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Política

Los inductores (autores intelectuales) no son necesarios

¿Todo crimen necesita de un inductor, de un autor intelectual en la jerga de los ignorantes que las quieren dar de entendidos? La respuesta es sencilla, no. Los miles de delitos que lamentablemente se cometen todos los días normalmente solamente tienen autor material y no inductor, ni cooperador necesario.

Internet fue una creación de origen militar, que buscaba solucionar el problema que generaban los sistemas informáticos rígidos y piramidales, en los que la supresión del servidor central hacía caer toda la red. La primigenia Internet, y la actual, es un sistema en el que ningún servidor es central, de forma que la caída de uno de ellos lo único que provocará es que la información busque un nuevo camino en la tela de araña que es Internet.

¿Por qué he contado esto? Porque metafóricamente en este mismo sentido se han desarrollado las organización y las redes terroristas. Las organizaciones clásicas, como ETA, son piramidales, de manera que la detención de un grupo de alto rango, suprime la organización o buena parte de ella. Las organizaciones terroristas del siglo XXI realmente no son organizaciones, sino que son redes, en la que las conexiones son dispersas y en las que cada componente se encuentra en un rango equivalente, pudiendo actuar autónomamente, sin necesidad de órdenes o comunicaciones, y en las que la supresión de una de sus unidades sólo permite que caiga esa unidad, ya que cada componente de la red existe, se financia y actúa independientemente del resto de la red, con la que mantiene relaciones líquidas, llegando a desconocer la existencia de buena parte de la red a la que pertenece.

El terrorismo del siglo XXI no precisa de autores intelectuales, de personas que den la orden, porque son los autores materiales quiénes gozan de la capacidad y autonomía para planear y realizar los criminales atentados, ya que ellos se financian también autónomamente. El terrorismo del siglo XXI es más peligroso porque no es que haya una gran organización, ni “Al-Qaeda” lo es, sino una red difusa en sus intenciones y absolutamente autónoma en las acciones de cada uno de sus componentes, por ello cuando se acaba con un elemento de la red hay que ir al siguiente, porque de uno no iremos a otro, sencillamente porque los unos ignoran la existencia de los otros y solamente tienen vínculos endebles con algunos enlaces, que conocen únicamente a una parte mínima de la red.

Los cargos que más molan a los políticos

La ambición forma parte de la vida política desde que se organizaron las prístinas comunidades humanas. Es evidente que el deseo de hacerse con un cargo es connatural a la vida de lo que llamamos un “político”. Un gravísimo error es considerar que todos tienen el mismo tipo de ambiciones, esto es, que todos los políticos anhelan y buscan los mismos cargos. Esto es así en los cargos realmente atractivos, como es la Presidencia o un Ministerio, pero no en los de nivel un poco inferior.

Los políticos con más ambiciones no son precisamente aquellos que buscan una concejalía o un cargo que les dé notoriedad. Al contrario, los políticos con la ambición más álgida y mayor inteligencia procuran construir su carrera sobre puestos con poca notoriedad pero con mucho poder, para hacerse con resortes políticos sin tener que sufrir el continuo escrutinio público. Esto es lo que mola a los políticos: poder y anonimato, porque quién es desconocido para el gran público no corre el peligro de quedarse y siempre está en disposición de ascender a las cuotas más altas como una estrella invitada que llega a cerrar la gala por sorpresa.

¿Qué ejemplos podemos poner para ilustrar los cargos molones? Hagamos una relación, que ni mucho ni menos puede ser ni pormenorizada ni exhaustiva: las subdirecciones generales todas valen, las vicepresidencias de las diputaciones, las asesorías personales de altos cargos, los consejos de administración de las sociedades públicas o puestos directivos en la administración institucional. Tres son las variables que hacen que un sueldo sea más molón que otro: altura en la jerarquía administrativa y consiguiente poder e influencia, salario directo como en dietas y opacidad para los medios de comunicación (el ideal es que ni sepan que el cargo existe).

España es un país que paradójicamente premia más al político escondido que al político que gana elecciones. Por ejemplo, en los Estados Unidos ninguno de los dos grandes partidos hubieran presentado como candidatos ni a Mariano Rajoy ni a Rodríguez Zapatero; el primero no ha ganado nunca nada como cabeza de lista y todos los puestos que ha tenido, incluso la nominación como candidato, han sido por designación directa; el otro estaba especializado en perder elecciones como secretario del PSOE en León, aunque sí tuvo el mérito de ganar a tres candidatos más en un Congreso de un partido tan complejo como es el Partido Socialista.

La política electoral norteamericana tiene aspectos pocos brillantes como son su manía por descubrir cualquier historia sexual de los candidatos o un sistema de financiación de las campañas que tiene agujeros que nadie quiere reparar, pero también tiene virtudes como es preferir a aquel que ha sido alcalde, gobernador y senador a un personaje gris, que toda su trayectoria política ha dependido de la elección directa del “stablishment” del partido correspondiente.

Y es que en nuestro país se confunde mérito y capacidad con cargos opacos para todos y de elección directa. Un político tiene que demostrar o haber demostrado que es bueno para dirigir un gobierno del nivel que sea, porque la capacidad técnica la han de tener los funcionarios a su servicio y es allí donde nunca debería meterse.

¿Por qué llamar "Gobierno de España" al Gobierno de España?

¿Por qué llamar “Gobierno de España” al Gobierno de España? Ésta es la estúpida pregunta que el portavoz del PP en el Senado va a hacerle al Presidente del Gobierno en la sesión de control de esta semana. Él quiere decir que el lema utilizado en la publicidad institucional es reiterativo, porque efectivamente el Gobierno de España es el “Gobierno de España” y parece, en opinión de los populares, que el Presidente lo ha descubierto ahora.

Lo que sí uno tiene la impresión de que durante los ocho años de gobierno popular, la unificación de la publicidad institucional no mencionaba ni “gobierno”, ni “España”, sino una abstracción tal como “Administración General del Estado” (en siglas, AGE). Durante la presidencia de Aznar no había gobierno, sino una cosa como la AGE que nadie sabía qué era.

Si al portavoz popular le parece tan mal llamar “Gobierno de España” al Gobierno de España, puede plantear esa misma pregunta en el Ayuntamiento de Madrid, que se denomina “Ayuntamiento de Madrid”, en las Cortes aragonesas, pues el Gobierno de Aragón” se autodenomina siniestramente como “Gobierno de Aragón”. Pueden presentar miles de preguntas en todos los municipios del país y en todas las comunidades autónomas, porque todas estas administraciones se llaman a sí mismo con el topónimo de su territorio.

Puede que realmente los populares quieren llamar al Gobierno de España como “Gobierno de la República de España” con su Presidente “Ansar” a la cabeza, rememorando los gloriosos tiempos de la visita del gobernador de Florida, el inefable Jeb Bush, hermano del actual Presidente norteamericano. Lo mismo buscan otra cosa y preferirían llamar al Gobierno de España como “Cortijo Popular”, “Gobierno de la Gente de Orden” o “Fuera los rojos”, que es lo que ellos hacen cuando están en el poder en cualquier sitio. Finalmente cabría preguntarles a los populares: ¿tanto les molesta la palabra “España”?.

Rosa Regás

La última semana de agosto ha tenido una noticia dominante en el plano político y cultural: la dimisión de Rosa Regás como directora de la Biblioteca Nacional. Creo que el nombramiento de esta señora fue una de las peores decisiones del Gobierno de Zapatero cuando comenzó su gestión.

En nuestro país se confunde al intelectual con el escritor y se piensa que un escritor es una especie de sabio que sabe de todo, cuando su mérito generalmente es expresar lo que realmente nunca ha existido. La consecuencia es que diferentes gobiernos han puesto a especialistas en la ficción a gestionar algo tan real como es la Biblioteca Nacional (como también fue el caso de Luis Alberto de Cuenca con el PP).

Por otro lado Rosa Regás representa una forma de izquierda de la que me encuentro muy distante. Una izquierda que no es una ideología o pensamiento para la mayoría, sino para determinadas minorías y que nunca cuestiona el “status quo”, porque sus sostenedores son unos de los que se benefician de ese sistema.

El nuevo ministro de Cultura se dijo a Regás que en tres años no había hecho nada y posiblemente esto haya sido cierto, pues un ministro suele tener buena información sobre su departamento. Todo ello se ha unido a la pérdida de determinado material de bastante valor patrimonial en las propias salas de la Biblioteca. Regás se ha intentado disculpar diciendo que eso ha pasado antes y también sucede en otras bibliotecas similares, pero esto es además un reconocimiento del hecho también es de la incompetencia, porque cuando se nombra a alguien para un puesto es para que las cosas mejoren respecto al pasado, no para que todo siga igual, y para tomar lo mejor de otros lugares, no su indolencia respecto al robo de material.

Regás debe darse cuenta de que la política no es escribir contra el adversario, ya que cuando se ha dejado la oposición hay que hacer infinidad de cosas, en cada una de las áreas de la Administración. Política no es decir solamente que la derecha es malísima y herederos del Franquismo, sino que hay que demostrar que la otra opción es mejor gestora, beneficia a la mayoría y es preferible a la hora de las elecciones, incluso cuando se esté entre millones de libros y millares de investigadores.

Los católicos moderados ganan las elecciones castellanas

La prensa de hoy, al hablar, de las elecciones en Turquía habla del triunfo de los “islamistas moderados”. Estas dos palabras tienen una pragmática curiosa, porque se crea la alarma con el sustantivo “islamistas”, pero se intenta aminorar el temor con el adjetivo “moderados”.

En los países musulmanes estamos muy atentos a las tendencias religiosas de los partidos políticos, lo cual no sólo es razonable, sino incluso necesario. Lo paradójico es que no lo estamos cuando lo mismo ocurre en nuestro país. Suponiendo que el Partido Popular sea el de los “católicos moderados” (aunque el adjetivo es, naturalmente, muy generoso), ningún medio de comunicación titularía la noticia de su victoria electoral en las elecciones autonómicas de Castilla-León como “victoria de los católicos moderados se hacen con el gobierno de Valladolid”.

El problema es que los islamistas no son únicamente islamistas y tampoco todos los islamistas son iguales, al igual que tampoco políticamente todos los católicos son iguales. Noticiar y analizar las cosas “grosso modo” no es que se salte los matices, sino que desprecia las diferencias más importantes. Turquía no se divide entre islamistas (con o sin adjetivo) y militares laicistas, ya que hay una enorme pluralidad de fuerzas y tendencias. Tengo la impresión que los “islamistas moderados” son la versión musulmana de la “democracia cristiana” europea. Seguramente, en un futuro con Turquía en la Unión Europea, demócratas cristianos e islamistas moderados se entenderán a las mil maravillas.

Mariano, guarda la carta

No voy a aportar nada en especial a todo lo que ya se ha dicho sobre la dimisión de Joseph Piqué al frente del PP en Cataluña. Sólo tengo que decirle a Mariano Rajoy que no tire la carta de dimisión de Piqué, porque le puede servir de modelo para dimitir él mismo cuando pierda las próximas elecciones generales.

Recurrir por recurrir

El Tribunal Constitucional ha inadmitido de plano el recurso de inconstitucionalidad que la Comunidad Valenciana había presentado contra el Estatuto de Andalucía. Los magistrados de este tribunal se han tenido que quedar realmente helados al ver que no se les pedía un pronunciamiento sobre la constitucionalidad o no de la norma estatutaria andaluza, sino la correspondencia entre el Estatuto andaluz y el catalán, lo cual es absolutamente ajeno a la jurisdicción constitucional y casi a toda jurisdicción.

El PP está utilizando todas las técnicas dilatorias de abogados “picapleitos” para hacer propaganda y poner obstáculos absurdos a los nuevos Estatutos de Autonomía. Recurren por recurrir, a todo lo que se mueva, a todo lo que se haga, sin sentido jurídico ninguno y sin ningún tipo de responsabilidad. Han hecho realidad la peor pesadilla de un abogado principiante: que ni siquiera se examine su recurso. Tienen el espíritu de “tramposos del foro” y ningún sentido jurídico.

El control del PP sobre los medios locales

¿Cómo logra el Partido Popular determinados resultados en las elecciones locales que no tiene proporción con los resultados en las elecciones autonómicas y generales? Unos dirían que por la magnífica gestión de las corporaciones populares, lo cual puede ser cierto, pero en un grado muy escaso, al menos a partir de los municipios que conozco, donde destaca lo aparente (poner muchas rotondas con flores sería un buen ejemplo) frente a lo importante (tener a punto el saneamiento de la localidad).

La clave está en algo que hay que reconocer que el PP hace mejor que nadie y que ha sido el único en darle la importancia que tiene: el control de los medios de comunicación locales. Los medios de comunicación tienen una estructura local, a la cual los jefes nacionales les exigen unos resultados de facturación. Allí llegan las corporaciones locales del PP, dando dinero público a manos llenas a los medios locales, salvándoles los años contables, y recibiendo un trato inmejorable en los medios de comunicación.

Liberalismo internáutico español

Anoche, casualmente, estuve leyendo un interesante artículo colgado en la página de una de las fundaciones liberales más famosas de los Estados Unidos. Dado que el artículo, la argumentación y el tono me gustaron me animé a buscar páginas liberales españolas a ver si encontraba algo similar. Para nada, todo decepción y clones de las páginas más ultras del entorno del PP.

Lo que más me molesta es que las páginas españolas no son realmente liberales, sino que expresan los anhelos e ideales más conservadores con la etiqueta, vilipendiada y tergiversada, del “Liberalismo”. Lo peor de todo es que los autores de estas páginas parece que confunden Liberalismo con Conservadurismo no con mala fe y conciencia, sino por pura y simple ignorancia.

Conservadurismo y Liberalismo son tan diferentes como Liberalismo y Marxismo, pero para no caer en las trampas de la derecha conservadora y clerical, los aspirantes a liberales españoles se deben conformar con leer un poquito y en sacar las consecuencias de las palabras de los pensadores liberales clásicos. Lo peor que a uno le puede pasar es que quiera ser algo y que por desconocimiento y pereza acabe siendo algo que no quiere ser, sin darse cuenta del engaño que ha sufrido.

La desesperación de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy intenta desesperadamente convertir su humillante derrota en el Congreso de los Diputados la pasada semana con un programa de gratis total, sólo en apariencia.

Ha prometido una bajada de impuestos, que es puro palabrerío y que se queda descolorida con la bajada que ya tiene casi preparada el Ministerio de Hacienda que dirige Pedro Solbes. Ha dicho que la educación iba a cambiar radicalmente, pero traducidas las palabras de Rajoy esto no es algo diferente que entregarles todos los recursos educativos de la Nación a los curas y a las monjas. Ha anunciado retoques a la Constitución, cuando todos tenemos claro que para que la Carta Magna siga siendo un instrumento vivo necesita algo más que retoques.

Esto se llama huida para adelante. Cree que promete mucho, pero engaña más y copia en todo lo bueno al gobierno de Zapatero. Es la reacción del cobarde que sabe que va a ser humillado por el Presidente en las próximas elecciones: salir diciendo tonterías e intentando engañar a los ciudadanos (pensando que son tontos), en vez de dimitir e irse de una vez a su Registro.

Irán es poco integrista

Me ha sorprendido en leer en la prensa que el terrorismo islámico ha amenazado con ataques al régimen islamista de Irán, y más cuando siempre ha habido cierta sospecha sobre la connivencia de este régimen con algunos grupos.

Tengo la sensación de los integristas que patrocinan el terrorismo están ebrios de su propio éxito criminal desde el 11-S y que creen que nada los puede parar, ni siquiera un régimen con un grado de fanatismo comparable al que ellos mismos tienen.

Son tan integristas que ni los modelos de integrismo, que eran los dirigentes iraníes, ya les valen. Se creen tan en posesión de la verdad que ni los cercanos religiosa e ideológicamente dejan de ser sospechosos.

Si se vuelven contra aquellos que sí han conseguido desarrollar estatalmente su posición, poco o nada les quedará que hacer, excepto salvajadas inhumanas, porque saturarán a la población de discurso extremista y harán parecer moderado a todos los demás, eliminando todo apoyo (como el del régimen pakistaní o el del iraní) y autocondenándose a la marginalidad. Con nada que mejore la situación económica en muchos de estos países, el consumismo se encargará del resto.

Los jueces que la derecha desea

Berlusconi tenía todos los elementos para ser un dictador: buena imagen, un amplio patrimonio personal, una ideología inexistente, buen manejo de los sistemas de propaganda y de publicidad y un miedo atávico a los jueces y a la separación de poderes.

Desde que consiguió hacerse con el poder, apoyado por los neofascistas de Alianza Nacional y sus primos hermanos septentrionales, la “Lega”, comenzó una batalla sin fin contra los jueces de su país, a los que acusaba de “comunistas” (término un poco anticuado), que golpistas judiciales y de peligrosos izquierdistas que le querían hacer pagas por sus “pecadillos” financieros, fiscales y mercantiles.

Ahora se ha descubierto que Berlusconi no se limitó solamente a atacar a los jueces, sino que también los espió, porque un buen representante del “centro reformista” no puede permitir que los jueces se sientan independientes del “centro reformista”. El espionaje contra los jueces no fue detenido por las fronteras italianas, sino que se extendió a los jueces de numerosos países europeos, los cuales tenían generalmente en común pertenecer a una asociación europea de jueces progresistas. Entre ellos nuestro polémico y controvertido, juez Baltasar Garzón.

La derecha no ha creído nunca en la independencia judicial y para maquillar este descreimiento ha intentado convertir la independencia en corporativismo, confundiendo lo que es la administración judicial con la actividad jurisdiccional.

A la derecha le gusta que los jueces se centren en cuestiones tales como la resolución de un contrato de poca cantidad entre particulares, algunas cuestiones de Derecho de Familia, los derechos reales de garantía o a determinar el dolo en delitos que comenten la escoria social.

Los jueces que no le gustan a la derecha son los jueces que piensan que las leyes son iguales para todos y que se puede aplicar a todos según lo determinado en éstas. Que si la estafa es grande, su tamaño no le quita importancia ante los tribunales, sino todo lo contrario, exige una atención judicial mayor porque habrá un número mayor de afectados; que si es un gobierno el que impulsa una Ley para destipificar determinados delitos mercantiles de los que está acusado, es una operación inconstitucional (como dictaminó el Tribunal Constitucional de Italia cuando Berlusconi intentó esta operación).

La derecha quiere jueces dóciles, que hagan caer todo el peso de la Ley sobre los que no son ellos ni sus familias y que sientan un odio visceral hacia las clases menos favorecidas, los trabajadores y todo lo que huele a izquierdista. Quieren jueces que se masturben intelectualmente con la naturaleza jurídica del censo enfitéutico, pero no jueces que intenten llevar el Imperio de la Ley a todos los sitios, incluso al interior de los despachos en los que ellos intentan hacer sus negocios más allá de toda legalidad y contra la sociedad.

El superhéroe humillado por Bambi

Hay un personaje en la política española que pensó que estaba predestinado a la gloria. Este hecho llegó a su confirmación cuando recibió la nominación de ser el heredero de la grandeza aznarista. Ser elegido sucesor era lo difícil, las elecciones eran un trámite sin sentido, porque no cabía duda de que los españoles, todos sensatos, íbamos a arrojarnos sobre las urnas para votar en masa al delfín gallego, primero de Fraga y luego de Aznar.

Ese personaje tiene una soberbia hasta ahora ignota y para potenciarla se ha rodeado de pelotas que no hacen otra cosa que adularle y decirle que él ha sido elegido, desde que estaba en el seno materno, para ser el hombre que nos redimiera de los males pasados, presentes y futuros.

El adversario de este profeta de la política española era un chico procedente del antiguo Reino de León. A pesar de la conciencia de superioridad, nuestro héroe perdió las elecciones y se vio retrotraído a los bancos de la oposición, que para muchos es su lugar natural pero que él vive como la mayor de las ignominias.

Cada año en el “Debate sobre el Estado de la Nación” prometía a propios y extraños que mandaría a Bambi al bosque, pero cada año Bambi le daba un revolcón que él no se esperaba y no sólo dormía el polvo, sino que se lo comía. Ridículo tras ridículo, debate tras debate, esperó que la situación actual del proceso de paz le diese el triunfo que pensaba que tenía derecho.

Volvió a fracasar, cosa que a nadie le sorprendió. Por cada español que considera que el héroe gallego venció, hay tres consideró que la victoria era para Bambi. Todo un preludio, obertura o prólogo de lo que le va suceder en las elecciones generales del próximo año.

El amigo de Bush y la seguridad nacional

George Bush ha anunciado que va a conmutar la pena que un tribunal federal le ha impuesto al ex jefe de gabinete del Vicepresidente Cheney por revelar la identidad de una agente de la CIA, lo cual en Estados Unidos en un delito no sólo de revelación de secretos sino también contra la seguridad nacional. Este angelito, I. Lewis Lobby, tendrá que pasar dos años de libertad condicional (en vez de pasarlo en la cárcel) y pagar una multa de 250000 dólares.

El uso de la facultad de indultar y de conmutar penas por parte del actual Presidente ha sido un fraude a las previsiones constitucionales, ya que implanta un doble rasero, si ya no lo había, entre los criminales, los que son amiguitos de Bush y los que no lo son, siendo estos últimos objetos de pena durísimas por cualquier causa.

La proporcionalidad de la pena es variable, dependiendo de la gravedad de la infracción cometida y de, lo que en el sistema jurídico continental, la importancia del bien jurídico lesionado. En tiempos en los que la Administración de Bush ha hecho de la lucha contra el terrorismo su única bandera política es realmente abominable que una persona, que atenta contra la seguridad nacional, se vea dispensada de ir a la cárcel y que se considere que dos años de cárcel es una pena desproporcionada para quien ha puesto en peligro misiones de inteligencia en el exterior por parte de los servicios de los Estados Unidos.

Esto y no otra cosa es la derecha en su mejor expresión: dureza para los demás, impunidad para los propios. Gerald Ford, nada más jurar el cargo, insultó a Richard Nixon por todos los delitos que pudiera haber cometido durante su presidencia, y esto le costó a Ford la posibilidad de ser elegido Presidente en 1976. Este nuevo indulto entre amigos puede costarles muy caro a los republicanos en las elecciones de 2008.

Consecuencias políticas del misterio

La F-29 es una prueba de actitudes que intenta medir el grado de autoritarismo de una persona. Buscaba los temperamentos personales más cercanos a las formas de pensamiento y la mentalidad de los totalitarismos. Uno de los elementos principales, que aparece en varias de las preguntas del test, es la creencia en que buena parte de la realidad no admite explicaciones racionales.

Lo que no tiene una explicación racional recibe muchas veces la denominación de “misterio”. La revolución científica hizo posible que la Humanidad mirase a la naturaleza con confianza, como una entidad que era cognoscible y dominable, dejando de ser misteriosos los hechos de la naturaleza para convertirse en pautas que expresaban una serie de leyes científicas formulables de forma general y abstracta.

Anoche estuve viendo el programa televisivo de Iker Jiménez. La sensación que desprende ese programa es de inseguridad en todos los planes y para ello trabaja sumamente bien la sugestión del telespectador. La “filosofía” que este programa es que no hay un conocimiento válido, una ciencia que tenga bastante respuestas y cada día más, sino todo lo contrario: se sobrevalora lo irracional, lo no explicable, lo que nos proporciona inseguridad.

La sensación o la percepción de inseguridad tiene una consecuencia psicológica, social y política inmediata: la búsqueda obsesiva de seguridades que tengan el mismo nivel de fuerza que la causa de la inseguridad. Los totalitarismos han promocionado la superstición de diversas clases, la inseguridad absoluta y el miedo, para que las personas vean en las instancias representativas del poder un lugar de protección y de seguridad a las que entregasen, aunque el precio sea el de la propia libertad.

Evidentemente no quiero decir que la intención de Iker Jiménez sea la subrepticia promoción de actitudes científicas, sociales y políticas de carácter totalitario, pero se debe tener en cuenta que hay sociólogos que hablan de las consecuencias no pretendidas de las acciones. El misterio y sus impulsores mediáticos pueden estar sirviendo a unas actitudes que no comparten pero a las que ayudan sin pretenderlo.

El parapeto liberal de Esperanza Aguirre

Es increíble Esperanza Aguirre se presente como una defensora del liberalismo. Realmente es un insulto al liberalismo, que es una doctrina, entendida genéricamente, que tiene como primer valor social, económico y político la defensa de la libertad individual.

Esperanza Aguirre sólo cree en algunas libertades económicas, la que consagran el “status quo” de determinadas corporaciones empresariales y grupos de interés, para que conserven su posición dominante, destruyendo en consecuencia la libertad de acceso al mercado.

Asegurar la libre competencia no es un interés del falso liberalismo de Esperanza Aguirre. La salida y entrada de actores en el mercado es vista como  perjudicial, así como la posibilidad de que el punto de partida de los actores económicos sea en las mismas condiciones, sin privilegios ni posiciones protegidas. La actuación del gobierno autonómico que preside se ha caracterizado por ser una instancia de intervención social en todos los ámbitos, sean económicos o sociales, porque Aguirre cree que ella es mejor que lo que libremente los ciudadanos pueden elegir.

Acabadas las libertades necesarias para que unos pocos sean más poderosos en el mercado, toda libertad individual queda sometida a criterios conservadores de extracción religiosa, pues la moral individual debe estar sometida a la moralidad católica y la sociedad debe ser el reflejo de las pretensiones de los grupos más inmovilistas. Toda decisión de la libertad individual es siempre sospechosa.

En los Estados Unidos, “liberal” es un equivale muchas veces a izquierdista, perversión del significado inventada por los conservadores. En España, sin una auténtica tradición liberal, es un término usado a conveniencia, para alabar o atacar. Si hay o se defiende el liberalismo, que sea de verdad, en todos los aspectos de la sociedad, y no es legítimo utilizar esta ideología para amparar lo que es conservadurismo del más rancio.

Elecciones primarias (II)

En otras ocasiones he insinuado la necesidad de que las elecciones primarias para las candidaturas de los diversos partidos con la finalidad de eliminar las camarillas que deciden y dirigen los países, realizando una selección de personal únicamente basada en las fidelidades personales y en el clientelismo político.

El país que inventó las elecciones primarias, al menos al nivel de mis conocimientos, fueron los Estados Unidos. La lucha por la generalización de las primarias fue dura y necesitó de leyes federales y estatales para obligar a que las formaciones políticas seleccionaran de esta manera a sus candidatos.

La falta de democracia interna de los partidos políticos españoles es alarmante y ello hace necesario tomar medidas realmente contundentes, más allá de toda retórica. Creo que sería necesario introducir un nuevo capítulo a la Ley de Partidos Políticos obligan a realizar estas elecciones, tomando medidas de democratización y determinando los procedimientos de llevar a cabo las elecciones primarias.

Esta regulación tiene una evidente cobertura constitucional en el artículo de la Constitución establece que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Corresponde a la legislación del Estado determina qué se entiende por estructura interna y funcionamiento democráticas, pudiendo establecer como requisito la celebración de elección primarias, teniendo que en cuenta que la concurrencia en los procesos electorales es una de las principales funciones de los partidos políticos.

Los defensores de la libertad de los padres

Los defensores de los conciertos educativos con centros docentes religiosos han encontrado un nuevo argumento, que explotan hasta la saciedad. Dice que lo que está en juego es la libertad de los padres para elegir el centro que quieren para sus hijos, unos se basan en el que los padres podrán elegir un centro conforme a su ideario, mientras que otros, menos idealista en cuento a los principios religiosos de los padres, se refieren a la supuesta calidad educativa que tienen los centros concertados.

El objetivo es muy simple. Quieren que cualquiera pueda abrir un centro y concertarlo con la Administración y que no haya límites de distritos ni de criterios a la hora de ir a un centro o a otro. De esta forma mantienen que se garantizaría mejor la capacidad de los padres para elegir el centro que consideren mejor para sus hijos. Esta argumentación, que puede parecer implacable, está repleta de silencios. Vamos a identificarlos.

El primer silencio se debe a que lo que quieren es garantizar no el derecho de los padres a elegir centro, sino la capacidad de los centros concertados para elegir alumnos. De esta manera, con un exceso de oferta, supuesta, son ellos los que dirán qué alumnos y qué padres son los más concordes con el ideario del centro y cuáles pueden ser distorsionadores para la marcha de sus centros. Ellos creen que siempre habrá sitio para todos los alumnos descartados por ellos en una especie de cloaca, que es lo que consideran que debería ser la enseñanza pública.

El segundo silencio es también el segundo paso en la destrucción de la enseñanza pública. Una vez que todos los centros públicos son cloacas, a los padres no le quedaría más remedio (a esto llaman libertad), que enviar a sus hijos a los centros concertados. Evidentemente defienden la libertad de erección de centro y su automático concierto, pero en un sentido absoluto, de forma que no haya posibilidad alguna para distribuir los nuevos centros entre las zonas más favorecidas y menos favorecidas. ¿Y qué se hace en las zonas menos favorecidas? Pues las cloacas de la enseñanza pública.

El tercer silencio trata de la calidad de sus centros. Ellos si fijan solamente en el dato de las notas de la selectividad, pero habría que tener otros parámetros en cuenta son el número de alumnos que no llegan a la selectividad desde que comenzaron la ESO o el número de alumnos de segundo de Bachillerato que no “son presentados” en la convocatoria de junio (que es la única que tienen en cuenta). Si un alumno es problemático se le mandará a la cloaca de la pública, que ésa es su costumbre.

En definitiva, la defensa de la libertad de los padres para elegir centro docente solamente es una argucia para acabar con esa misma libertad, creando un marco educativo tal en el que a los padres solamente les quepa mandar a sus hijos a los centros concertados, queriendo destruir a la enseñanza pública como red docente de calidad para que a los padres sólo puedan optar entre colegios de una congregación y colegios de otra congregación.

La inquietante vuelta de Rodrigo Rato

La renuncia de Rodrigo Rato a su puesto en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial está causando un terremoto político en nuestro país. Un terremoto producido más por la incertidumbre que esta renuncia produce que por lo que sabemos que puede significar. La causa pública de esta renuncia son los motivos personales, cosa que en el mundo de la política equivale a que hay un motivo que no se puede decir.

El motivo que se me ocurre, descartados los “motivos personales”, es que la situación en este organismo financiero internacional debe ser absolutamente caótica y que a Rodrigo Rato le debe apetecer bien poco permanecer allí, en plena lucha de poder político entre personas y bloques de Estados, y con acusaciones constantes de nepotismo contra algunos directivos (entre los que Rato no se encuentra). Salir de esa situación es por sí misma una buena causa y es de esas causas que se encumbren bajo los motivos personales.

Excepto que haya un motivo realmente personal en la renuncia, sabemos que mucho en el Partido Popular se han empezado a sentirse nerviosos, porque Rodrigo Rato es uno de los representantes del Partido Popular que tiene una mayor valoración entre los ciudadanos, que puede poner en cuestión el supuesto liderazgo de Mariano Rajoy entre las filas populares.

La principal ventaja de Rato sobre Rajoy es que, junto a su aceptación, no ha se ha visto manchado estos años por el lanzamiento de inmundicias políticas que los miembros de su partido han arrojado contra los socialistas y que están erosionando la credibilidad de los populares.

Con su partido escorado cada más a posiciones derechistas radicales, Rato es visto por muchos como el posible recuperador del centrismo que hizo posible las victorias electorales de 1996 y 2000 y cuya pérdida costó el gobierno al PP en 2004. Buena parte de los populares ven en Rato un recambio a Rajoy si se cumple la previsible derrota en las elecciones generales del próximo año.

En 2008 el Partido Popular necesitará quitarse lastre y malos acompañantes, para poderse presentar como alternativa a un Zapatero y a un PSOE reforzadísimos después de una primera legislatura llena de conmociones políticas. Un reelecto Zapatero no puede recibir la misma oposición que va a fracasar en las urnas, porque en España las victorias electorales se encuentran en el centro político y en la moderación.

El PSOE de Andalucía y las ciudades

El PSOE de Andalucía, como indicaba el artículo publicado ayer en la edición andaluza de “El País”, tiene un serio problema con el voto urbano. No quiere decir que su voto urbano no existe y que no sea consistente, pero en las elecciones municipales está situado como segunda fuerza política en las capitales de provincia y tendrá dos alcaldías capitalinas gracias a acuerdos con Izquierda Unida.

La interpretación que hace A. R. Almodóvar me parece correcta, aunque incompleta, porque le falta cierta crítica de la gestión de la Junta de Andalucía. Después de más de veinticinco años de autonomía, todos ellos con gobiernos socialistas (sólo durante cuatro años hubo consejeros andalucistas), la Junta ha centrado sus inversiones en las zonas rurales, que Andalucía son poblaciones grandes para otras regiones, las cuales a principios de los ochenta, estaban totalmente desasistidas en todo tipo de equipamiento.

La situación ha cambiado y ahora son las ciudades las que se encuentran desasistidas por el gobierno autonómico. Con pocas excepciones, la Junta se ha limitado a remozar lo que ya existía, por lo que los ciudadanos de los cascos urbanos han visto que la acción de la Junta no iba con ellos, y de esta forma se han centrado en opciones políticas que atendieran más sus intereses.

La percepción de la acción de un gobierno no puede depender de que los ciudadanos salgan a sus respectivas provincias a ver todo lo que se ha hecho, sino que se necesita que esa acción política sea cercana a todos los ciudadanos. El segundo aspecto es el de la comunicación, pues no deja de ser patético que la construcción de infraestructuras universitarias haya sido capitalizada por los alcaldes populares, cuando sus consistorios no han puesto un solo euro en las nuevas universidades, que son muy costosas y poco rentable políticamente.

La Junta de Andalucía debe invertir masivamente en las ciudades y no sólo en algunos barrios, haciendo presente su acción de gobierno y, sobre todo, dejando claro quién invierte y quién no invierte. Sólo así el PSOE de Andalucía podrá recuperar buena parte del voto urbano que se le fue a principios de la década de los noventa.