con quien está hablando”); no me gustan los que no comentan las entradas sino que se dedican a hablar de la campaña que andan promoviendo o de sus cosas; y desde luego no me gustan los que insultan pero para eso la moderación de comentarios es un gran invento.

La adolescencia política de la Blogosfera se pasará pronto, al menos para una parte, la que pierda las elecciones del 9 de marzo. Con la excepción de los que han entrado para calentar durante las elecciones, habrá análisis sensatos y críticos sobre las causas de la derrota electoral y la estrategia a seguir durante los años venideros. Los que ganen, se embriagarán tanto con su victoria que tardarán tiempo en hacer los análisis correspondientes.

El amigo de mi enemigo es mi enemigo o del sinsentido de que los obispos te apoyen

Recojo una propuesta de Egócrata para hablar del valor del apoyo de la Iglesia Católica al Partido Popular en el proceso electoral que vivimos. Decía con mucha razón que ese apoyo denodado de la Iglesia al Partido Popular es un apoyo que puede ser envenenado.

Entre los ciudadanos, según el estudio del BBVA de hace unos meses, la Iglesia Católica es la institución menos valorada, lo cual en nuestro país, tan poco amigo de las instituciones y tan fanático por trabajar en una ella, es todo un mérito.

En política hay un criterio simple y peligroso pero que funciona con más asiduidad que la deseable: “el amigo de mi enemigo es mi enemigo”. Si la Iglesia Católica es la institución que peor cae a los ciudadanos, todas las instituciones que ella apoye pública resultarán contagiadas por ese rechazo. No sé la distribución del rechazo, pero me temo que la Iglesia acumula además muchas valoraciones mínimas, por lo que su capacidad de movilizar en contra es mucho mayor que la de movilizar a favor o de producir indiferencia.

En el caso de ser yo un dirigente político, nunca querría el apoyo de alguien a quien los ciudadanos no valoran positivamente. Es como si quieres ser el delegado de clase y te apoyan los alumnos más pelotas.

Decirse católico es fácil pero es fácilmente constatable si hay una diferencia entre lo que se dice que se es y la relevancia que esa creencia religiosa tiene en la propia vida. Recuerdo un estudio de Tornos y Aparicio que mantenía que el ideal católico era valorado por la mayoría como un comportamiento propio de sectas. Y todo esto sin tener en cuenta el número de los que se consideran ateos o agnósticos, que la llega a la cuarta parte de la población.

Los matrimonios religiosos bajan, incluso los bautizos, las prácticas religiosas van en descenso continuo y las incorporaciones de más recursos humanos a las filas del sacerdocio y de las congregaciones religiosas son gotas contadas. Los mandatos de la jerarquía en materia sexual no llegan ni a la categoría de meras orientaciones para la inmensa mayoría de los españoles.

Si pertenecer a una confesión religiosa no es solamente decir que se pertenece, o estar inscrito en un registro religioso, sino llevar un estilo de vida conforme a esas creencias, el número de católicos baja espectacularmente.

Como también dice Egócrata, la constante intervención de los obispos en la escena política quita otros temas del debate. La intervención de los obispos centra la vida política sobre cuestiones que ningún gobierno va a alterar como es el divorcio o el aborto y sirve para que muchas personas se movilicen en contra de la Iglesia y aplicando el principio antes citado, apoyando a los atacados por la Iglesia. La intervención de los obispos permite a la izquierda moverse en el terreno de los principios, en el que a día de hoy en España tiene superioridad sobre la derecha.

Pero el problema no es sólo para el Partido Popular y los apoyos sospechosos, por más que piensen que la Iglesia tiene mucha influencia internacional, sino para la propia Iglesia. Entre los votantes y militantes del PSOE hay un nivel de práctica religiosa y de implicación en las parroquias mayor a la media nacional. Esos fieles activos que votan a los socialistas o que son socialistas se ven insultados por su propia jerarquía, cuando ellos tendrían argumentos más que sobrados, conocidos de primera mano, para decirles tres verdades a esa misma jerarquía.

Esta caída descaradamente partidista de la Iglesia puede provocarle serios problemas internos. Su pequeña influencia puede caer aún más, corriendo el peligro de identificarse tanto con una opción política tan determinada y tan extremista que la percepción social vincule indisolublemente la pertenencia a la Iglesia con mantener simultáneamente esa misma opción política.

El corazón y la razón de Angela Merkel

Decía Blaise Pascal que hay razones que “el corazón tiene razones que la razón desconoce”. Me ha venido a la cabeza esta cita después de escuchar dos declaraciones de canciller alemana Angela Merkel sobre la política española.

La canciller se descolgó en declaraciones a la prensa manifestando que de corazón deseaba que Mariano Rajoy ganara las elecciones del próximo 9 de marzo. A los pocos días dijo que lo racional era desear que la economía estuviera como la tenía Zapatero.

Es evidente que a la canciller alemana el corazón y la razón no le funcionan simultáneamente y que sus razones para apoyar a Rajoy no tienen nada de racionales, pues racionalmente lo lógico hubiera sido respaldar al Presidente Zapatero.