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Política

La relativa importancia de la cifra del paro

El paro fue uno de los argumentos que esgrimió un errático Pizarro en su debate contra Solbes. Soy de los que cree que los datos no tienen una importancia absoluta y menos si la percepción social e individual del dato no se correlacionan con éste (en el tema de seguridad ciudadana es evidente).

Pizarro se agarra la subida del paro, pero esta subida es falsa, porque solamente mide un término relativo (paro según el antiguo INEM) y no tiene en cuenta uno absoluto (número de trabajadores según “Población Activa”). Si una persona no ha perdido su empleo o nadie de su entorno más amplio no lo ha perdido, la cifra es casi insignificante a efectos de construcción personal (y social) de la trascendencia del dato.

Pero no es que la percepción personal y social en este caso esté enfrentada con los datos, sino que únicamente está enfrentada con un dato, el que suele emplear la oposición, mientras que se encuentra refrendada por otro, que es el que más le gusta al gobierno.

Creo que lo mejor es explicarlo con un ejemplo:

Supongamos un mercado de trabajo compuesto de dos mil trabajadores. De estos dos mil trabajadores potenciales, realmente trabajan 1.800 (90%) y no lo hacen 200 (10%) y quisieran hacerlo.

A lo largo de cuatro años el número global de trabajadores en ese mercado sube hasta los diez mil, distribuyéndose en 8.000 personas (80%) que realmente trabajan y 2.000 (20%) que no lo hacen y quisieran hacerlo.

Si mirásemos las cifras en valores relativos tendríamos una subida del paro en un 10%, pero si las miramos en términos absolutos comprobamos que se han 6.200 nuevos empleos. Esas seis mil doscientas personas que se han incorporado al mercado laboral,  y que antes sencillamente no se encontraban en él, no se sienten amenazados porque el paro haya subido un 10%

Además, es posible que los dos mil parados tampoco se sientan muy afectados por el dato, dado que la mayoría se ha incorporado al mercado porque se han creado nuevos puestos.

La caída de Pizarro y del discurso económico del PP

Rajoy y todo el Partido Popular han apostado fuerte por Pizarro como revulsivo de campaña. El debate con Pedro Solbes tenía que ser su momento cumbre, en el que todas las esperanzas depositadas encontrasen su culminación. Martí Saballs analiza de una forma muy clara el debate y los espectadores le han dado la victoria a Solbes con más del 10% de ventaja, que al final es lo verdaderamente importante.

La experiencia de Solbes, dos veces ministro y comisario europeo. Una cuidada preparación y desenmascarar los argumentos de Pizarro han sido una estrategia suficientemente acertada para que Pizarro haya quedado descalificado para lo que queda de campaña cuando faltaban unas pocas horas para que ésta comenzase.

El revulsivo que Pizarro tenía que ser para el Partido Popular ha quedado hundido en la primera operación que participa (a lo “Titanic”), pero lo que es peor para los populares, su alarmismo económico ha sido desacreditado por Solbes, mostrando autoridad y generando confianza. En el debate el PSOE ha conseguido zanjar el debate económico hundiendo a su buque insignia.

Chorradas políticas: supresión de ministerios

Uno de los tópicos electorales son las promesas de disminuir el número de ministerios, como si el hecho de hacer esto redundara en algún ahorro económico, dado el número de ministerios en España se ha mantenido relativamente estable desde hace muchos años. Pensar que quitar un ministerio es reducir un porcentaje de gasto público equivalente a su peso en el gobierno, es una muestra de grandiosa estupidez.

Pero cuando la solicitud de supresión de un ministerio se hace por razones pseudoideológicas. El BNG propone suprimir el Ministerio de Cultura porque entienden que en España no hay una sola “cultura”, sino varias culturas. Precisamente para esto existe el “Estado de las Autonomías”, para que los ciudadanos de cada región tengan la posibilidad de desarrollar, en su territorio, políticas específicas, también en el terreno cultural.

Las competencias del Ministerio de Cultura están muy alejadas de lo que piensa el BNG, que el Ministerio de Cultura elabora una visión uniforme de la cultura. Entre las competencias de este departamento nos encontramos las bibliotecas (entre ellas la Biblioteca Nacional), los archivos (entre ellos los históricos), la propiedad intelectual, los libros (como por ejemplo la Agencia Española del ISBN), los museos (con El Prado a la cabeza), el Patrimonio Histórico, así como la Cooperación Cultural Internacional que incluye todas las expresiones y las lenguas de nuestro país.

Aunque se elimine el Ministerio de Cultura, estas áreas de gestión continuarían. Lo que tiene que hacer el candidato del BNG es atender más a la Consejería gallega del ramo.

Lo dicho también vale para los que, por motivos económicos, quieren terminar con ciertos ministerios, como Vivienda (ha dicho Pizarro), ya que realmente el Ministerio de Vivienda es un departamento desgajado de Fomento y todas las áreas eran preexistentes a la creación del Ministerio. Total, que la promesa de Pizarro no ahorraría nada (pura demagogia).

La libertad no es gratis

En unas de las páginas más bellas que escribió Dietrich Bonhoeffer, mártir protestante de la lucha contra el Nazismo, decía que se vivía en un mundo en el que, incluso las cosas más importantes y que habían costado un sacrificio sublime, se empleaban como si fueran baratijas, como pañuelos de papel (diríamos hoy).

Puede que Benedicto XVI haya querido recordar las palabras de su compatriota (o no), cuando ha dictado normas más estrictas para el procedimiento inicial para “llevar a una persona a los altares”. El Papa quiere que ser santo no sea fácil, como daba la impresión de serlo con Juan Pablo II. ADN titula, con ingenio, que “El Vaticano sube la nota de corte para ser santo”.

Siendo una cuestión particular de una confesión religiosa, pienso que sirve de buen pie para reflexionar sobre, hace cincuenta años, escribió Bonhoeffer y ver el sentido que tiene en la sociedad actual.

La Democracia se está convirtiendo en un “usar y tirar más”. Usar las mejores técnicas electorales es algo legítimo, y yo lo defiendo, pero ir quemando etapas, días antes de las elecciones, sin ofrecer tiempos de debate más o menos serio, por apasionado que pueda ser, tengo la impresión que ensucia la memoria de tantas personas que sacrificaron buenas partes de su vida o sus mismas vidas para que pudiéramos tomar parte en el proceso de toma de decisiones.

La Democracia se desperdicia cuando se habla de libertad de expresión para solamente referirse a los cuernos de tal famoso, al lugar de vacaciones de un concursante televisivo o al coche de otro tipo que vive de eludir y conceder exclusivas. No es que quiera censurar nada y hasta puedo llegar a decir que, dándome un poco de asquito, prefiero que sigan para saber que hay libertad al menos teórica. Lo que sí me destroza es pensar que las miles de personas que están siendo reprimidas y torturadas por el régimen de Myanmar (por tomar un ejemplo reciente), lo hacen para que la libertad sea posible, y si tienen éxito la libertad que ellos han conquistado se emplee en llenar horas de televisión con historietas de tal calaña. Es un precio desproporcionado.

¿Tanto sacrificio para esto? ¿La memoria y los sacrificios de los que lucharon y lucha por la libertad no merece que les honremos haciendo que nuestras acciones libres sean bellas, buenas y verdaderas? Es lo deseable, pero mucho me temo que podría seguir escribiendo esta entrada cada día de mi vida.

El gobierno no les debe nada a los inversores en Forum y AFINSA

Informa el periódico “Público” que unos treinta jubilados, autodenominados “afectados”, de la intervención judicial de Forum y AFINSA se han encerrado en la Catedral de La Almudena. Culpa de su situación al Presidente Zapatero y al PSOE. Algunas ideas sobre este asunto.

1) No son afectados, por ello he dicho que se autodenominan así. Un “afectado” en un principio es cualquier persona que experimenta en sí las consecuencias de una causa que mantiene una relación factual con esas consecuencias (relación causa-efecto). La acepción usual de afectado en los medios de comunicación es la persona que vive las consecuencias de algo que en lo que no ha tenido ninguna responsabilidad.

2) Estas personas no son afectados porque sí tienen una responsabilidad, son inversores. Su responsabilidad es invertir un dinero en una empresa asumiendo el riesgo que cualquier inversión financiera o empresarial conlleva. No son afectados, sólo son inversores que han perdido lo invertido.

3) Asumir que vivimos en la economía de mercado no es fácil y que el riesgo en las operaciones las asume el que invierte, como también es él quien recibe los beneficios que inversiones exitosas puedan producir. Cuando se pierde no hay nada que reclamarle al Estado, como cuando le gana no se va a querer pagar más al Estado en impuesto que lo establecido.

4) Me hace gracia que estas personas culpen al Gobierno por este asunto. La intervención de Forum y AFINSA no fueron decididas por ninguna instancia política, no siquiera administrativa, sino por un juez, que no depende del gobierno, a la luz de una querella la cual consideró tan suficientemente fundada después comenzar a instruir el caso, que estableció medidas cautelares.

5) Para terminar quiero reiterar que estoy en absoluto desacuerdo con que el Estado vaya en socorro de estos inversores. A ellos les animó un legítimo ánimo de lucro: querían una rentabilidad muy alta, superior a los depósitos bancarios, y no sopesaron en su momento los riesgos de la inversión, o dicho de forma más coloquial: nadie vende duros a cuatro pesetas.

A propósito de la entrevista de Buenafuente a Rajoy

No pensaba estar viendo la tele tan tarde. Pero llegados a esa hora, me puse a ver la entrevista de Buenafuente a Mariano Rajoy. La primera observación es que se nota que el tema de entrevista política no es el fuerte de este presentador y que hasta los chistes están calculados para no sentar mal. Tanto la entrevista a Zapatero como la entrevista a Rajoy me decepcionaron.

Mariano Rajoy creo que tenía más miedo a Buenafuente que el que yo le tendría a un Mihura. La experiencia de tener una entrevista de verdad, con Gabilondo, le debió traumatizar y ahora tenía pinta de haberse pasado tres días metido en el Departamento de Telegenia del PP.

Buenafuente entrevistó a Rajoy y las preguntas eran para todos los públicos. Rajoy titubeaba constantemente, excepto cuando recordaba ocasionalmente la respuesta que le habían enseñado. Cuando Buenafuente hace un chiste muy bueno sobre la ministra de Fomento, él tarda en comprender el chiste y aún más en reaccionar.

El momento más delirante de todos fue cuando vi y escuché al candidato popular reivindicar para sí la defensa del Socialismo. No podía creer que tan fácilmente un liberal se considerase el defensor del Socialismo, pero no de cualquier Socialismo, sino del Socialismo tradicional. Y es que Rajoy oye “tradicional” y se vuelve loco de alegría conservadora.

Siempre he pensado que Rajoy nunca se ha recuperado de su condición de opositor. Lo hace retóricamente bien cuando lo tiene preparado (tanto intervención como réplica), pero le cuesta mucho cuando tiene que responder una pregunta que se sale del guión o cuando la contrarréplica que se le exige es incisiva.

Aunque haya empezado hablando de Rajoy, voy a finalizar haciéndolo sobre la entrevista de Gabilondo. Rajoy tuvo la oportunidad de engrandecerse ante Gabilondo, pero fracasó y ahora los suyos van lloriqueando por el trato.

Gabilondo trabaja en una cadena privada y son los espectadores los que tienen que decidir si les parece creíble, buen periodista o ecuánime. Un político tiene que ganar en todas las plazas y lucirse en donde las circunstancias son más adversas. Zapatero ni ganó ni perdió con Gabilondo. Rajoy perdió la oportunidad de convencer a un público, el de “Cuatro”, que no se encuentra entre sus potenciales votantes y que se deleitaron ante el vapuleo que Gabilondo le inflingió al candidato del Partido Popular.

¿El Partido Popular es un partido liberal?

Hace dos semanas publiqué en este blog tres entradas en las que comparaba el Conservadurismo con el Liberalismo (I, II y III). Ahora me propongo utilizar los puntos de comparación para analizar si el Partido Popular es realmente un partido liberal, como ellos dicen ser.

No es que yo considere que el Liberalismo sea el mejor referente (me considero socialdemócrata), pero si tuviese que elegir únicamente entre Conservadurismo y Liberalismo, me decantaría por esta última ideología.

La valoración nace de la autoconsideración que el Partido Popular tiene de ser una formación liberal. En este pequeño análisis creo que expongo con cierta claridad que el Partido Popular no es un partido liberal, sino un partido netamente conservador, que toma al Liberalismo como una etiqueta más presentable que decir lo que realmente son.

1. Hipervalor

La insistencia del Partido Popular en cuestiones tales como la raíz católica de España y el tema de las costumbres españolas evidencia dónde están las prioridades del Partido Popular: en el Hipervalor de la Tradición más que en el de la Libertad. Incluso encubren de falso Liberalismo cuestiones tales como la educación, ya que dicen que su defensa de los centros concertados realmente es una defensa de la libertad de los padres para elegir centro para sus hijos; casualmente la inmensa mayoría de los centros concertados que conformarían la elección de los padres, son centros religiosos.

2. Ontología

El principal argumento del Partido Popular contra el matrimonio homosexual estribaba en la afirmación de que era una unión contra la naturaleza, enfermiza (recuérdese al “experto” que llevaron al Senado). La base naturalista de muchas de sus pretensiones políticas y sociales, aplicando criterios de supuesta base natural a la hora de fijar criterios políticos y sociales, demuestran que consideran que la Naturaleza es una fuente normativa. Cada vez que tienen ocasión, es decir, cada vez que se debate algo relacionado con las relaciones sociales básicas (matrimonio, divorcio, eutanasia, investigación biomédica, etc) recurren a argumentos que, en última instancia, son naturalistas.

3. Estratificación social

El Partido Popular tiene una querencia extraordinaria tanto por las familias de toda la vida (los apellidos compuestos y de toda la vida les vuelven locos), así como por los cuerpos más endogámicos de la Administración Pública (registradores, notarios o abogados del Estado). Sociológicamente los escalafones del mando en el PP, sobre todo en los niveles regionales y nacionales, coinciden no sólo con la nomenclatura corporativista del Franquismo, sino con las clases sociales tradicionalmente más poderosas. 

4. Colectivos e individuos

El Partido Popular se ha erigido en el defensor de la concepción tradicional de la familia como elemento básico de la sociedad. La familia se coloca por encima del individuo y sus decisiones libremente tomadas, de forma que el modelo es indisponible. No es extraño que hablen de los “derechos de las familias” y que los consideren superiores a los derechos individuales.

Pero no es la familia el único colectivo que el Partido Popular sitúa sobre el individuo, sino que también son los Colegios Profesionales, las Cámaras de Comercio, las desaparecidas Cámaras de la Propiedad Urbana (que ha amparado en las autonomías que gobierna) y todo tipo de asociaciones de profesionales liberales en defensa de sus intereses corporativos (no los sindicatos evidentemente). No es extraño que Fraga defendiese en el debate constitucional, en reiteradas ocasiones, la necesidad de dar participación política a las corporaciones.

La misma defensa de la transferencia de poderes de las comunidades autónomas y del Estado a los municipios tiene mucho que ver con la consideración del municipio como un elemento natural de la existencia política, con sabor añejo. En esto se unen también a la idea dominante en los conservadores sociales del Partido Republicano que mantiene la necesidad de que las decisiones se tomen cerca de los que serán afectados, es decir, la concepción de la política como si se tratase del gobierno de una familia, y que los afectados formen parte de los órganos que pueden decidir sobre ellos (devolviendo al colectivo unos derechos políticos que habían perdido a partir de la Revolución Francesa).

Su misma concepción de lo que es una Nación y las consecuencias que extraen manifiesta que la primacía que le dan a la Tradición sobre las determinaciones de la voluntad libre. Si fueran liberales considerarían que la Nación se funda en el “contrato social”. Incluso cuando la mayoría de los ciudadanos consideran que una medida es positiva o están de acuerdo con ella, ellos aducen a determinaciones indisponibles, la díada de Tradición-Naturaleza, para oponerse a ella.

Otro ejemplo es la atribución a un colectivo de una representación política y una capacidad de decisión sobre el Estado que obviamente no tiene. El Partido Popular ha considera que la Asociación de Víctimas del Terrorismo tenía que dar el visto bueno a toda la política antiterrorista del gobierno, de forma que se le hubiera conferido un auténtico derecho de veto en esta materia.

5. Valoración del cambio

La política del Partido Popular se ha centrado en la inoculación del miedo ante todos los cambios sociales y políticos que España ha experimentado en los últimos treinta años. Desde la propia Democracia en los tiempos de Fraga y Alianza Popular hasta la inmigración ahora. Cualquier cambio: bajada en la práctica religiosa, diferentes formas de familia, desarrollos médicos, la movilidad social, la incorporación de la mujer al mercado laboral o la extensión de los derechos y libertades, por sólo citar algunos ejemplos.

La estrategia del miedo sólo está en manos de quienes no desean que nadie cambie, de los que quieren que todo siga igual, en definitiva, de los que son conservadores del “status quo”.

El discurso del Partido Popular se basa más en la pérdida que en el futuro. Aludir constantemente a la pérdida conlleva que la referencia (lo que se ha perdido) en el pasado. El Partido Popular idealiza una situación pasada y anuncia el destrozo de esa herencia proyectándola en lo que le dejaremos a nuestros hijos.

Posiblemente exagero, pero tengo la impresión de que el ideal social del Partido Popular coincide con algunas imágenes de países como Arabia Saudí o Irán: una sociedad sin derechos ni libertades, oprimida por una férrea tradición, aunque dotada de ordenadores con acceso limitado a Internet.

No hay novedad social que ellos presenten positivamente. Siempre andan recelosos y con miedos sobre lo destructivo que puede ser para la Tradición que defienden. No contemplan la posibilidad del progreso humano y solamente lo aceptan cuando no tienen más remedio, como hecho irreversible.

6. Valores secundarios

Como ya ha quedado de manifiesto en los apartados anteriores, la Tradición y lo tradicional, bajo los más diversos nombres, tiene un lugar muy importante dentro de la ideología y la práctica política del Partido Popular. Hablan de sensatez, que no es más que un eufemismo de conservadurismo; aluden al “reformismo” que no es más que cambiar lo que hay que cambiar necesariamente, pero huyendo de toda transformación social; hablan de “seguridad” para invitar a no cambiar nada y que todo cambio va para mal. Como dice George Lakoff el pensamiento conservador está especializado en enmascarar sus verdaderas intenciones por medio de un lenguaje presuntamente neutro.

La insistencia del Partido Popular en cuestiones identitarias, tanto en lo referente a las costumbres como en lo referente a la configuración de la comunidad política, pone de manifiesto el arraigo en valores tradicionales que tiene esta formación política.

7. Religión

De la alianza política entre el Partido Popular y la Iglesia Católica, y sus organizaciones subsidiarias, tengo poco que añadir a lo mucho que se ha escrito en los últimos años. Si el Partido Popular fuera verdaderamente liberal huiría de su identificación, como partido, con una confesión religiosa concreta. Si fueran liberales de verdad dirían que la religiones un asunto de opción personal. Si el Partido Popular no fuera conservador no se plantearía ataques hacia otras confesiones religiosas u otras tradiciones culturales. Si el Partido Popular no fuera conservador, no le atribuiría a las palabras del Papa ninguna trascendencia para vida pública, ni se definiría como un partido inspirado en el “Humanismo cristiano”.

8. Moral

Es cierto en las palabras de los dirigentes del Partido Popular se habla mucho de libertad de opción, pero sus hechos desmienten estas palabras. La libertad de opción que ellos defienden está muy limitada, porque con tantos aspectos decididos por la Tradición o la Naturaleza, prácticamente sólo seremos libres a la hora de elegir si queremos un café cortado o con leche. Eres libre de decidir, pero es importante que no quieras divorciarte, que no estés pensando en tener otra orientación sexual o redituar en tu identidad sexual, que no consideres que las formas de la felicidad son muchas y que cada cual debe buscar la suya, que hay que proporcionar igualdad de oportunidades a todos o quieras elegir tu forma de expresarte.

9. Función del Estado

Donde se ve más claro lo poco liberal que es el Partido Popular es en la idea que tienen de las funciones del Estado. Ellos no creen en un Estado mínimo, sino en un Estado subsidiario. La consecuencia es que el Estado sólo puede tener sobre sí gastos, pero no puede desarrollar nada que sea lucrativo. Privatizaron (salvajemente) todo el sector público empresarial rentable y dejaron al Estado todos los lastres. Es pura aplicación del  principio de subsidiariedad, ya que donde haya posibilidad de rentabilidad el Estado no debe estar.

La práctica del gobierno del Partido Popular en una cuestión como es la dimensión de la Administración Publica ha sido conservadora, ya que ha aumentado el número de órganos (en todo tipo de administraciones), pero a la vez ha cedido a representaciones corporativas la gestión del Presupuesto público, produciéndose una duplicidad costosísima.

Dicen que las subvenciones y los subsidios les parecen mal, pero no todos. Los subsidios agrarios (que se comen el Presupuesto de la UE) son muy de su gusto, las subvenciones a los centros educativos privados les pirran, la ayuda a empresas pequeñas y medianas son esenciales o las compensaciones a las empresas eléctricas por tener que competir son ineludibles. Las subvenciones y los subsidios son malos, siempre que no tengan como destinatarios a las bases del Conservadurismo que corre por las venas populares.

10. Gobierno del Estado

La idea de que todos individuos tengan el mismo valor político (“un hombre, un voto”) no es demasiado querida por nuestros aparentes liberales del Partido Popular. Sería irrenunciable para ellos la desaparición del Senado de nuestra estructura constitucional, que en su representación territorial destroza la igualdad política de los individuos; no aceptarían la modificación de un sistema electoral que expulsa los votos de muchos españoles cuyas formaciones no alcanzan provincialmente el número de votos para obtener escaños, pero que en un cómputo nacional sí son realmente representativas (el caso de Izquierda Unida).

Dada que la distribución geográfica del voto no siempre es regular, el mantenimiento de principios territoriales en la distribución de la representación política, es un elemento a favor del mantenimiento, conservador, de la estructura política y social que ellos defienden.

11. Derechos y Libertades

Para el Partido Popular todos los colectivos (los tradicionales y los naturales) tienen derechos y esos derechos son indisponibles e inmodificables por el Estado. El registro histórico del voto parlamentario del Partido Popular está lleno de votos contrarios a todas las normas que han extendido los derechos y las libertades. Se han opuesto sistemáticamente a todo, por más que luego se presenten como adalides inmemoriales de los derechos que disfrutamos y a los que ellos votaron en contra.

12. Nacionalismo y Patriotismo

Cualquier podría decir que el Partido Popular es el partido político de nuestro país más férreamente antinacionalista. Es mentira, ellos son los más nacionalistas, y lo que se llama “antinacionalismo” no es más que otro nacionalismo. El nacionalismo del Partido Popular es el español.

La lucha del Partido Popular contra los nacionalismos periféricos no es una confrontación entre una perspectiva internacionalista y una perspectiva nacionalista. No, es más simple, es la lucha entre dos o más nacionalismos. Cada nacionalismo (y cada interpretación) modifica la realidad y la historia y por eso mismo se enfrentan, ya que son dos idealizaciones excluyentes.

13. Comercio internacional

La política del Partido Popular en materia de comercio internacional no ha sido favorable al libre comercio. Sus intereses por el mantenimiento de unos propietarios agrícolas anquilosados sea uno de los elementos más significativos. Su Liberalismo en esta materia es falso porque solamente defiende la libertad en el comercio internacional cuando es favorable y no cuando puede ser desfavorable.

Esto evidencia una falta de confianza en el mercado, la misma que ellos proclaman tener y en la eficiencia de los actores económicos. Esto puede que sea muy popular (defender la economía española), pero desde luego no es nada liberal.

Tallas. Hacer políticas de verdad

El estudio y la propuesta de la unificación de las tallas es un ejemplo de esa política que tiene incidencia en los ciudadanos, pero que el debate política crispado, especialmente en las semanas previas a las elecciones generales, nunca consigue incluir.

Todos nos sentiríamos extraños que un metro tiene una longitud diferente dependiendo del establecimiento comercial, que un kilo fuese diferente de una tienda a otra, que una hora durase más o menos según el servicio que contratásemos o que el volumen de un litro fue determinado por cada empresa embotelladora.

Nos volveríamos locos, pero no hemos caído que hemos estado consintiendo que esta situación se dé en algo tan cotidiano como son las prendas de vestir. Las referencias generales no perjudican a nada y benefician a casi todos, quedándose fuera los que hacen un gran negocio con las llamadas tallas especiales que realmente no lo son, que son únicamente tallas grandes que se numeran caprichosamente para conseguir más beneficios por la especialidad del tamaño.

La competencia para esta medida se encuentra en la décimo segunda regla del artículo 149.1 de la Constitución atribuye al Estado competencia exclusiva en pesas y medidas, así como en la determinación de la hora oficial. Esta competencia ha sido atendida por el Ministerio de Industria y Centro Español de Metrología.

Ahora queda que la propuesta del Ministerio de Sanidad se tramite por medio de normas y no con códigos de autorregulación que luego los suscriptores no atienden y se desatienden. Lo que ha presentado el ministro Soria es política de la verdad, la que afecta a todos, que tiene serias repercusiones industriales, económicas y sanitarias. Éste sí que ha sido un gobierno para los ciudadanos.

Las cosas de Izquierda Unida

No es que yo le tenga manía a Izquierda Unida, sino es que hay cosas que propone que no consigo entender ni el sentido o la posibilidad de su aplicación. La coalición ha propuesto crear un registro de billetes de 500 euros con la intención de luchar contra la corrupción urbanística y la economía sumergida.

El dinero, desde que se creó, es anónimo y se resiste al registro. No sé si habría que registrarse en el banco al retirar uno, al ingresarlo, qué se hace con los que ya circulan, quién asume los gastos registrales o si piensan en retirarlos todos y volver a sacar un nuevo billete de 500 euros.

Si esta medida fuera factible y tuviera éxito registral, lo único que puede producir la propuesta de IU es hacer subir la demanda de billetes de 200, 100 o 50 euros, así como aumentar las ventas de maletines y de bolsas de basuras de mayor tamaño (al gusto del usuario). ¿Cuál sería la propuesta de IU entonces? ¿Crear un registro para cada uno de los billetes de valor superior a los diez euros? ¿Eliminar los billetes y que todo le tenga que pagar con tarjeta? (los bancos estarían encantados).

La economía sumergida, la corrupción urbanística y el fraude fiscal no se pueden dificultar mediante el control de los billetes, sino por otros medios que lo desincentiven y lo haga a medio plazo mucho más costoso que declarar los ingresos a Hacienda. Cualquier medida, pensada como barita mágica, es fácilmente eludible.

Para finalizar quiero decir que la nota de prensa de IU tiene otras cosas más relevantes: garantizar la financiación a las Haciendas Locales, medidas preventivas contra la especulación o reforzar las incompatibilidades en materia de ordenación del territorio, infraestructuras o reformar la Ley Electoral para que no puedan presentarse los procesados por corrupción (de dudosa constitucionalidad). Las medidas consistentes la dejan para el final, apretadas y ellos mismos titulan la nota de prensa con el registro de billetes de 500 euros y luego se quejarán del trato que los medios les dan. Cosas de Izquierda Unida.

Rajoy me echaría de España

La propuesta del PP sobre inmigración, llamada “contrato de integración” es ridícula desde todos los puntos de vista, empezando porque no existe un compromiso de cumplir las leyes, pues es una obligación por estar bajo la jurisdicción de España. La ridiculez de pretender que alguien se compromete en respetar las leyes, llega al absurdo cuando se habla de conformidad con las costumbres españolas. Me lo he aplicado a mí mismo y me he preguntado que si yo fuera un inmigrante bajo la presidencia de Rajoy podría ser expulsado por no tener las costumbres españolas.

Saber cuáles son las costumbres españolas es difícil. Para poder aplicarme el criterio del PP voy a hacer una adaptación local sevillana de la normativa (soy sevillano, pero no vivo en Sevilla).

La siesta: yo no duermo la siesta y siendo este periodo de sueño diurno la mayor aportación de España a la configuración actual de Occidente. Cero.

La Semana Santa: me gusta ver las procesiones, pero no participio en ninguna de ellas. Creo que en esto puedo alcanzar un aprobado raspadito. Cinco.

Feria de Abril: la odio, no la pisaba ni cuando vivía en Sevilla y cuando estoy allí y se celebra, procuro estar lo más apartado que pueda del recinto ferial. Aquí “cero patatero”.

Ir de tapas y cervezas: no me gusta mucho el tapeo y solamente asisto por estricta obligación social. La cerveza en especial y el alcohol en general me sientan mal. Cero.

Ver “Gran Hermano” y el resto de programas conocidos como “Telebasura”: la verdad es que ver “Gran Hermano” y la “Telebasura” sí que es una costumbre eminentemente española, dada la audiencia que obtienen y el tiempo que llevan en antena. Lo confieso, no los veo. Cero.

No leer un libro: con los datos de lectura en la mano, no leer o leer muy poco (se entiende leer un libro) es una costumbre española. Me acuso a mí mismo de leer todos los días y no la prensa deportiva, sino libros. Cero.

Flamenco y bailes regionales: mi más absoluta indiferencia. Cero.

Ir a misa: tengo la impresión que Rajoy considera que esto es irrenunciable, pero yo no piso una Iglesia desde que en la boda de un compañero de trabajo entré un minutillo para ver si tardaba mucho en acabar (tardó mucho). Cero

Ir a la playa: odio la playa, su arena, el calor, el viaje de vuelta, el apartamento caro y mal equipado, el atardecer, los hidropatines, quedarse a comer allí, el sol, el olor de los bronceadores, las algas, las aglomeraciones de seres humanos, las sombrillas, las medusas, las olas, la sal en la piel y todo lo que esté más allá del límite entre ciudad (civilización) y barbarie (playa). Cero.

Fiestas navideñas: lo mismo que con las playas pero elevado varias veces. Cero.

NOTA MEDIA: 0.5 puntos. En cumplimiento del contrato de Rajoy, yo que soy español estaría de patitas en la calle. Cuando Rajoy quiera hablar de inmigración con seriedad, lo hacemos, por ahora sólo se merece una contestación como ésta.

Filosofía del Lenguaje, Tratados Internacionales y Elecciones

El Derecho Internacional Público es una de las pocas ramas del Derecho que enseña sus miserias a todo el que se presta a leer el más simple manual de esta disciplina. Los iusinternacionalistas no se quedan normalmente en una presentación puramente formalista de su especialidad, sino que desde la primera página abordan cuestiones tales como la eficacia de las normas internacionales, cuestión que parece vetada a otros juristas, en especial a los civilistas o administrativistas.

Cuando se aborda la eficacia de los tratados internacionales, es normal indicar que los intentos para universalizar determinadas materias, como son los derechos humanos, llevan a adoptar textos excesivamente vagos para que puedan ser aceptados por la mayoría de los Estados que conforman la comunidad internacional. Cuanto más firmantes, menos preciso es el instrumento que se adopta.

Esta explicación converge con una clásica afirmación de la Filosofía del Lenguaje de que la relación entre intensión y extensión es inversa, esto es, cuanto mayor es una, menor es la otra. La intensión es el número de características que tiene un concepto, mientras que la extensión es el conjunto de objeto (reales o ideales) que se encuentran dentro de la definición del concepto.

Este principio no sólo es válido en la Filosofía del Lenguaje o el Derecho Internacional Público, sino en casi todos los campos de la vida. Cuanta más extensión quiere dársele a algo, menor tiene que ser la definición.

Muchos se extrañan que buena parte de las propuestas de los grandes partidos políticos sean indefinidas (y parecidas). Es así porque se dirigen a una gran extensión de personas a las que se pide su integración en el concepto mediante el voto. Por el contrario la definición más rigurosa la encontramos en las formaciones minoritarias y por ello y como consecuencia de ello son minoritarias, ya que muy pocos pueden o quieren identificarse con esas propuestas.

Un discurso para Zapatero

Egócrata ha lanzado hoy en su blog una propuesta/concurso de escribir un discurso para un candidato que busque inspirar, sea épico o magnífico (algo tipo Obama). Dado que me involucraba directamente, quiero atender su invitación.

Debía tener una duración para vídeo de Youtube, esto es, cuatro o cinco párrafos (esto no lo he podido cumplir), pensar en un candidato y dentro de su línea de campaña (en mí caso los he escrito pensando en el Presidente Rodríguez Zapatero). Advierto que algunas frases pueden que no sean originales del todo.

Un discurso para Zapatero

El futuro hay que ganarlo. Pero el futuro no llega sólo esperando que el tiempo pase. Debemos luchar desde hoy mismo, si no queremos que el fututo pase con indiferencia por nuestras puertas.

Hay que alzar la voz y el voto para manifestar lo verdaderamente importante. Hay que alzar la voz y el voto para proclamar una vez más lo que es evidente, que todos los seres humanos somos iguales. Hay que alzar la voz y el voto para pregonar en todos los rincones de nuestro país que los españoles no queremos que pase ni un minuto más en los que los intereses de la mayoría puedan estar secuestrados por una minoría interesada.

Me presento a la reelección porque quiero trabajar para que superemos las rémoras y los obstáculos que aún se deleitan en la España del pasado. Quiero romper los últimos lazos de una dominación ya invisible, pero fuerte, que busca frenar el desarrollo de nuestra sociedad. Quiero sentar las bases para que los españoles luchen por su futuro, para que los españoles elijan libremente a dónde ir, para que los españoles subamos cualquier cumbre y para que todos alcancemos lo que siempre hemos anhelado: igualdad, libertad, seguridad y bienestar.

Me presento a la reelección porque quiero lograr una España mejor. Una España para vivir como ciudadanos libres, donde nadie nos diga qué tenemos que pensar. Una España donde las minorías tengan cabida. Una España donde los más desfavorecidos tengan la oportunidad de una vida mejor. Una España en la que las obras públicas estén pensadas para el servicio de los ciudadanos y no para la gloria de los políticos. Una España en la que los jóvenes no vean imposible ejercer su derecho a tener una vivienda. Una España en la que nuestros mayores vivan con seguridad y confianza.

Tres virtudes cívicas defiendo: la eficacia, la honradez y la grandeza.

Eficacia para hacer que el Estado produzca el mayor beneficio con los recursos que ya tiene; una eficacia que devuelva dinero a los ciudadanos cada año; eficacia para volver a ingresar más que nunca en el fondo de reserva de la Seguridad Social; eficacia para que nuestra economía sea la de mayor crecimiento de Europa.

Honradez para dar a cada cual lo que le corresponde, para cumplir escrupulosamente con la Ley. No creemos en los atajos, en los chanchullos, en los subterráneos de la legalidad. Queremos cumplir la Ley porque la Ley es la principal garantía de que todos seremos tratados de la misma manera.

España merece grandeza. La grandeza que quiero es la grandeza de las personas, la posibilidad de hacer realidad, con esfuerzo, nuestras aspiraciones. No quiero la grandeza de arcos del triunfo ni de los desfiles: ésa es la grandeza de los hombres pequeños. La grandeza que me comprometo a perseguir es la grandeza de cada uno de los ciudadanos. Una grandeza que consiste en sentir que el mundo nos pertenece, que sus sueños son posibles con el esfuerzo de todos. La verdadera grandeza está en el corazón de las personas.

Si alguien quiere que las grandes empresas, en lugar que los españoles, sean las que reciban las devoluciones de los impuestos, que no me vote. Si alguien quiere mendigar, arrodillarse e implorarle ante el jerifalte político de turno, que no me vote. Si alguien quiere que se le adjudiquen contratos a dedo, que no me vote. Si alguien quiere beneficiarse de que los servicios públicos se abandonen o se privaticen, que no me vote. Si alguien piensa que la especulación inmobiliaria es buena para la economía de los españoles, que no me vote. Si alguien quiere seguir atemorizando a los españoles, que no me vote.

Que me vote el que quiera que España sea de todos. Que me vote el que quiera que sus hijos tengan oportunidades reales. Que me vote el que no se vende por un plato de lentejas. Que me vote el que quiera que sus pensiones estén garantizadas y que no sean entregadas a aseguradoras privadas. Que me vote el que quiera que sus mayores sean atendidos. Que me vote el que quiera ser atendido cuando sea mayor. Que me vote el que no quiera disponer de plazas públicas de guardería para sus hijos. Pido el voto a todos los españoles, para que la mayoría sea la que gobierne.

Conservadurismo y Liberalismo (III)

9. Función del Estado

Y llegamos a uno de los puntos donde Conservadurismo y Liberalismo parecen converger, pero esta convergencia es solamente aparente: el papel del Estado. Los conservadores son enemigos de un Estado fuerte y para ello arguyen el principio de subsidiariedad, según el cual el Estado solamente puede actuar cuando la sociedad no puede hacer algo independientemente. Los conservadores, como ya indicamos anteriormente, no consideran que la sociedad sea un agregado de individuos libres e iguales, sino que la sociedad es un conjunto de grupos, colectivos o estamentos sociales. En definitiva el Conservadurismo sustituye al Estado por pequeños estados que son estas colectividades.

El Liberalismo sostiene que el Estado tiene que ser mínimo y que únicamente debe ser un instrumento para que los individuos sean libres y únicamente para ello. La relación entre el individuo y el Estado es directa y sin intermediarios, ya que multiplicar el número de los entes colectivos con poder político tiene por consecuencia una mayor pérdida de la libertad individual.

10. Gobierno del Estado

A pesar de que intenten aplicar el principio de subsidiariedad a la acción del Estado, los conservadores, fieles a su jerarquización social, consideran que solamente algunos pocos grupos pueden y deben hacerse con el control del Estado, ya que solamente estos grupos reúnen las cualidades necesarias para dirigir correctamente al Estado.

Los liberales, fieles a su individualismo, siempre han mantenido la idea de que a un hombre (y ahora una mujer) le debe corresponder un voto, esto es, que cada individuo debe tener el mismo peso político que otro. Las instituciones políticas del Estado deben representar la voluntad general que expresa la mayoría, debiéndose desterrar cualquier tipo de representación que modifique la suma agregada de voluntades.

11. Derechos y Libertades

No sólo en la organización política se diferencia liberales de conservadores, sino también en su concepción. Los derechos de los conservadores son los del grupo, que en muchos casos son verdaderos privilegios de clase. Los liberales mantienen la universalidad, la inalienabilidad y la imprescriptibilidad de los derechos fundamentales, entendiendo por tales los que Pérez-Luño llama “derechos de primera generación” o que también se conocen como “derechos civiles y políticos”, ocupando el derecho de propiedad un lugar preeminente dentro del catálogo de derechos. Igualdad en derechos e igualdad ante la Ley.

12. Nacionalismo y Patriotismo

Fruto de la consideración de la tradición como Hipervalor, conlleva a la exaltación de las peculiaridades de la propia tradición. Una exaltación que rescribe la historia si es necesario y que intenta marcar las diferencias entre la propia tradición y las otras, especialmente con las más cercanas, buscando mostrar que la tradición propia es superior a las demás y transmitiendo esta valoración a toda la sociedad bajo el nombre de “patriotismo”, que también puede recibir la denominación de “nacionalismo” en un sentido amplio.

Por el contrario el Liberalismo mantiene que las diferencias entre Estados es sólo fruto de un devenir histórico y que no pueden estar sobre las libertades y derechos de los individuos. Podemos decir que el Liberalismo representó la primera forma de “Internacionalismo” al considerar que la identidad nacional, comunitaria o histórica cedía ante el individuo y sus determinaciones.

13. Comercio internacional

El Conservadurismo en materia de comercio internacional, fruto de su nacionalismo, es proteccionista. Normalmente los conservadores se han apoyado o han salido de los sectores económicos más inmovilistas, especialmente de los propietarios agrícolas. Los agricultores ven en libre comercio una dificultad para continuar con sus “monopolios” productivos.

Los liberales siempre han mantenido que el comercio internacional debía tener tan pocas restricciones como el comercio interno. Esto también se debe a los liberales provenían primigeniamente de ámbitos comerciales que veían en las trabas arancelarias un límite a sus actividades. La libertad debe traspasar fronteras y los bienes y servicios llevados a los lugares donde no los hay o son más competitivos.

Conservadurismo y Liberalismo (II)

3. Estratificación social

Los conservadores mantienen que siempre ha habido estratificación social y que esa estratificación social de una forma u otra, con una justificación u otra, obedece en última instancia a diferencia naturales entre los seres humanos, esto es, a antropologías diferentes. Platón defendió que cada grupo social estaba compuesto en virtud del alma dominante (racional, irascible o vegetativa) y esta teoría ha sido defendida en lo fundamental, con numerosas variaciones y encubrimientos, por el Conservadurismo. Al obedecer a un orden natural la estratificación social, no puede ser modificada sin un grave perjuicio para la comunidad en su conjunto.

Los liberales sostienen por el contrario que la estratificación social se debe a las acciones de los individuos, a sus éxitos económicos y en definitiva se configura sobre el patrimonio y la renta que el individuo tiene. El Liberalismo, para el cual todos los seres humanos son iguales por nacimiento, considera que la movilidad social es una de las características consustanciales al ejercicio de la libertad, mientras que los intentos de inmovilidad de las estratificaciones pretendidamente naturales son un impedimento para el ejercicio de la libertad.

4. Colectivos e individuos

Los conservadores consideran que los grupos sociales son la estructura básica de la sociedad. Es por ello la debilidad que tienen hacia la familia (de un tipo concreto) como cimiento de la realidad e institución inmutable por ser obra de la naturaleza, pero el asunto no acaba en la familia, sino en una afición por exaltar todos los grupos sociales que tengan cierta antigüedad. Ellos son los engranajes de la sociedad.

El Liberalismo se centra en el individuo. Es el individuo el que forma los grupos en uso de la libertad y los abandona. Los grupos se creados como consecuencia de sendos actos de la voluntad libre de los individuos. El individuo es el único actor verdaderamente importante en la vida social y la principal referencia a la hora de organizar cualquier estructura social. Incluir forzosamente a un individuo en un grupo constituye una violación de su libertad.

5. Valoración del cambio

El Conservadurismo siempre ve todo tipo de cambio con todas las cautelas. Los conservadores recelan de todos los cambios y sólo los aceptan cuando son hechos consumados, intentando atenuar  al máximo las consecuencias que el cambio puede tener sobre la comunidad o la sociedad. Los conservadores tienen una “edad dorada” dentro de su cosmovisión, un periodo consciente o inconscientemente idealizado, al que siempre pretende acercarse.

Los liberales, por el contrario, son o deberían ser fervorosos creyentes de la religión del progreso. El Liberalismo encuentra sus fundamentos en la Ilustración, en la creencia que un mayor conocimiento no haría más libres y mejores, que la ciencia acabaría doblegando las determinaciones y el reino de la necesidad que la naturaleza nos han impuesto durante siglos. Al futuro y no al pasado se debe dirigir la acción humana.

6. Valores secundarios

He dicho que el Hipervalor de la tradición es el centro del Conservadurismo. Esa tradición tiene una serie de valores (conste que detesto la “moral de valores”, pese a que ahora esté utilizando esta terminología). Los valores que entran dentro de la tradición son los límites y las reglas en la que ha de desarrollarse la vida social e individual, por lo que la libertad estará circunscrita siempre a los valores tradicionales. La libertad, para los liberales, no sólo es el Hipervalor, sino que domina a los otros valores, que manera que estos solamente tienen importancia si son útiles para proteger, garantizar y ampliar la libertad.

7. Religión

Cuando hablamos de tradición, inevitablemente tenemos que acabar hablando de religión. La religión para los conservadores, independientemente de que personalmente sean fieles o no de una confesión, es una fuente de contenidos morales y de cohesión social y control social. La religión, sea en su forma confesional o disfrazada de moral, es la sangre de la tradición y su transmisión a través de la educación es un instrumento irrenunciable para los conservadores.

El Liberalismo mantiene, o debería mantener, la más absoluta libertad religiosa. Cada individuo tiene que ser libre de elegir la creencia religiosa que quiera, incluso si no quiere elegir ninguna. La separación entre lo religioso y lo político es la mejor garantía para conseguir la libertad religiosa.

8. Moral

La moral religiosa, que es la que defiende el Conservadurismo, es una moral de máximos, es decir, estipula cada aspecto de la vida porque no sólo pretende una convivencia social pacífica, sino hacernos felices según sus preceptos y, en el caso de no conseguirnos la felicidad, al menos garantizarnos la salvación eterna.

La moral de los liberales es, o debería ser, una moral de mínimos. Una moral que posibilita el ejercicio de la libertad sin interferencia hacia la acción de los demás, dado que vivimos en sociedad. Cada cual opta por su modelo de felicidad y por la forma de buscarla y si se equivoca, allá él. Si uno quiere salvarse eternamente es libre de querer desearlo y de hacer lo posible, pero no de imponerle ese modelo a nadie.

Conservadurismo y Liberalismo

El Liberalismo es el gran desconocido dentro de los movimientos políticos en España. Últimamente algunos grupos, personas y sectores reclaman para sí el título de “liberal”, pero luego en sus opiniones u hechos demuestran no ser tanto liberales como conservadores.

Esta confusión debió producirse el día que algún gurú de la derecha política dijo que ser de derecha y ser moderno era ser liberal. Unos cuantos se han apuntado al Liberalismo sin saber demasiado bien ni qué ni qué implicaciones tiene. Basta con darse una vuelta por los blogs autodenominados liberales para darse cuenta que sus opiniones están en línea con los blogs y medios conservadores. Siempre atacan a la Socialdemocracia o al Socialismo, pero nunca al Conservadurismo, lo cual es un síntoma; repiten tres o cuatro ideas copiadas de algún artículo norteamericano pero poco más.

El tema de la confusión entre Liberalismo y Conservadurismo me preocupa porque soy de los que mantiene que el Socialismo tiene una matriz liberal innegable (esto ha sido objeto del próximo número de “Argumentos de la Socialdemocracia”). Pero también me preocupa y enfada como defensor del rigor intelectual que palabras que designan dos cosas tan absolutamente diferentes sean confundidas para aniquilar lo liberal siempre a favor de lo conservador.

Propongo un análisis en trece puntos. Podrían ser más o menos, pero me parece que estos son suficientes. Metodológicamente adopto el modelo weberiano de los tipos puros a la hora de describir Conservadurismo y Liberalismo, aunque soy consciente de los múltiples matices que tienen cada una de estas dos ideologías.

Más adelante quiero utilizar este mismo esquema para comparar al Liberalismo con la Socialdemocracia, ver las concomitancias y las diferencias. Esto puede permitirnos tener un pequeño mapa comparativo entre estas tres grandes ideologías que conforman el espectro político de nuestro tiempo.

1. Hipervalor

El Hipervalor para los conservadores es la tradición, entendida como un trasvase histórico de una forma de comportamiento, un modo de entender la libertad y manera de organización social y política (lo que suele llamarse “cosmovisión”). La tradición tiene que ser respetada, mantenida y fomentada (conservada) porque manifiesta lo que una determinada política es y debe ser para mantenerse ordenada y sana.

Por el contrario el Hipervalor de los liberales debe ser la Libertad. Siguiendo a Isaiah Berlin se entiende la libertad en su sentido negativo, es decir, la libertad como remoción de todos los obstáculos externos para la realización de la libertad individual. No la tradición sino la Libertad es lo que ha de ser respetada, mantenida y fomentada, ya que es una característica inherente y definitoria del ser humano.

2. Ontología

La Ontología conservadora es profundamente naturalista. La naturaleza define la naturaleza humana y la misma tradición es un reflejo de la naturaleza de las personas y de los pueblos. El naturalismo de los conservadores les lleva a identificar lo social a lo natural, de forma que siempre buscan la naturalización de cualquier comportamiento, situación o institución social antes que reconocer su historicidad.

La Ontología liberal es economicista, en términos generales, coincidiendo algo en este punto con Karl Marx. La economía, entendida como ánimo de lucro, es el motor de la sociedad, de la historia y el principio de acción de los individuos y todo esto puede ser explicado en términos económicos. La naturaleza para los liberales no es más que el escenario mecánico y sin significado en el que se da la acción de los seres humanos.

Concepto y teoría del voto útil

En todas las elecciones hay llamadas al voto útil y las generales de marzo de 2008 no podían ser una excepción. He intentado encontrar una definición sencilla y clara de lo que es el voto útil pero no la he encontrado, por lo que propongo dar yo la definición, que siendo obra mía no será ni sencilla ni clara.

Si hablamos de voto útil es porque entendemos que hay un voto inútil, es decir, un voto sin rendimiento electoral y un voto no tiene rendimiento electoral cuando no es capaz de traducirse en al menos un escaño.

Éste sería el núcleo más duro del voto inútil, pero también cabe una “inutilidad” relativa. Nuestro sistema electoral, como todos los proporcionales, reparte los últimos escaños de las circunscripciones más grandes con restos muy pequeños. Un partido puede tener un resto muy jugoso que no le va a permitir ganar otro escaño, pero que unido al resto de un partido cercano sí se lo permitiría. Normalmente se suele considerar que el resto perdido es el del partido que saca menos representación.

Todo este juego de restos produce efectos importantes y puede hacer que el resultado electoral sea uno u otro. Aquí llegamos a hablar de hacer útil un voto, porque agrupar los votos de dos o más partidos cercanos puede producir un rendimiento electoral superior.

Cuando se vota hay preferencias y exclusiones en el voto. Una persona puede votar a una formación, en determinadas circunstancias votar a otra y nunca plantearse votar a una tercera. El voto útil se basa en la certeza de que también se puede votar por exclusión, es decir, no votar a tu primera opción para que no gane las elecciones el partido al que no votarías nunca. Este criterio a la hora de votar es tan válido como cualquier otro, porque cuando elegimos algo, rechazamos lo otro, de forma que elegir una cosa y con esa elección propiciar lo que no queremos puede ir en otra que lo hemos elegido.

Es evidente que el voto puede traspasarse como voto útil sólo cuando se da cercanía. La cercanía es diversa. Normalmente tendemos a pensar que solamente se da en el segmente de izquierda y derecha, pero también puede darse entre nacionalistas y no nacionalistas, o entre demócratas o totalitarios (recuérdese el voto útil masivo en las presidenciales francesas de 2002 a Jacques Chirac cuando se enfrentó a Le Pen). Caben otros segmentos de utilidad dependiendo de las circunstancias particulares de un lugar o de un momento. Hay sobrados ejemplos de voto que se aglutina en una candidatura que no obedecen tanto a la candidatura sino a los condicionantes.

La captación voto útil se ha institucionalizado en el proceder de los partidos políticos. Desde el inicio de la transición el PSOE ha intentado integrar a todas las formaciones de izquierda, con el escollo del PCE (transmutado en IU), y la integración del PSP en los primeros años es un ejemplo. El PP ha acaparado todas las formaciones desde la primitiva UCD, desde 1982 con el argumento del rechazo a los socialistas, o con UPN en Navarra (por no hablar del PP y la ultraderecha). Las coaliciones electorales están recogidas en nuestra legislación electoral y las coaliciones no son más que candidaturas de voto útil.

Todo los que se sienten perjudicados por el voto útil lo atacan de diversas formas, incluso diciendo que el voto útil es “una restricción al derecho al voto en libertad”. El voto útil es una opción más que tiene el elector y éste a lo que sí tiene derecho es a saber cómo funciona el sistema electoral y qué repercusiones en los escaños tiene votar a cada opción política.

Finalmente cada cual puede votar lo que quiera y para ello ha de emplear los criterios que considere mejores. Que el rechazo a una formación política sea determinante no es problema del ciudadano que elige a quien votar, es un problema de la formación que produce ese rechazo entre los ciudadanos, tanto que llega a unir a los votantes de tendencias diferentes.

El rendimiento electoral puede ser valorado como determinante por quien quiera tenerlo en cuenta, porque la libertad reside en formarse los propios criterios y jerarquizarlos, y poder actuar en consecuencia.

Yes, we can

Os dejo una delicia. Estética y política unidas. Un vídeo de la campaña de apoyo a Barack Obama que convierte en canción su discurso después de las primarias de New Hampshire. "Yes, we can", un gran lema.





Pizarro me ha insultado a mí y a todos los andaluces

Pizarro me ha insultado y exijo que se retracte. Ha dicho que lo que él quiere es que “los andaluces se pongan a trabajar”. Soy andaluz, después de acabar mis estudios universitarios puntualmente y con aprovechamiento, me incorporé al mercado laboral, en el que sigo, pagando mis impuestos, cotizando a la Seguridad Social e intentado hacer las cosas correctamente.

Él me ha insultado a mí y a varios millones de personas. No para de llamarnos vagos. El ex comisario político del PP en las cajas de ahorro y en ENDESA se atreve a llamarnos vagos.

Sólo quiero decirle que el tiempo que necesito para hacer mi declaración de la renta es de quince minutos, cobro una nómina y tengo los gastos habituales. Posiblemente él para pagar una cifra ridícula de impuestos en comparación con sus ingresos tenga que emplear mucho tiempo, contratar asesores fiscales. Yo y millones de andaluces, y de españoles, mantenemos al Estado del que Pizarro siempre se ha intentado aprovechar: en la bolsa, en las cajas o en ENDESA. Vago y mantenido es él.

La respuesta más contundente que le podemos dar será el 9 de marzo, cuando Chaves vuelva a ser reelegido y Zapatero vuelva a humillar a los populares.

La blogosfera está de elecciones

La Blogosfera anda loca con las elecciones o al menos es eso lo que yo percibo. La mayoría de los bloggers que tocan temas de actualidad se han decantado ya y han entregado sus horas y espacios a patrocinar una determinada opción política.

El problema que tienen los blogs como medios de propaganda política es el mismo que el que tienen los periódicos: cada cual lee los medios que más cerca están de sus propias opiniones. Las redes están bien, pero el que problema es que un blogger será leído prácticamente por los que ya piensan como él.

En consecuencia la batalla consiste en penetrar en los ámbitos en los que los internautas o tienen otra tendencia, o son independientes, o bien nos están especialmente interesados en el asuntos de las elecciones.

Las técnicas de penetración son miles, algunas más limpias y otras más groseras. Son las primeras elecciones generales que en España hay Internet 2.0 todo el personal anda haciendo pruebas, abriendo caminos en la selva de los blogs y buscando cada cual sus referencias o intentando convertirse en referencia. Estas elecciones son la fiebre que acompaña al crecimiento en la adolescencia. La Blogosfera crece y va camino de la edad adulta con las contradicciones que tiene el paso de una época a otra.

Que este símil psicológico pueda ser pertinente no quiere decir que no haya cosas insoportables, como en cualquier adolescencia. Diré alguna de las que no me gustan. No me gustan los blogs que se han abierto hace tres días (para las elecciones) y que no hacen más que poner los titulares más amarillos e hirientes que se puedan imaginar; no me gustan los comentaristas que andan pegando un argumentario; no me gustan las personas que piensan siempre que el autor del blog es un perfecto ignorante (entran ganas de decir aquellos de “no sabe usted con quien está hablando”); no me gustan los que no comentan las entradas sino que se dedican a hablar de la campaña que andan promoviendo o de sus cosas; y desde luego no me gustan los que insultan pero para eso la moderación de comentarios es un gran invento.

La adolescencia política de la Blogosfera se pasará pronto, al menos para una parte, la que pierda las elecciones del 9 de marzo. Con la excepción de los que han entrado para calentar durante las elecciones, habrá análisis sensatos y críticos sobre las causas de la derrota electoral y la estrategia a seguir durante los años venideros. Los que ganen, se embriagarán tanto con su victoria que tardarán tiempo en hacer los análisis correspondientes.

El amigo de mi enemigo es mi enemigo o del sinsentido de que los obispos te apoyen

Recojo una propuesta de Egócrata para hablar del valor del apoyo de la Iglesia Católica al Partido Popular en el proceso electoral que vivimos. Decía con mucha razón que ese apoyo denodado de la Iglesia al Partido Popular es un apoyo que puede ser envenenado.

Entre los ciudadanos, según el estudio del BBVA de hace unos meses, la Iglesia Católica es la institución menos valorada, lo cual en nuestro país, tan poco amigo de las instituciones y tan fanático por trabajar en una ella, es todo un mérito.

En política hay un criterio simple y peligroso pero que funciona con más asiduidad que la deseable: “el amigo de mi enemigo es mi enemigo”. Si la Iglesia Católica es la institución que peor cae a los ciudadanos, todas las instituciones que ella apoye pública resultarán contagiadas por ese rechazo. No sé la distribución del rechazo, pero me temo que la Iglesia acumula además muchas valoraciones mínimas, por lo que su capacidad de movilizar en contra es mucho mayor que la de movilizar a favor o de producir indiferencia.

En el caso de ser yo un dirigente político, nunca querría el apoyo de alguien a quien los ciudadanos no valoran positivamente. Es como si quieres ser el delegado de clase y te apoyan los alumnos más pelotas.

Decirse católico es fácil pero es fácilmente constatable si hay una diferencia entre lo que se dice que se es y la relevancia que esa creencia religiosa tiene en la propia vida. Recuerdo un estudio de Tornos y Aparicio que mantenía que el ideal católico era valorado por la mayoría como un comportamiento propio de sectas. Y todo esto sin tener en cuenta el número de los que se consideran ateos o agnósticos, que la llega a la cuarta parte de la población.

Los matrimonios religiosos bajan, incluso los bautizos, las prácticas religiosas van en descenso continuo y las incorporaciones de más recursos humanos a las filas del sacerdocio y de las congregaciones religiosas son gotas contadas. Los mandatos de la jerarquía en materia sexual no llegan ni a la categoría de meras orientaciones para la inmensa mayoría de los españoles.

Si pertenecer a una confesión religiosa no es solamente decir que se pertenece, o estar inscrito en un registro religioso, sino llevar un estilo de vida conforme a esas creencias, el número de católicos baja espectacularmente.

Como también dice Egócrata, la constante intervención de los obispos en la escena política quita otros temas del debate. La intervención de los obispos centra la vida política sobre cuestiones que ningún gobierno va a alterar como es el divorcio o el aborto y sirve para que muchas personas se movilicen en contra de la Iglesia y aplicando el principio antes citado, apoyando a los atacados por la Iglesia. La intervención de los obispos permite a la izquierda moverse en el terreno de los principios, en el que a día de hoy en España tiene superioridad sobre la derecha.

Pero el problema no es sólo para el Partido Popular y los apoyos sospechosos, por más que piensen que la Iglesia tiene mucha influencia internacional, sino para la propia Iglesia. Entre los votantes y militantes del PSOE hay un nivel de práctica religiosa y de implicación en las parroquias mayor a la media nacional. Esos fieles activos que votan a los socialistas o que son socialistas se ven insultados por su propia jerarquía, cuando ellos tendrían argumentos más que sobrados, conocidos de primera mano, para decirles tres verdades a esa misma jerarquía.

Esta caída descaradamente partidista de la Iglesia puede provocarle serios problemas internos. Su pequeña influencia puede caer aún más, corriendo el peligro de identificarse tanto con una opción política tan determinada y tan extremista que la percepción social vincule indisolublemente la pertenencia a la Iglesia con mantener simultáneamente esa misma opción política.